Un gobierno de concentración nacional. ¿Contra quién?

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias
Sólo las Dictaduras garantizan una cierta estabilidad política y el dominio absoluto de la derecha clerical. Mientras vive el dictador. Sencillamente porque existen clases sociales con interese antagónicos. Las revoluciones arrancan, espontáneamente, cuando el que gobierna no quiere tener en cuenta los intereses de los gobernados. Cuando los gobiernos anteponen los intereses de las oligarquías financieras a los intereses de los ciudadanos. Rajoy se ha dedicado a liquidar lo que quedaba del concepto nacional español poniéndose al servicio servil de esos intereses. La nación española ha sido vendida a las oligarquías financieras y acabará siendo destruida gracias al tratado de libre comercio con Estados Unidos.





El fin de ciclo, el fin de régimen y el fin de formas de gobiernos se anuncian, en toda coyuntura, cuando fuerzas políticas emergentes o periféricas al poder ponen en marcha toda serie de contactos entre ellas buscando una solución para liquidar los viejo e instaurar lo nuevo. Lo viejo es el “totalitarismo neoliberal” y su forma de dominación, el bipartidismo, que tanto defienden los nacionalistas del tardofranquismo: el Partido Popular y su gobierno de cruzados contra las libertades y el derecho a ser felices, miembros del Opus dei, caverna tridentina de la contrarrevolución.

Una síntesis hegeliana entre la Edad Media teológica y el franquismo clerical. Trogloditas. Han vendido la nación al imperialismo económico y militarista y se proclaman nacionalistas contra los independentistas. La esquizofrenia política al Poder. El carlismo se reivindica de nuevo. Como vampiros que renacen desde sus tumbas. Sedientos de sangre.

Lo nuevo ha pasado a ser la protección, conservación y expansión de las políticas de defensa de lo público y de intervención del Estado en defensa de lo público, de la planificación indicativa, desplazando al neoliberalismo y en beneficio del Bienestar social, que es para lo que se eligen gobiernos.

A pesar de que los sicofantes de la derecha clerical han puesto todos sus altavoces a pleno volumen para hipnotizarnos e idiotizarnos pretendiendo hacernos creer que lo que nos conviene es ganar menos, ser más pobres y aceptar la nueva cultura de la miseria; a pesar de que estos mismos medios están creando un clima de fantasía invocando el Apocalipsis, necesario para que la oligarquía financiera haga su agosto y alcance su Apoteosis; a pesar de que no dejan de invocar, como brujos, el miedo al cambio, la historia política española es suficientemente rica en la formación de gobiernos provisionales de concentración para liquidar situaciones política, social y moralmente agotadas.

El siglo XIX es todo él un proceso dialéctico ininterrumpido de formación de gobiernos alternativos como alternativa a los sistemas agotados. Que se resistieron a todo cambio. Su éxtasis lo alcanzaron los gobiernos de la “Gloriosa” hasta la Iª República cantonalista y federal. El siglo XX comienza anunciando que el corrupto sistema bipartidista canovista, insostenible sin corrupción y garantía de corrupción, ya no daba más de sí. Era cuestión de tiempo que no quedara nada de él: ni de conservadores ni de liberales, colaboracionistas. Que el viento borró de la historia política.

En 1917 se formó un Gobierno nacional de concentración, presidido por Maura, una vieja reliquia, que incluía catalanes, Ventosa, Cambó, Rodes, éste de la Esquerra, y que fracasó por miedo de la burguesía a la revolución proletaria. Situación que, hoy día, no tiene paralelo, porque el enemigo de “todos”, o casi todos, no es el proletariado revolucionario, nos viene de fuera, el “totalitarismo neoliberal” y el tratado de libre comercio. Poco después, el sistema absolutamente corrupto de Cánovas, era sustituido por una Dictadura antes de que fuera sustituido por una nueva República. Que no pudo evitar.

En agosto de 1930 se firmaba el Pacto de San Sebastián entre republicanos, socialistas y catalanistas. Fue el fin de la corrupción canovista y primoriverista. La convención republicano/socialista dio el triunfo a las nuevas fuerzas políticas. Lo importante es que se enterraba un sistema sucesivo de dominación agotado. Lo original, hoy, es defender lo público, aquélla que antepone el beneficio de todos los ciudadanos sobre la codicia de unas minorías, contra la dominación del “totalitarismo neoliberal”.

El PSOE, Sánchez, sigue teniendo la clave para superar el sistema agotado del tardofranquismo clerical, llamado transición. El compromiso de los socialistas con este modelo agotado es incuestionable. Su vieja guardia, enriquecida y envilecida por su propia colaboración con el sistema, levanta barricadas contra la renovación socialista. Está dispuesta a liquidar el PSOE en defensa de sus privilegios personales. Porque el socialismo, aliado con el tardofranquismo para imponer políticas totalitarias neoliberales, estaría cavando su propia fosa. Se inmolaría en beneficio de intereses capitalistas. A Sánchez no le queda más remedio, porque no tiene otra salida, que dar un giro de vals y buscar, a su izquierda, las alianzas necesarias para salir de esta agotada situación. Y salir políticamente vivo.

Javier Fisac Seco

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