Abajo el infarto

La ironía, el sarcasmo y el sentido común están de luto.

Hablemos de Javier Krahe en presente. Krahe está –y estará, con permiso de la Meri- siempre en mi casa, todas las tardes suenan canciones suyas en mi sala de estar, está tan vivo como siempre. ¿Lo del infarto? Un burdo rumor.

La primera vez que lo saludé fue en el musical de Sabina. Hombre normal, gesto tranquilo, mirada seria. Tan seria que imponía respeto. Mientras todos pasaban por el photocall, Krahe entró por detrás de los fotógrafos, sin armar escándalo, como tú, como yo. Lo vi y me interesé por él, no por las estrellitas que ponían su mejor perfil para la foto. Tenía cara de no saber qué hacía allí. Cara de no pintar nada entre los cantantes, artistas y exfutbolistas que se dividen entre el escenario y la televisión. Le quise saludar porque años antes, después de seis horas esperándole en la puerta de un garito de Valencia, lo vi tan serio que me dio “noséqué” pedirle una foto. Un tiempo más tarde, lo vi fumando antes de un concierto y le pedí fuego –yo llevaba- y la foto que, seguramente, guardo con más cariño.








Javier Krahe es un maestro, un genio, sobrepasa la perfección con su tranquilidad pasmosa. Escribe la mejor poesía en castellano que se puede leer. Debería estudiarse en las clases de literatura, en colegios y universidades. Sus versos hilan tan fino que es imposible leerlos sin echarse las manos a la cabeza,maravillarse con el ingenio y la inteligencia, con la rima perfecta, con el savoir faire del alumnomás aventajado de Brassens. Ahora Krahe es maestro, el mejor. Y lo peor de todo es que se va sin dejar alumnos, ni siquiera escuela.

Borda, además, el –buen- concepto de vivir. No tiene menos vacaciones que un niño de escuela. Disfruta de su trabajo, sin ataduras, sin madrugar, sin horarios ni jefes. Tiene público, su público. Suficiente para llenar locales una semana seguida. Suficiente para llenar cada ciudad a la que va. Suficiente para vivir bien, para no cobrar más de 15€ la entrada. Sin bajarse los pantalones en una discográfica ni chuparle la polla al rancio mercado que nos manipula. Con principios, coherencia y valentía ha aguantado el cañón del PSOE apuntando su sien por no fumar una pipa de la paz, ha visto como la clerical derecha le acusara de estar fuera de la ley por darnos una magistral clase de alta cocina.

A penas sin esbozar una sonrisa hace que nos descojonemos en cada concierto, que estemos embobados escuchándolo con atención. Estoy orgulloso de que amigos hayan descubierto a Krahe de mi mano. Me da pena que no lo hayan podido disfrutar en un concierto, me da pena no haber ido a más concierto, pero más pena me da la gente que ni siquiera sabe quien es.

Yo no quise ser una rockstar ni actor ni futbolista ni astronauta ni bombero, siempre quise ser  algo parecido a Krahe, trabajar lo menos posible para vivir lo mejor posible, sacándole tajada al ingenio y a la buena letra. Mi inutilidad musical y mi falta de talento literario me ayudó a ser oficinista ypoeta fracasado,que lo ama y lo admira, que sueña con que, algún día, el mejor de sus versos roce el peor de los suyos.

Krahe es un lujo que, sin duda, España no merece. España merece lo que tiene, canciones vacías, coreografías vomitivas y unas voces de plástico.

La música se queda coja, la poesía huérfana, la ironía viuda, el género muerto.

Borja Angosto Rubio
Abajo el infarto
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