La espada del samurái y la nación de la izquierda

La espada del samurái y la nación de la izquierda
La posibilidad de reivindicar un nacionalismo español de izquierdas, o en otras palabras, el poder gritar sin el menor atisbo de vergüenzaun fuerte “Viva España” desde la izquierda, ha constituido un tabú para los sectores progresistas de nuestro país desde hace más de medio siglo. Ello se ha debido por un lado a que la derecha ha hegemonizado todos los símbolos nacionales (himno, bandera, jefatura del Estado, significado de la idea de España) desde el final de la guerra civil española, pero por otro (y ahí es donde tenemos una gran responsabilidad nosotros mismos) a la cobardía de la izquierda al situarse en un cómodo postmodernismo inocuo, apátrida e internacionalista. Por supuesto que el internacionalismo en sí es una idea muy noble y hermosa, pero en términos individuales y culturales, en lo que respecta por ejemplo a la defensa del cosmpolitismo y del humanismo. Sin embargo, cuando nos adentramos en el terreno del juego político, a la hora de articular mayorías populares se necesita siempre reivindicar una patria o nación, ya que hoy por hoy (y no parece que vaya a cambiar la cosa a corto y medio plazo) la soberanía popular reside lo queramos o no en los Estados-Nación. Por ello, desde la izquierda debemos ser audaces, actuar con valentía e intentar volver a recuperar ese poderoso concepto que la derecha nos ha arrebatado: nuestra patria.






En la primera parte de mi libro “Cómo gritar Viva España desde la izquierda” empleo la metáfora de Marte y Venus para explicar las dos facetas del poder (la violencia y la seducción), y podríamos decir siguiendo esta imagen mitológica, que si bien la derecha tiene la culpa de la desnacionalización de la izquierda en lo que respecta a Marte, puesto que nos ganó una guerra civil y nos impuso su orden político por la fuerza de las armas, la propia izquierda tiene la culpa en cambio con respecto a Venus, ya que lleva décadas renunciando a participar en la batalla ideológica que disputa la idea de nación. Además, debemos recordar que fue precisamente la izquierda la que inventó el concepto moderno de nación con los jacobinos, y ya más recientemente, podríamos mencionar a la revolución cubana, a los movimientos de liberación nacional o al socialismo latinoamericano del siglo XXI, todos ellos basados en fuertes nacionalismos patrióticos también.

Igualmente, en esa primera parte del libro utilizo otra metáfora complementaria a la de Marte y Venus, que es la de la espada del samurái, una imagen que viene muy bien para ejemplificar la situación que vive la izquierda española con respecto a la nación. En el Japón feudal, se consideraba que la espada de un samurái era equivalente a su propia alma, y de hecho este axioma supone una de las bases principales del ”Bushido” o camino del guerrero, ya que sin su espada, el samurái perdía toda su energía espiritual y el mismo sentido de su existencia. Pues bien, podríamos decir que la izquierda española sin nación es como el samurái sin espada. Una izquierda que ha perdido su arma más poderosa para articular mayorías populares, un arma dialéctica que le podría permitir enfrentarse discursivamente a la derecha en la batalla política y electoral por el poder. La prueba de ello es que sociológicamente la mayoría de la población española siempre suele pensar que la derecha está más capacitada para gestionar las amenazas a la seguridad y a la identidad nacional. Y esto es el colmo de los colmos, ya que la derecha ha sido precisamente la más antipatriota de la historia de España, porque la han vendido literalmente a cachos desde los tiempos de Felipe V, por no hablar de las constantes cesiones de soberanía más recientes como las de Franco y Aznar hacia Estados Unidos, o Rajoy hacia Alemania y la Troika. Además, la reivindicación de un nacionalismo español de izquierdas no solamente es posible sino que también es necesario, ya que no puede haber nunca justicia social sin soberanía nacional, puesto que hoy en día el Estado es el único refugio de las capas populares frente a la globalización neoliberal, la cual arrasa tanto los derechos sociales como incluso la democracia en si misma.

Peropara recuperar esa espada del samurái, para “rearmarnos” discursivamente, debemos necesariamente construir un relato nacional de izquierdas, una visión completa de la historia de España desde los tiempos de Viriato hasta la actualidad que pueda ser explicada en clave patriótica de izquierdas. Por ello, en la parte central del mencionado libro, realizo una lectura de la historia de España (siempre obviamente con rigurosidad y basándome en la bibliografía de prestigiosos historiadores)en clave progresista, laica y republicana, tratando de resignificar personajes de nuestra historia que podamos convertir en mitos y héroes patrióticos de izquierdas. En otras palabras: utilizar la historia como arma dialéctica de comunicación política. Ahora los anglosajones llaman a esta estrategia del relato “storytelling”, pero lo cierto es que se trata de un arte milenario que llevamos utilizando desde los tiempos de las hogueras tribales para conmover, cautivar y persuadir. Así, a través de este relato fascinante que es la historia de nuestro país, descubrimospor ejemplo que el primer republicano europeo del medievo llamado Ibn Yahwar fue un hispano-árabe, que un almirante vasco cojo, manco y tuerto llamado Blas de Lezo salvó a la América hispánica del imperialismo depredador británico y que un general republicano valenciano llamado Vicente Rojo defendió Madrid contra todo pronóstico frente a alemanes, italianos y franquistas, convirtiendo a la ciudad en el símbolo de la resistencia antifascista a lo largo y ancho de todo el mundo, hasta el punto de que llegó a haber un batallón en China con el nombre de la capital de España durante la II Guerra Mundial.

Finalmente, una vez “recuperada la espada del samurái”, llega la hora de descubrir dónde utilizarla. Y la respuesta es en todas aquellas áreas ideológicas en donde la derecha siempre sale vencedora, lo que muchas veces en la izquierda erróneamente nos empeñamos en llamar “cortinas de humo” para así no otorgarlas la importancia que merecen. Por ejemplo, la controversia de Gibraltar, la soberanía nacional, la cuestión territorial, las victorias deportivas o la propia simbología patriótica. Todas estas cuestiones las agrupo en la última parte del libro en seis bloques que yo llamo “fortalezas”, ya que, siguiendo con la metáfora militar, considero que la izquierda una vez rearmada nacionalmente debe asaltar las fortalezas donde la derecha siempre tiende a considerarse segura y a salvo. Esto, traducido a la batalla discursiva del día a día, debe consistir en un esfuerzo dialéctico por parte de la izquierda para huir de ese cómodo postmodernismo desnacionalizado, pasando al ataque cuando surgen estas cuestiones en el debate político, y en lugar de contentarse con criticar a la derecha por usar esas supuestas cortinas de humo, entrar a la batalla con vehemencia, mostrar las contradicciones de la derecha con respecto al nacionalismo, sacar a la luz su verdadera genética antipatriota, y seguidamente mostrar nuestras propias alternativas para construir un país cohesionado donde imperen la libertad, la igualdad y la justicia.

Y justamente en el interior de una de esas fortalezas, la simbología patriótica, quisiera detenerme unos instantes para realizar algunas consideraciones acerca de la fiesta nacional del 12 de octubre, en donde creo que la izquierda ha cometido de nuevo un gravísimo error al condenar y negarse a celebrar dicha efeméride, regalándole así a la derecha toda su potentísima carga simbólica. Y es que no debemos olvidar que desde que el puente de Beringia quedó sumergido tras el aumento del nivel del mar en el paleolítico, dos mitades del mundo fueron aisladas la una de la otra. Durante miles de años permanecieron así. completamente incomunicadas y sin posibilidad de reencontrarse, hasta que un 12 de octubre de 1492 unos intrépidos marineros, exploradores y aventureros se lanzaron a una épica travesía en la que lograron volver a unir ambos mundos, iniciando así el proceso de mundialización y creando el germen de una floreciente y bella cultura mestiza que hoy conocemos como hispanidad. Por desgracia, una gran parte de la izquierda española, como la que representan Íñigo Errejón o Ada Colau, sigue negándose a aceptar su propia historia, condenándose a la marginalidad con un discurso indigenista totalmente desconectado de nuestra identidad nacional y tratando erróneamente de juzgar actos del pasado bajo el prisma moral del presente. Yo soy republicano, laico y de izquierdas, pero igualmente, también me considero español y no reniego del heroico episodio histórico que supuso el descubrimiento de América, y por ello, cada 12 de octubre celebro la fiesta de la hispanidad con mucho orgullo. No hay contradicción alguna en ello, simplemente debemos derribar un tabú que a la izquierda nos ha hecho mucho daño durante los últimos tiempos. Eso sí, espero que en un futuro no muy lejano dicha fiesta se celebre bajo los colores de la bandera tricolor republicana, que el desfile militar sea dirigido por un jefe del Estado elegido por todos los ciudadanos y que desaparezcan los símbolos religiosos del mismo.

En resumen, la izquierda española debe recuperar la idea de nación, pero siempre siendo republicana, laica, intervencionista, federalista, generosa hacia la inminente independencia de Cataluña, y por el contrario, absolutamente inflexible respecto al colonialismo británico de Gibraltar y al imperialismo neoliberal estadounidense. Con respecto a la simbología nacional, creo que la clave debe de ser reivindicar la bandera tricolor republicana como bandera nacional de España (y no únicamente como bandera asociada a la insubordinación y a la rebeldía como hemos hecho durante las últimas décadas), desenpolvándola así del cajón de la marginalidad y permitiendo que pueda convertirse en un símbolo aglutinante de grandes mayorías sociales. Por último, habría que rehabilitar el patriótico himno de Riego que ya fue oficial durante la II República, aunque en una versión remasterizada y adaptada musicalmente a los nuevos tiempos. En resumen, debemos recuperar nuestra espada de samurái aprendiendo a gritar Viva España desde la izquierda, ya que solo así lograremos conquistar la hegemonía política y hacer realidad el poder del pueblo, para el pueblo y por el pueblo.

Miguel Candelas, politólogo.

Twitter: @MikiCandelas


* Este artículo contiene las ideas principales del libro “Cómo gritar Viva España desde la izquierda: una estrategia para el combate político”, publicado por el autor en la editorial Bubok.
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