NEGRÍN: SIN MIEDO A LA HISTORIA

Juan Negrín
Juan Negrín (1892-1956)
Por D. Ángel Viñas

En cualquier mes de noviembre coinciden aniversarios de la desaparición de hombres que han dejado una huella profunda en la historia contemporánea de España. De signo diverso. Basta con recordar no solo a Franco sino también a Primo de Rivera, Durruti, Azaña y… Negrín. Entre ellos este último se lleva indudablemente la palma en cuanto a animadversión permanente. Los dos primeros han sido exaltados, y continúan siéndolo, hasta el delirio. Durruti tiene sus leales que suelen olvidar la parca contribución positiva de los anarquistas a una resistencia republicana efectiva. Azaña se ha puesto en cabeza gracias a la incansable actuación del profesor Santos Juliá. Hubo una época en la que hasta el presidente Aznar se declaró, poco menos, que azañista. Negrín sigue a la cola. Muchos escriben la historia con propósitos presentistas.

Negrín es, en efecto, para muchos un nombre incómodo. Los historiadores pro-republicanos no pueden reprocharle que no resistiera hasta el fin. Sin embargo, con frecuencia dan vuelta a los hechos. Supuesto prisionero de los comunistas, habría servido a los intereses de la Unión Soviética que exigían que continuase la resistencia. (La racionalidad de este presunto objetivo nunca ha sido demostrada). Muchos socialistas, antiguos compañeros suyos, fueron incluso más radicales. Había que salvar a Besteiro y sobre todo a Prieto, convertido desde 1938 en antinegrinista feroz y, merced al golpe de mano sobre el cargamento del Vita, contrapolo al Gobierno en el exilio. (La narrativa del antinegrinismo socialista está aun por escribir).




Los historiadores franquistas (que nunca ahorraron epítetos horrendos contra Azaña) los redoblaron siempre en el caso de Negrín. ¿Por qué? En mi opinión porque vieron en Negrín el alma de la resistencia republicana.

A ello se añadieron cuatro hechos: a) Negrín nunca escribió sus memorias (excepto unos minúsculos apuntes que solo han salido a la luz hace pocos años) en tanto que Azaña dejó sus diarios y sus reflexiones. b) Los reflejos anticomunistas de Franco y su dictadura coincidieron con los de buena parte de los historiadores extranjeros que escribieron sobre la guerra civil en tiempos de la guerra fría, c) los archivos de Negrín y los archivos soviéticos sobre esta última tardaron mucho tiempo en ser accesibles a los investigadores y d) alguno de los hombres de confianza de Negrín incluso le traicionó después de su fallecimiento.

Sólo a partir de comienzos del presente siglo pudo empezar a reconstruirse el puzle que representan Negrín y su política. Tuvo defensores desde el primer momento pero quedaron anegados por las cascadas de vituperios que sus detractores siguieron arrojándole. Entre ellos, no hay que olvidar, figuraron prácticamente todas las tendencias del antiguo Frente Popular y sus apoyos anarquistas. ¿Quién tuvo la culpa de que se perdiera la guerra? Negrín y los comunistas. Los cuales, a su vez, en la posguerra también se distanciaron de él.

Correspondió a una nueva generación la responsabilidad de poner las cosas en su sitio, tras las bientencionadas aportaciones de Tuñón de Lara, pero escasamente documentadas. Quien esto escribe empezó con la reconstrucción de la operación del famoso “oro de Moscú” incluso antes de que falleciera Franco, pero no la di a conocer hasta 1976. El primer Gobierno Suárez la secuestró inmediatamente. Siguieron otros autores con perspectivas más amplias. Ricardo Miralles reconstruyó su acción en la guerra civil. La primera biografía completa la escribió Enrique Moradiellos. El enfoque lo completó, con una percepción mas bien de índole sicológica, Gabriel Jackson. En el extranjero Paul Preston y Helen Graham lo rescataron del oprobio para los lectores de lengua inglesa.

Gracias a la amabilidad de Carmen Negrín varios historiadores tuvimos acceso a sus papeles. Es verosímil que una vez que se termine la catalogación en la Fundación Juan Negrín de Las Palmas salgan a la luz nuevas facetas y quizá incluso haya que reescribir parte de lo ya asentado historiográficamente.

No me cansaré de repetir que el progreso en Historia es función de varios vectores pero entre ellos el descubrimiento de nueva evidencia primaria relevante de época (EPRE) tiene una importancia fundamental.

Daré unos ejemplos: en su calidad de ministro de Defensa Nacional y sucesor de Prieto (algo que este no le perdonó) Negrín reunió un gran volumen de información sobre el Ejército Popular de la República y la batalla del Ebro. Hasta ahora los historiadores hemos tendido a concentrarnos en los fondos del general Vicente Rojo, depositados en el Archivo Histórico Nacional en Madrid.

También, en su calidad de presidente del Consejo, Negrín recibía numerosos telegramas procedentes de las embajadas. Muchos de ellos se conservan sin descifrar. Se le informaría, supongo, oralmente de los temas importantes. Sin embargo los telegramas es posible que se refieran a aspectos de la gestión política exterior que podrían ser de gran interés para los historiadores.

Negrín atesoró igualmente muestras de la propaganda encubierta republicana que se transmitía a las filas enemigas por medio de canales más o menos variopintos. No son frecuentes tales ejemplos en bruto, pero que yo sepa todavía no se han analizado.

Tampoco cabe olvidar que no todos los documentos soviéticos relacionados con la guerra civil se han abierto al público. En mis estancias en Moscú hace ya varios años me encontré numerosas referencias a legajos que todavía no eran accesibles y en algún archivo se me autorizó la entrada excluyendo determinadas áreas temáticas.

Es decir: en el futuro habrá posiblemente nueva EPRE relacionada con la gestión política inspirada por Negrín.

Sabemos más cosas. El tráfico documental entre la embajada en Moscú y el Ministerio de Estado ya no existe. Al final de la guerra civil el encargado de Negocios, Vicente Polo, el funcionario que mayor tiempo pasó en la capital soviética (incluso más que el embajador Marcelino Pascua), recibió instrucciones de Barcelona. Debía destruir toda la documentación antes de traspasar el edificio a las autoridades. Vicente Polo, funcionario pundonoroso, cumplió sus órdenes a la letra y se pasó varios días quemando papeles. Si lo afirmo rotundamente es que porque Vicente Polo y servidor fuimos amigos y compañeros de Cuerpo. Ya ha fallecido. Fue readmitido en el tardofranquismo y terminó su carrera como consejero comercial de la embajada de España en Bruselas. Por cierto, en el Ministerio de Estado (Archivo de Barcelona) apenas si quedan rastros de aquel tráfico. Se ignora quiénes lo destruyeron. Pudieron ser los republicanos o los franquistas.

Hay, pues, parcelas de la actividad de Negrín que se han perdido para siempre. COMO EN EL CASO DE FRANCO. Pero esto es otra historia.

Frente a los errores de Azaña en términos de gestión Negrín no cometió ninguno realmente irreparable. La traición de Casado, Besteiro y Mera hundió todas las esperanzas de salvar a los cuadros republicanos utilizando la Flota. Muchos socialistas y anarquistas no terminan de hacerse a la idea a pesar de que sus correligionarios pagaron un alto precio como consecuencia de dicha traición. La memoria es, con frecuencia, selectiva.

Compárese, en cualquier caso, la accesibilidad sin restricciones de los papeles de Negrín y la de los de Franco (que no son los que custodia la FNFF) sino los que conserva la familia. Cerrados a cal y canto. ¿A quién le asusta la Historia?

No a Carmen Negrín ni a su abuelo. Ya dijo uno de los periodistas norteamericanos que conoció bien al expresidente: Negrín no tiene que tener miedo de la Historia. Quienes quizá si lo tienen son los vencedores y sus descendientes. De otra forma no se explica su comportamiento.

Ángel Viñas Martín, historiador y economista. 

Su nuevo libro, 'La otra cara del caudillo' (Crítica 2015), expone la rapiña económica del dictador y su fascinación por el Tercer Reich.




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