Corcuera y Ortega, con perdón.

José Luis Corcuera
José Luis Corcuera en 1976, una vez que el dictador criaba malvas en el Valle de los Caídos, dejó su puesto de trabajo para integrarse activamente en la UGT, pasó posteriormente, en 1988, a ser Secretario de Política Institucional del PSOE, puesto que cambió en ese mismo año por el de ministro de Interior sucediendo a José Barrionuevo tras ser este último condenado por la Sala Segunda del Tribunal Supremo a diez años de prisión y doce de inhabilitación absoluta por el secuestro del ciudadano hispano-francés Segundo Marey, reivindicado por la organización terrorista GAL, y por el delito de malversación de caudales públicos, finalmente indultado solo pasó tres meses en prisión. 





La etapa de Corcuera al frente del Ministerio de Interior acabó en 1993 a consecuencia de su controvertida Ley de Seguridad Ciudadana, más conocida como "Ley de la patada en la puerta", una ley represora de las libertades cuyo artículo 21 declaró nulo el Tribunal Constitucional. Una ley a la que, estando todavía en proyecto, Julio Anguita calificó como continente de rasgos indicadores de la vuelta a un régimen autoritario. El mismo Corcuera que, siendo ya exministro, intentó acceder al recinto de la sevillana feria de Abril con su flamante coche oficial, chófer y escoltas, y que al serle impedido el paso por la policía municipal le espetó al agente eso tan español de " Tu no sabes con quién estás hablando muñeco" 

Desde 1993 no se le conoce al Sr.Corcuera ninguna actividad profesional, tampoco iniciativas de relevancia en el PSOE. Actualmente está felizmente jubilado recibiendo una pensión inalcanzable para la mayoría de los españoles gracias a su etapa como Diputado en las Cortes Generales por Vizcaya y Burgos y a su puesto de ministro nombrado a dedo por Gonzalez.

Nada, absolutamente nada, motivaría hoy en día escribir una sola línea sobre José Luis Corcuera relacionada con la actualidad política y mucho me temo que sobre ninguna otra cuestión, no obstante sus apariciones en la cadena de la televisión de los obispos (13tV), actual estandarte mediático superviviente del nacionalcatolicismo, y los aplausos efusivos que el otrora sindicalista cosecha de sus contertulios, lo más granado de la extrema derecha española, han devuelto a Corcuera a gozar, lamentablemente, de una efímera y cutre relevancia mediática.

Ver a este individuo despotricar en contra del PSOE, de su directiva, de sus militantes y de sus bases, al mismo tiempo que defiende a ultranza una coalición con el Partido Popular provoca hilaridad y pena al mismo tiempo. No digamos ya de sus continuos insultos a las formaciones políticas emergentes ubicadas en la izquierda española. Todo un espectáculo deprimente adornado por lo que nunca debe ser manifestado por una persona que se atribuye la etiqueta de socialista, además de hacer el caldo gordo a los propósitos de un canal de televisión cuyos únicos intereses son la defensa a ultranza de la Monarquía, de la Iglesia Católica, del Partido Popular y de Vox.

La hilaridad llega a su punto álgido cuando Corcuera se pone a la labor de citar a Ortega y Gasset, personaje con mayúsculas al que dice leer mucho últimamente, aunque no parece que haya entendido la esencia de su pensamiento. Corcuera carece de perspectiva, está anclado en su yo antiguo y sus afanes mediocres, situación que le sitúa en las antípodas de Ortega, extremo este que choca frontalmente con el perspectivismo del ilustre filósofo. Si para Ortega la perspectiva es la forma que el individuo debe adoptar ante la realidad, Corcuera cae crónicamente en la subjetividad afanándose en hacer ley universal su ya caduca realidad. Si Ortega nos enseña que no se debe prescindir de las peculiaridades de cada sujeto, Corcuera no solo desprecia estas peculiaridades, también a los sujetos que las defienden atacándolos ferozmente desde su incomoda verdad absoluta, olvidando, como mantenía Ortega, que la sociedad no es solo una cosa, su cosa Sr. Corcuera, sino una ingente suma de ellas.

La irrelevante actividad política de Corcuera hace mucho tiempo que acabó para siempre, y flaco favor se hace ahora atacando públicamente la pluralidad que hoy disfrutamos, insultando y despreciando a todo aquello que se escapa de su falso, caduco e interesado ideario. Ya que dice leer a Ortega le recuerdo lo expresado por el filósofo en 1914 en sus "Notas de Arte y Filosofía":

"Todos nuestros actos, y un acto es el pensar, van como preguntas o como respuestas referidos siempre a aquella porción del mundo que cada instante existe para nosotros. Nuestra vida es un dialogo, donde es el individuo solo un interlocutor, el otro es el paisaje, lo circunstante."

Con militantes como Corcuera mal tiene el PSOE acabar de conseguir la renovación que tanta falta le hace.

Benito Sacaluga



Corcuera y Ortega, con perdón.
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