En Podemos son unos piojosos

En Podemos son unos piojosos
La derecha mediática e institucional llevaba mucho tiempo intentando encontrar el argumento definitivo que enseñara a los españoles a votar bien y no dar su apoyo a los inefables y antisistemas miembros de Podemos. Y por fin lo han encontrado. Llamar piojo, piojos, o piojosos, en sus diversas acepciones a todos los miembros del partido de Pablo Iglesias. 





Ni siquiera se ha esmerado la columnata carcundera en abrir el diccionario de sinónimos para enriquecer el texto y hacer más soportable lo irrelevante, vacuo y trivial de sus escritos. No sé, se me ocurre que al menos podían haber alternado con el concepto parásito capilar, o cáncano, o carángano, que tiene más musicalidad y es un término que rápidamente te remite a lo conservador y rancio, como la naftalina o la caspa. Ya que estamos en lo capiloso.


La carcunda periodística [dícese de los plumillas faltones pertenecientes a la derecha trasnochada que buscan muchos sinónimos para engolar de manera fastuosa sus insultos creyéndose que así se parecen en algo a Jose Luís Alvite] se ha puesto de acuerdo para apelar a la higiene y la imagen de los miembros de Podemos incapaces, entendemos, de ponerse al nivel cultural de personajes como Íñigo Errejón y rebatir todas las tácticas y estrategias del líder en la sombra podemita. La última en unirse a esta moda de llenar líneas faltando al respeto de los representantes públicos de los votantes de Pablo Iglesias, no por lo que hacen, sino por lo que su pensamiento clasista y reaccionario creen que son, ha sido Rosa Belmonte.

La columnista de ABC decía así: “Celia Villalobos ha mandado los piojos al gallinero. Los diputados de Podemos y sus confluencias (palabro) se sentarán en la parte alta del Congreso. Y la parte alta del Congreso no es como la parte alta de Barcelona, donde Sostres va al gimnasio. Te llevas allí un niño o una cabra y no se ven”.

Belmonte parafraseaba a Villalobos para insultar en boca ajena. Algunos, que leemos la prensa subvencionada, also known as ABC y La Razón, hemos identificado que desde que Miss Candy Crush farfullara las palabras con alta carga de desprecio sobre las rastas en el hemiciclo, los columnistas de estos medios han venido utilizando con asiduidad esta terminología para menospreciar a los diputados que piensan distinto y han sacado más escaños de los que desearían aceptable para su noble patria.

Alfonso Ussía, el paradigma de lo decimonónico, fue el primero que en un artículo de opinión llamado  ‘Piojo’ – autoplagiándose pues ya escribió otro llamado ‘Piojos’ – comenzó a insultar con esa altivez a todo aquel que cojea por la izquierda, en este caso fue al portavoz de la CUP en el ayuntamiento de Barcelona. Pero sirve para hacerlo con cualquiera que discurra diferente, que para algo ganaron la guerra. El clasismo con el que estos faltones e irrespetuosos adornan las páginas de los diarios cada día sólo muestra la poca talla intelectual que guardan bajo su capilosidad libre de parásitos (algo que este humilde periodista no ha podido contrastar para notificar).

Las firmas conservadoras no toleraron bien que el tercer estado, Les Montagnards, llegara al parlamento y ahora su respuesta es el pataleo porque un tipo que viste como el camarero de Casa Manolo le pida al rey que informe de que quiere ser vicepresidente. Más vale que se vayan acostumbrando a que las cosas han cambiado. Y que no olviden todos estos articulistas de buena estirpe, que con su pluma apolillada llevan perpetuando la corrupción y el expolio de lo público, que los piojos prefieren el pelo limpio al sucio y escamado de antaño. Al menos hagan caso a Quevedo, que “piojos cría el cabello más dorado”.

Antonio Maestre | lamarea.com

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  • Date : 29.1.16
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