Juego de tronos: una tercera vía es posible y ¿es necesaria?

Juego de tronos: una tercera vía es posible y ¿es necesaria?
Cualquier juego de estrategia, ficticio o real, tiene unas características: las normas y las fuerzas que configuran el espacio real en el que se desarrollan las estrategias. Ambas son objetivas. No las crean los jugadores o estrategas. Estos se someten a las normas e interpretan la correlación de fuerzas, de cada fuerza presente en el tablero o en el espacio geoestratégico. La estrategia dependerá, en primer lugar, del objetivo que se marque cada estratega, en segundo lugar del análisis que haga cada uno de la capacidad y fuerza que tienen los demás y de los movimientos que haga, en función de su fuerza real, a partir del análisis de esa realidad objetiva.





Cuando un estratega pierde la partida, nunca se puede justificar argumentando que el otro tiene la culpa de que haya perdido. El que pierde es porque se ha equivocado él posibilitando el acierto del otro. De la misma manera tampoco se puede argumentar que los otros jugadores se han puesto de acuerdo para aliarse contra uno. Los demás jugadores pueden realizar las estrategias que a ellos convenga, porque tienen sus propios objetivos, y aliarse para elaborar un plan común, no es una traición ni un acto oscurantista y siniestro. Forma parte de la correlación de fuerzas. Si el perdedor no lo ha entendido, es porque es él quien se ha equivocado.

Cada uno quiere ganar y ese es su objetivo. El que determina la realización de sus movimientos estratégicos. Ninguno quiere perder, pero, a lo mejor, cuando ven que van a perder buscan salidas en la alianza con otros para participar en la victoria común. Esto no puede ser interpretado como un pacto del silencio, oculto y premeditado, por la sencilla razón de que, en cualquier correlación de fuerzas, el resultado final es una consecuencia, no predeterminada ni acordada, del movimiento de las fuerzas que optan, ante la derrota, por compartir una pírrica victoria. Si el derrotado no lo ha tenido en cuenta, es su error. No se justifica una derrota echando balones fuera. Los otros, siguiendo las normas del juego y haciendo un análisis correcto de la realidad, cambiante y dialéctica, son los que han acertado.

La primera condición para elaborar una estrategia correcta es hacer un análisis sociopolítico de la realidad. En España tiene tres características: la primera es que la realidad sociopolítica es pluripartidista. O lo que es lo mismo, ningún partido tendrá fuerzas en él mismo para ganar unas elecciones ni para gobernar. Ninguno. Otra  es que, con excepción de unas minorías radicalizadas, las masas no son revolucionarias. En consecuencia no se puede elaborar una estrategia revolucionaria. La tercera es que el PSOE, cuya ideología es reformista y no revolucionaria ni anticapitalista, tiene sus propias limitaciones; pero todas las fuerzas políticas tienen sus limitaciones. Podemos también. Alcanzar consensos aceptando esas limitaciones, es algo que el estratega debe tener en cuenta, si no quiere quedarse solo y derrotado. Es el único movimiento ajustado a la realidad que te puede dar la victoria.

Se había llegado a una situación en la que, con Sánchez, se podría haber construido una plataforma de poder y desde ahí empezar a poner en marcha algunos de los programas de progreso. Cuando ya habían alcanzado esa plataforma, Iglesias y su equipo han preferido mantenerse en la periferia del poder de Sánchez y de cualquier otro, porque no existen ningunas otras alternativas, ni reales ni imaginarias para que Podemos pueda participar en el poder. Por lo que le lanzo el siguiente interrogante a las fuerzas de progreso: ¿cuándo van a estar más cerca del poder Podemos, federados e I.U., con Sánchez o en la periferia del poder? La clave de la solución más progresista dependerá de la respuesta que demos a esta pregunta, por sus consecuencias.

Supongamos, por un momento, que se celebran nuevas elecciones y que entre Ciudadanos y P.P., alcanzan o están a punto de alcanzar, ambas, una mayoría absoluta. Esto sería una consecuencia de la estrategia actual de Podemos y sus federados e I.U. ¿Supongamos que no fuera así y que, en términos generales, la correlación de fuerzas fuera la misma y la posición del PSOE no cambiara?, en el mejor de los casos. ¿Qué haría Podemos? ¿Permanecer en la periferia del poder es el objetivo de Podemos y federados?

Por qué ha preferido Iglesias permanecer en la periferia cuando toda su estrategia tendría que orientarla para conquistar el poder. El que ya tenía al alcance de la mano, sin apenas haber sudado la camiseta. Era llegar y besar el santo, en sólo dos años de su aparición, y  que habría podido consolidar su propia existencia. Con ese giro, sus posibilidades de conquistar el poder se han desvanecido. Tal vez haya sido porque sus objetivos estratégicos sean otros: dedicarse a superar electoralmente al PSOE, durante los próximos cuatro años.

¿Realmente cree, en qué análisis se basa?, si no es en un acto de fe, que el PSOE va a desaparecer? Este partido se está debilitando pero mantendrá el suficiente apoyo electoral, de sus incondicionales, no para ganar elecciones pero sí para impedir que Podemos las gane solo. Las fuerzas de progreso seguirán divididas y en la periferia del poder. Es la izquierda la que favorece el gobierno de la derecha.

Y de eso no tienen la culpa quienes, en ejercicio del pensamiento crítico, critican, no la ideología, sino las estrategias erróneas o aventureras. Quienes ni fomentan la figura del Gran Hermano ni el Culto a la personalidad. Nunca Podemos y toda la izquierda, que se incluya I.U., han estado tan cerca de participar en una plataforma de poder. Han preferido dejar pasar la ocasión. Ellos. La culpa no la tienen los otros. Y menos los mensajeros.

A ver si las izquierdas son capaces de entender que en una realidad pluripartidista ninguna de ellas podrá gobernar o participar en una plataforma de poder real sin consensos. Sin necesidad de pactar o atarse a ningún compromiso. Por mucha voluntad de poder que tengan algunos, es preferible consolidar el pluripartidismo antes que recrear una nueva versión del bipartidismo.

Javier Fisac Seco


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