Rajoy y el caos. Un epitafio político de despedida

Rajoy y el caos.
Rajoy y el caos. Un epitafio político de despedida: el bipartidismo ha muerto, ¡viva Rajoy!

¡Viva la cultura de la miseria! no deja de proclamar Rajoy para legitimar sus políticas económicas, sociales y religiosas. Si no estuviera convencido de que la mejor política es privatizar el bienestar social, desmantelando la enseñanza pública, la sanidad pública y todo lo que sea público, no estaría tan orgulloso, satisfecho y vergonzosamente autocomplacido con las consecuencias de esta política que, eufóricamente, como si no hubiera ninguna otra vía de salvación, reivindica en nombre de la oligarquía financiera, del neoimperialismo alemán de Merkel y de la Santa Madre Iglesia. Porque a todos estos ha decidió complacer condenando a la miseria, económica, moral y religiosa, a cuantos millones de españoles sea necesario. Y así todos habrán tenido el mérito de, siendo pobres, alcanzar la vida eterna.






Si no fuera porque el miedo a la libertad, como dijeron Hobbes y Fromm, engendra, en muchos ciudadanos la elección de la sumisión al poder, a Rajoy ya lo habrían condenado, como hacían los griegos, al ostracismo. Condenado al olvido, si no al infierno dantesco al que él ha condenado a tres millones de niños que sólo comen cuando la caridad les da algo, a tres millones de parados, que se encuentran en una especie de limbo del que nunca serán capaces de salir, a un millón de pequeños y medianos empresarios, que tienen familia, a vivir bajo el peso de una hipoteca o en la miseria absoluta, a miles de jóvenes, con menos esperanza que quien llega a ese infierno dantesco, a miles de ancianos, enfermos, jubilados, a todos los asalariados, millones, que han perdido un 25% de su poder adquisitivo y un 40% del valor de sus propiedades, como es la vivienda…

Por qué sonríe Rajoy sobre las ruinas de su propio apocalipsis y grita, pidiendo el voto, para que le dejen rematar su política prometiendo, como ya hizo antes, hacer todo aquello que está dispuesto a deshacer así que pueda. Necesita seguir gobernando, proclama en nombre de sus víctimas, para rematarlas. Necesita tiempo, dice con una sonrisa de oreja a oreja. Aún quedan trabajadores y clases medias que no han probado el amargo sabor de su exitosa política.

Los nuevos jinetes del Apocalipsis, adorando el viejo ídolo de la divina Codicia capitalista, se han adueñado de España: el Copago, el Paro, la Privatización y la Doctrina cristiana. En su nombre y bajo la ira de sus espadas los bancos son cada día más ricos, las libertades son cada día sustituidas por las inquisitoriales encíclicas papales, la propiedad privada asola los verdes espacios que fueron públicos, desertizándolos, los obreros son condenados a un submundo del que no podrán salir, los jóvenes, envejecidos para acelerar su final, como única alternativa a su irritante juventud…

Gracias a Rajoy, y al silencio de los medios y políticos que lo rodean, España ha sido colocada en la primera línea de batalla contra el caos internacional, el yihadismo, que se encuentra, arrasador, a pocos kilómetros de sus fronteras. Como sede de misiles norteamericanos, España y los españoles darán la cara para que América sea grande, segura y rica. Gracias, Rajoy. O la sonrisa es expresión de la ignorancia o es un rictus propio de la idiotez de los corderos.

En pleno Renacimiento, el Aretino escribió este “Epitafio para una Tumba” sobre el papa Adriano VI:

“Yace aquí un papa santo: el papa Adriano sexto. Hombre pasto hoy de la carcoma que equivocado, hizo triunfar en Roma su emperador, un poderoso enano. (Carlos V)

Inútil pretensión. Nada más vano que pensar: mi poder todo lo doma. ¿Papa un hombre que, aparte de otro idioma, ni era ateo, humanista ni mundano? ¿Con virtudes venir do todo es vicio? ¿Cómo engañarse así, de tal manera? ¿Quién pudo imaginar tal estropicio?

Mi plegaria por él sea sincera. Nadie la juzgue como un maleficio. Una oración se dice por cualquiera.”

Y en “Vanitas vanitatum” añadió el Aretino:

“Médicos, allegados, cardenales, fue cuanto vio como en sueño vano, ya sin dolores y libre de sus males, al morir el buen papa. El papa Adriano.

Y fue el momento de los funerales. De lo divino al acabar lo humano. De envolverle en plegarias y cendales y de ver un rosario en cada mano.

¡En las manos tan lejos de las mentes hundidas ya en el cónclave futuro sin excepción de los allí presentes!

Junto a un cuerpo aún no frío de aquel hombre, treinta pensaban sólo, esto es seguro, llegar a papas y cambiar de nombre.”

En fin, si Rajoy ha reducido España a escombros y ha enriquecido a los que ya eran ricos y a los políticos, ha tenido, aún el mérito, de dejar, en su testamento, como herencia, el tripartito. El bipartidismo ha muerto, ¡viva Rajoy!

Javier Fisac Seco
Rajoy y el caos. Un epitafio político de despedida
  • Comenta con Blogger
  • Comenta con Facebook
Top