Miguel Hernández, el poeta del pueblo, que el pueblo sigue.

Miguel Hernández, el poeta del pueblo, que el pueblo sigue.
"Miguel Hernández es ante todo un poeta además de bueno necesario" 

Estas palabras del dramaturgo Buero Vallejo, quién conoció a Miguel Herández en la cárcel, y dibujó su rostro a lápiz en lo que podemos decir que es el retrato más famoso de la historia hernandiana, son palabras proféticas, tanto en España, como en el mundo entero. Saber de un hombre que no se dejó arrastrar por ambiciones políticas, o milicianas, que no se dejó arrastrar por sobornos en metálico, y rehusó hasta que Josefina Manresa tuviera mayores comodidades, y por si fuera poco, no hizo caso a nadie cuando perdida la guerra, le ofrecieron , entre otros el Premio Nobel de Literatura y cónsul de Chile, Pablo Neruda, que embarcara en un avión rumbo a Chile. Siempre rehusó todo aquello que pudiera crear una sombra ante la libertad de su vida. La lápidas serán nuestra última portada y Miguel Hernández es el mito que nunca acaba. Sufriendo las espinas de la guerra, y perdiendo cada vez una trinchera más, lo que iba cantando moribundo, entre cárcel y cárcel y siempre sin rendición, era una llamada a la rosa de la paz. Ayer hizo 74 años que murió el poeta alicantino, Miguel Hernández, con tan solo 31 años.

Todos los días es recordado el poeta oriolano, por alguien, en algún punto de la tierra. Y si no es recordado, si hay quienes ante las tragedias del ser humano, y la más grande de todas las tragedias, es la injusticia, porque es una tragedia que vamos haciendo mejor cada año los humanos. Los mismos seres humanos, y es por eso que todos los días tenemos motivos más que sobrados para recordar al combativo Miguel Hernández. Siempre lo recordamos cuando se pasa hambre y frío, como están pasando los refugiados varados en ninguna parte con el miedo encima de sus cuerpos como si tuvieran niños llorando en sus regazos. Y como ballenas que van a morir son cantados entre Syria y Alemania, cruzando desiertos hasta llegar a ninguna parte donde acaba Grecia y comienzan las alambradas europeas. El fin de los sueños de la libertad democrática. Lo vamos recordando. Aunque sea in extremis , al leer las noticias atrasadas en lavanguardia.com. 

Miguel Hernández tenía siempre un poema, como parte de la oración que se necesita rezar, o leer. Y a él van los necesitados, los huérfanos de todo, quienes no tienen nada, y quienes recurren a la paz de sus versos. Los muertos de hambre, y los corazones muertos traicionados por los interpretes corruptos de la fe. Siempre tienen los escritos de Miguel, una letanía contra la muerte, como hacen los parados que como yo fui un día y grité al mundo, al finalizar La Senda del Poeta, frente a su tumba en Alicante: “No sé cuando volveré. Soy el desempleado 3,500.000. Mi nombre es Miguel, Hernández hasta la muerte. Y no sé cuando volveré, pero todos los caminos llevan al mismo osario”. 

Miguel Hernández era periodista sin carnet desde donde alentaba a los soldados a la resistencia , ¡¡¡ al no pasaran !!!, y publicó y fundó numerosos hojas de prensa, más que periódicos, que cada vez que la guerra avanzaba a la vez que los republicanos iban perdiendo la guerra, también los periódicos que lo eran iban adelgazándose e iban perdiendo hojas. Pero también había publicaciones periódicas más meritorias por tiraje, como “Altavoz del Frente Popular” y la más importante de todas, creada durante la Guerra Civil por la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura, que dio en llamarse “El Mono Azul”. 

Eso fue ayer, hoy, dentro de unos días, como cada año llegaremos a Elche, a pernoctar de la marcha senderista y festivalera de versos, la Senda del Poeta antes de llegar a la ciudad de Alicante donde termina. Y desplegaremos un ejercito de pacíficos sacos y dormiremos en la Universidad de Miguel Hernández que entre otras carreras enseña la ciencia de la información que es el Periodismo. Y hablando de medios, y periodistas, escribe Raquel de Andrés Durá que el escritor segoviano Andrés Sorel, en las imprescindibles Crónicas de la guerra de España de la Fundación Domingo Malagón, que la herencia del poeta que recogió su mujer, Josefina Manresa, fue: “Un mono. Dos camisetas. Un jersey. Una camisa. Unos calzoncillos. Dos juegos de almohada. Una toalla. Una correa. Una servilleta. Un par de calcetines. Una manta. Una cazuela. Un bote”.Pero no es eso lo que queremos recordar, porque no hemos venido hoy a recordar las espinas de la guerra sino la rosa de la paz.

Miguel Hernández , el poeta del pueblo, al que el pueblo sigue, y siempre ha sido así, y siempre será, porque nunca se manchó las manos de sangre , y nunca jamás se untó ni los ojos con el simple pensamiento de apropiarse de lo ajeno. Un ejemplo a la altura de los mejores hombres y mujeres, que de verdad sigue la humanidad, que tanto necesita de ejemplos constantes para no caer en la bajeza de encolerizarse ante las injusticias, que no nos estalle la rabia ante la humillación y el desprecio de los poderosos. Porque somos seres humanos, y somos muchos más que los que se dicen sin llegar a ser personas, perdimos la paz y la palabra y así encontramos a otros poetas, a otros espejos en donde mirarnos. Para unos Miguel Hernández es un poeta, para otros es como un padre. Un lugar a donde ir porque siempre hay un verso para ti, todos los días, de amor o de muerte para levantarte. Para mi es un guía que me mueve a escribir , y es leerlo y saber que estoy vivo.

¡¡¡ Viva Miguel Hernández, el poeta del pueblo, que el pueblo sigue!!!

EL NIÑO YUNTERO

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombre jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

Este poema de Miguel Hernández es sinónimo de niño explotado, en España fue por “El General Pitiminí” y en el mundo por cualquier otro sátrapa. Hoy los podemos ver todos los días en las noticias , a los niños desprotegidos , como caminan con familia, o solos, en la larga marcha hacia ninguna parte. 

Chema Rubio. Poeta. Pertenece a la Asociación de Amigos de Miguel Hernández
Miguel Hernández, el poeta del pueblo, que el pueblo sigue.
  • Title : Miguel Hernández, el poeta del pueblo, que el pueblo sigue.
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  • Date : 29.3.16
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