Fallece Delmer Berg, el último brigadista del Batallón Lincoln

El estadounidense Delmer Berg, último superviviente de la Brigada Lincoln que combatió en la Guerra Civil española en el bando republicano, ha fallecido el pasado domingo a los 100 años de edad en su residencia de Columbia, en California, según ha confirmado la organización Abraham Lincoln Brigade Archives. Aquí se puede ver una de las últimas entrevistas que concedió.






El último voluntario (Artículo extraído del NYT. 17 de marzo de 2015).

Un veterano de la Brigada Abraham Lincoln relata su experiencia en la Guerra Civil Española.

Contado a Dan Kaufman

Corría el año 1937 y los fascistas ya habían iniciado su rebelión en España; iba caminando por una calle en Hollywood cuando vi un anuncio en un costado de un edificio: “Amigos de la Brigada Abraham Lincoln”. Di vuelta a la esquina, abrí la puerta y entré. Una vez dentro, me preguntaron “¿En qué le podemos ayudar?” y respondí “Quiero ir a España”. Me dijeron que legalmente no podían mandar gente a España y me preguntaron si quería ayudar; eso quería. Mi vida inició en la pobreza y después vendría la Gran Depresión; sentía cierta responsabilidad de ayudar a los trabajadores y campesinos españoles.

Me dijeron que fuera a una organización llamada Medical Bureau to Aid Spanish Democracy (Comité Médico de Ayuda a la Democracia Española) y trabajé ahí ayudando a organizar reuniones y recolectando ropa para la República. Otro chico más joven que trabajaba conmigo un día me preguntó: “¿Quieres ir a España?”, le contesté que sí, que por supuesto; en respuesta, comentó: “Te diré a quién debes ir a ver”.

Al día siguiente abrí una de las puertas de la oficina del comité y ahí me encontré con un tipo sentado en una silla, que me esperaba; había combatido en la Primera Guerra Mundial y no tenía parte del brazo. Sólo se quedó mirándome sin decir gran cosa. Era difícil decir si yo estaba ahí por una razón de peso o porque era un borrego. Por fin, le dije de manera firme que quería ir a España; lo único que comentó fue “Está bien, ve por tu certificado de nacimiento”. Me mandó con un médico para una revisión física y posteriormente me monté en un autobús rumbo a Nueva York.

De ahí, cuatro de nosotros nos embarcamos en el trasatlántico francés Champlain. Aquella fue la primera vez en mi vida en la que probé comida elegante; tuvimos oportunidad de pasear por París un poco y subí a la Torre Eiffel. Después, nos pusieron en un autobús en el que recorrimos toda Francia hasta una fortaleza de paredes de un poco más de un metro de ancho.

Ahí nos acomodaron en habitaciones, pero no pasó mucho tiempo antes de que la policía nacional francesa llegara por nosotros. Como éramos estadounidenses, no podían hacernos nada porque teníamos visas y pasaportes auténticos y estábamos en Francia legalmente. Con nosotros se encontraban voluntarios alemanes y a mí me preocupaba que los enviaran de vuelta a que los aniquilaran los nazis, pero el Partido Comunista Francés era muy fuerte por aquel entonces y no iba a permitir que la policía los deportara a Alemania.

Nos metieron a todos en un autobús destartalado; estábamos a tan sólo unos 48 kilómetros de la frontera española. En el camino, al autobús se le pinchó un neumático. Nos quedamos ahí sentados, en medio de la noche, esperando cruzar los Pirineos, mientras arreglaban la avería. Nos llevaron a un valle entre las montañas, donde contrabandistas franceses nos guiaron hacia la frontera a pie; sentía un poco de miedo de ser descubiertos. Cada vez que pasábamos por una granja, los perros comenzaban a ladrar, pero la gente en el interior los ignoraba y nos dejaba pasar.

Atravesamos la frontera hacia España una hermosa y soleada mañana y subimos a autobuses que nos llevaron a un fuerte cerca de Barcelona. Nos pusieron a cargo de las comunicaciones del batallón, conectando las líneas telefónicas entre distintas baterías. Cuando los fascistas comenzaron a avanzar hacia el río Ebro, nos enviaron a Valencia y nos alojaron en un monasterio a las afueras del pueblo.

Nuestros cuarteles se encontraban en el segundo piso del monasterio, donde los monjes solían sostener debates. Ahí fue donde salí herido. La bomba hizo estallar por los aires el dormitorio entero. Habían enviado a nuestro grupo a un italiano ya muy entrado en años para la infantería; lo mataron.

No me di cuenta de que me encontraba herido. La explosión de la bomba había causado una gran conmoción, dejándome algo desorientado. Todos comenzamos a descender por una tubería que llevaba del dormitorio hacia la planta baja. Fui el último en bajar y mientras estaba colgado del tubo, sentí una presión en el pecho. Cuando toqué el suelo, observé que todo el frente de mi cuerpo estaba cubierto de sangre. Una metralla me había perforado el hígado y sangraba profusamente.

Para entonces, las tropas de Franco ya controlaban la mayor parte de la República. No había nada que pudiéramos hacer para cambiar la situación, así que nos enviaron de vuelta a casa. Tal era mi simpatía hacia la lucha del pueblo español, que cuando regresé a los Estados Unidos quise hacer lo mismo pero a mi modo; quise permanecer activo en el movimiento de los trabajadores.

Trabajé como operador de un conmutador telefónico en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial y formé parte de la lucha para derrotar al fascismo. Después de la guerra, trabajé con la Unión de Campesinos y más tarde fui electo vicepresidente de la sección local de la N.A.A.C.P. (Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color). Me molesta un poco que a los 99 años uno está a punto de morirse en cualquier momento, porque hay muchas otras cosas que quiero hacer aún.

Dado que soy el último veterano sobreviviente de la Brigada Abraham Lincoln me siento un poco aislado, pero no me preocupa; recibo muchas cartas de todos los rincones del país. Me escribe gente más joven, quieren saber qué sucedió. Me piden que les cuente, porque yo estuve ahí. Todos los demás ya han muerto.

* Del Berg, de 99 años, es el último veterano con vida de la Brigada Abraham Lincoln, de un contingente de casi 3.000 estadounidenses que peleó para defender al gobierno electo democráticamente durante la Guerra Civil Española en la década de los treinta.

Artículo publicado en The New York Times Magazine.


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