El Nazismo occidental renacido en Europa Oriental

La crisis ucraniana muestra que el proceso de integración europea de Ucrania no es tan firme ni benevolente como los políticos europeos y sus medios afines dicen. Algo fuera de la atención del público europeo es el hecho de que la integración europea es percibida en la sociedad ucraniana con diferentes significados y objetivos. 

Para la gente común el futuro europeo de Ucrania descansa sobre el hecho de que en los últimos 25 años los ucranianos no se han convertido en más ricos que sus pares polacos, sino que ni siquiera han obtenido la calidad de vida de la vecina Polonia. 

Para la élite política el objetivo puede ser caracterizado como la preservación de su estatus, independiente de las obligaciones para con el votante, propensos a la corrupción, pero imitando a la minoría ilustrada europea. El precio pagado por la fidelidad a los valores europeos recae en el contribuyente europeo y supone esquivar la responsabilidad por la incompetencia y el egoísmo de los Estados miembros de la Unión Europea. 






La sociedad ucraniana se inspira en un sentido en el que Europa anulará todos sus pecados, y en cualquier otro caso, los ricos europeos ayudarán. Claro que el pueblo ucraniano “euro-integrado” tiene fiables amigos y aliados en los países bálticos y Polonia. Pertenecen esos países al grupo con un deseo casi demencial de la inclusión de Ucrania al proceso europeo. Algunos pueden pensar que esta posición es altruista, motivada por el deseo de ayudar a pueblos que como los bálticos y los polacos han sido objeto de la “agresión rusa”, la conquista imperial, la incapacidad de construir su propio Estado y de sentirse los mandatarios de su propio país.


Sin embargo, la realidad es testaruda, y así pues surgen varias situaciones diferentes. Los países bálticos (Lituania, Letonia, Estonia), entraron en la Unión Europea bajo la fórmula del pago avanzado. Tras ganar la independencia nacional, más específicamente, se puede que en esos países la restauración en el término político fue la adopción del liderazgo de la UE casi sin condiciones previas. Ni los indicadores económicos, ni el grado de madurez de las instituciones democráticas reunían las condiciones establecidas en los criterios para obtener la membresía de la Unión Europea. 

Como resultado obtenemos un despoblamiento masivo e inmigración de la mitad de la población (aunque parezcan datos extremos son ciertos, consulten la sección de datos de demografía del BM o la ONU, accesibles a través de Google – Nota del Traductor) a la “antigua Europa”. Manteniendo la economía solamente con subsidios de la UE, y con el bloqueo político de normas y regulaciones de la Unión Europea sobre la relevante política en derechos humanos y protección de las minorías. Así Ucrania ha encontrado aliados de dudosa reputación. Se puede asumir que la élite de los Estados bálticos quiere la misma indulgencia aplicada en Ucrania con el objetivo de que los europeos no descubran violaciones de derechos humanos, persecución contra la disidencia política, un boicot de los estándares europeos en el respeto a las minorías, junto con el hecho de que la sociedad ucraniana está “enferma” debido ideas nacionalistas, radicales e incluso nazis extendidas. 

Todo se vuelve correcto si partimos de la unanimidad de las nuevas autoridades ucraniana y de los círculos de gobernantes de los Estados bálticos en la apreciación de la trágica experiencia de la Segunda Guerra Mundial. Tanto en Ucrania como en los Estados bálticos el colaboracionismo fue próspero. Los políticos no fueron simplemente forzados a la colaboración con los nazis, sino que voluntariamente participaron en el genocidio, en el exterminio de la población judía (y de rusos y de comunistas – Nota del Traductor), la participación en el lado de las fuerzas armadas alemanas en la guerra contra los Aliados. En Estonia y Letonia en 1942-1943, se formaron divisiones de las SS que fueron “distinguidas” por su papel en las atrocidades de los territorios ocupados por los nazis en Rusia y Polonia. A pesar de las aseveraciones salidas de políticos de Riga y Tallin de que sus los colaboradores se enfrentaron a una decisión trágica (aceptaron obligados, pero también encantados como ya hemos visto – Nota del Traductor) y fueron obligados para defender la idea de independencia, a la vez que luchaban en las filas de las SS, esas personas dejaron un reguero de sangre participando activamente en la destrucción del gueto judío. Protegiendo los campos de concentración de Sobibor y Shtugof, sus “acciones” serán siempre recordadas por los pueblos de Bielorrusia, Rusia y Polonia. 

Los líderes de Lituania son famosos por su ataque contra Rusia, en base a su absurda política de apoyo a Ucrania, esto no es ningún accidente. Mientras que en Lituania no se habían establecido unidades similares formadas por batallones de nazis propiamente “lituanos” (La autora se refiere aquí a unidades de SS diferenciadas para lituanos – Nota del Traductor) en sólo tres meses los colaboracionistas declaraban “que habían limpiado el país de gente judía”. Lituania aún no ha efectuado condena alguna de las atrocidades de figuras tan odiosas como A. Impulyavichus. Es más, el sonido de la ocupación rusa en las campañas de compañías de medios de comunicación educativos condujo a la rehabilitación de los colaboradores nazis; crearon un muro de silencio alrededor de los escasos y valientes periodistas y políticos que se arriesgaron a expresar la verdad acerca de la historia reciente de Lituania. 

En Ucrania, en lugar de apoyar los valores europeos hay una evidente revisión de la historia tal como la de los Estados bálticos. Los nacionalistas ucranianos, aquellos que formaron parte del batallón de las SS “Nachtigall” llevaron a cabo la masacre de la intelligentsia polaca de Lviv, abusaron y mataron a gente sólo porque eran judíos o comunistas (para el nacionalismo ucraniano actual judío y comunista son sinónimos, le añaden mucha rusofobia – Nota del Traductor), y luego, continuaron los pogromos con el avance de las tropas alemanas. El gobierno ucraniano está confundiendo deliberadamente al público ucraniano y europeo diciendo que los nacionalistas lucharon contra Alemania y contra Rusia por su independencia, que fueron “obligados a entrar en una alianza con el diablo”. Es una coincidencia increíble con la rehabilitación de los colaboracionistas de los nazis en el báltico. En ambos casos se refieren a la tragedia de los luchadores por la independencia, pero silencia bajo este slogan que cometieron crímenes contra la humanidad, que su lucha contra los nazis se reduce a simples declaraciones.

La destrucción de la población civil de una única etnicidad, como la participación en el lado nazi hasta el fin de la guerra no puede históricamente disputada. Queremos creer que la sociedad neerlandesa, que recuerda los horrores del nazismo y sufrió los “méritos” de sus propios colaboracionistas encontrará un entendimiento adecuado del legado ideológico al que ni Ucrania ni sus aliados bálticos quieren decir adiós.

Alena Ageeva, coordinadora del equipo de acción social “Southeast Star”. 

Traducido por Jesús Adrián Martínez (@FullChus).


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