Con la guerra a cuestas

No a la guerra
Parece que nadie se pone de acuerdo sobre si estamos o no estamos en guerra. Da la impresión de que calificar la situación es más importante que admitirla tal y como es. Francia y el Estado Islámico lo tienen claro, el resto del mundo parece que no. Hasta hay, y son muchos, quienes niegan rotundamente que España participase en la ilegal guerra de Irak, origen del actual problema, y califican nuestra intervención en la masacre como una misión de paz, de reconstrucción de lo que se había destruido con unos cuantos miles de bombas mientras Aznar se partía de risa en las Azores y los balcones de media España se llenaban de pancartas con ese "NO A LA GUERRA" que de tan poco sirvió.

Nuestros lideres califican la situación como de lucha contra el terrorismo internacional, olvidando que infravalorar al enemigo suele ser garantía de derrota. Por otro lado si efectivamente es lucha anti-terrorista no hay que hacer mucho esfuerzo para calificar las intervenciones militares como una especie de GAL a lo grande.





Nos dicen nuestros militares y mandos policiales que España está preparada para defendernos a todos, que su lucha es silenciosa y que la misma se centra en la prevención de los posibles atentados, y lo dicen los mismos que no tenían ni idea de que unos cuantos trenes iban a volar por los aires, que siguen sin saber a ciencia cierta quien organizó los atentados y que se enteraron por la tele de que el "Pequeño Nicolas" se coló en una recepción real. Lo dicen los mismos que aún no saben el motivo por el cual un helicóptero del SAR se precipitó al Atlántico y hasta el ministro de Defensa admitió la posibilidad de un secuestro, solo le faltó calificar la zona del desastre como un nuevo Triangulo de las Bermudas. Aunque parezca mentira se llegó a afirmar que la tripulación había sido rescatada con vida. Al final el helicóptero fue hallado en el fondo del mar, los cadáveres de la tripulación también. Algún día sabremos que fue lo que pasó, o no.

Mientras que el ministro Margallo anuncia que las tropas españolas van a relevar a las francesas en Mali, basta que se produzca un atentado en Bamako para que la vicepresidenta desmienta tal posibilidad. Lo cierto es que Francia está esperando a que el gobierno español acepte el relevo. Relevo que de producirse será calificado por Rajoy como una misión de paz o algún eufemismo por el estilo.

Todos, hipocritamente, admiten que solo la guerra no es la solución pero la califican como imprescindible (¿?). El gobierno español demoniza a la izquierda española por estar en desacuerdo con una intervención armada en la zona, culpa a no se sabe bien quien del problema y calla sobre la facturación y los clientes de la Empresa Nacional Santa Barbará de Industrias Militares, un conglomerado de empresas de armamento franquistas, hoy en manos de la estadounidense General Dynamics.

En vísperas de elecciones generales Zapatero tuvo que congelar las pensiones y las nóminas de los funcionarios. Tuvo que modificar a Constitución en donde más le duele al pueblo. Todo lo hizo por mandato europeo y hacerlo le costó perder las elecciones. Ahora Rajoy debe obedecer a sus jefes europeos, tratará de dilatar el asunto hasta que se hayan celebrado las elecciones de diciembre, pero si le obligan a hacerlo antes ya puede irse despidiendo de la Moncloa, habrá metido a España en una guerra, así sin más. Lo que nos faltaba.

Benito Sacaluga.
Con la guerra a cuestas
  • Comenta con Blogger
  • Comenta con Facebook
Top