¿Y tú qué te creías?, Roja.

¿Y tú qué te creías?, Roja.

A Juana

NI EL PAN, NI LA SAL: RICINO Y PELO
A veces, ante esta situación de pérdida de las conquistas sociales, de degradación social y económica de las clases populares como la que estamos viviendo en el sur de Europa (los poderosos ni sienten, ni padecen, aumentan las ganancias) que estamos viviendo en estos últimos tiempos, me viene a la cabeza nuestras abuelas. La terrible situación que sufrieron después de los años cuarenta también. Ponerme en su pellejo también me pone la carne de gallina, aunque me reconforta saber que ellas supieron salir de aquellos tiempos oscuros. Tesón, empeño, trabajo y silencio, mucho silencio. Entiendo cada vez mejor el silencio que llevaban encima, como una losa, pero supieron salir, luchando







Antes de los años 30 las mujeres no participaban en la cultura, la economía o la sociedad, tarea siempre reservada a los hombres, por el contrario debían quedar recluidas en la esfera privada del hogar y, si trabajaban, a una división sexual y clasista del trabajo, marginación de la vida social y política, etcétera. Esta situación de sumisión era escandalosamente más marcada en el medio rural. No había ninguna actividad relevante, excepto la escuela (y claro el cuidado de la vida y el bienestar de todas las personas), en manos de mujeres.
El final de la guerra para las mujeres supuso una pérdida de derechos y libertades, que con la llegada de Franco al poder fue generalizado a todas las mujeres. “Un martirio para todas, fueran represaliadas o no”, La mujer para los franquistas era una menor de edad crónica y silenciada, recluida en el hogar.

EL CAMBIO REPUBLICANO
La República en abril de 1931 trajo renovadas ilusiones en las mujeres, permitió que se tomaran algunas iniciativas que las daban protagonismo. Unas fueron de carácter legal y tuvieron sus repercusiones en el ámbito político, educativo o laboral; otras de la vida cotidiana. La República era un giro copernicano para las mujeres, intentó en alguna medida transformar el papel que la mujer tenía asignado dentro de la sociedad. Así en los pocos años de la República las mujeres se habían hecho socialmente visibles. En nuestra tierra dieron fruto esas ideas, tenemos noticias de al menos dos grupos de mujeres organizados en las Merindades. Un grupo de mujeres en Mena (Mujeres moderna o similar) y el Comité del Hogar Femenino Antifascista con 84 miembros de Arija.

La imagen de mujer que se expandió durante la Segunda República permitía un «escape» respecto a la rigidez previa. Si bien no habían cambiado ciertos estereotipos de feminidad.

EL TERROR DE LA GUERRA
La mujer suele invisible en las guerras civiles. Detrás quedan muertos, heridos, agresiones a los derechos humanos de todo tipo, miseria, pero también quedan mujeres rotas por las humillaciones llevadas a cabo. El uso deliberado e impune de la violencia sexual como arma de guerra, se ha convertido en un crimen habitual en nuestra era, un arma más de lucha, de sometimiento al contrario. En nuestra vida cercana solo tenemos que mirar a las guerras en la Europa balcánica, o las que se están produciendo estos días en África. Gracias a estas prácticas se ha conseguido intimidar, crear terror político, sacar información y humillar a muchísimas mujeres y niñas.

El castigo del franquismo sobre las mujeres fue doble. Por “rojas” y por “liberadas”. De una punta a otra de la España sublevada, se repitieron los métodos de tortura física y psicológica. Tres son los más conocidos: las purgas con aceite de ricino para que su poder laxante depurara su “tóxico interior”, raparlas al cero para censurar su libertinaje, y la prohibición absoluta de mostrar luto a las viudas, hermanas y madres de fusilados.

EL TRATAMIENTO A LAS ROJAS: PUBLICITAR SU VERGÜENZA
A partir del 18 de julio de 1936, el modelo de mujer roja pasó a formar parte de una suerte de «demonización» de lo que debía ser una mujer. Es decir, el demonio era la mujer roja. El pensamiento que rodeo el régimen fascista sobre las mujeres que les eran desafectas: rojas, putas, suicidas feas, peladas…

Al margen del retroceso social (el acceso a la vida pública que habían conseguido a lo largo de la república), un trato represivo especial, además les saquearon las casas, les incautaron los alimentos… y la tierra. También las asesinaron y encarcelaron. Pero además hubo una represión especializada en mujeres.

En efecto, las autoridades del pueblo (Falange, Guardia Civil, requetés…) detenían a las mujeres y les sometía a su ritual de humillación: les rapaban el pelo al cero, las obligaban a beber aceite de ricino para provocarles diarreas y las obligaban a ir por la calle haciéndose aguas mayores a causa del purgante, por las principales calles de las poblaciones «liberadas», en ocasiones acompañadas por la banda de música del pueblo.

El desfile callejero no fue un hecho aislado sino común y sistemático, y en toda la zona nacional y en Burgos muy común hasta en las aldeas más diminutas. Un espectáculo dantesco público de denigración y de regocijo por parte de los vencedores. El paseo por la calles iba acompañando, insultos, abucheos, escupitajos y algunas pedradas. ¿Quién los dio? ¿Cuál fue el papel del resto de las mujeres? Aquí al sur de la provincia, en Aranda, los falangistas pasearon a un grupo de 30 mujeres rapadas y purgadas, acompañadas de la banda de música La exhibición pública se trataba de un ritual de sometimiento de las mujeres republicanas, de estigmatizarlas y humillarlas, además se les obligaba a rezar, a cantar el cara el sol.

Toda esta violencia visible, que se repitieron más de un día en los pueblos no hubiera sido posible sin la participación vecinal en la degradación. Fue un hecho la insolidaridad de otras mujeres con las sufridoras de su mismo sexo.

Más arriba hemos mencionado que el acto con llevaba al menos tres actuaciones: Una de ellas es el Corte de pelo, los desfiles procesiones de mujeres peladas. Era el escarnio público, un atentado contra la integridad física y moral. Se trataba de un detrimento de la integridad física y moral de las víctimas. De esta forma rapándolas trataban de humillar visualmente a la víctima marcándola; mutilación de un elemento físico claramente femenino.

Otra era el acompañamiento por la ingesta de ricino causaba diarreas y vómitos, bajo los efectos purgantes del aceite de ricino escarmiento ejemplarizante. El aceite de ricino es extraído de las semillas de la planta de ricino. La aplicación conocida es como purgante. El efecto se basa en la acumulación de agua en el intestino y en la irritación de las mucosidades que aceleran el vaciado del sistema intestinal. La primera referencia del uso punitivo es de los Fasci di Combattimento empleaban purgas para intimidar. La importación se produce en 1931, con la organización de Ramiro Ledesma, empeñada en imitar al fascismo. La máxima “popularidad” del ricinamiento comienza con la Falange. Durante la guerra el ricino se convierte en un elemento de represión en la retaguardia, destinado a las mujeres; con los varones se empleaban otras técnicas menos sutiles. Se solía decir que el fuerte poder laxante del aceite depuraba su “tóxico interior” y el corte del cabello servía como censura de su libertinaje. En los primeros años de la postguerra se continuó usando el purgante en los cuartelillos de la Guardia Civil.

También se extendió por todas la Merindades. A Agustina Santos, vecina de Frías la raparon el pelo y le dieron aceite de ricino mientras a su marido Felipe Salazar, se lo llevaron, se le cree fue fusilado en La Pedraja. A la esposa de Pedro Arquiaga, de Incinillas, también la detuvieron y se la llevaron a Villarcayo. Le raparon el pelo y la obligaron a ir por todo el pueblo de Villarcayo rezando el rosario de rodillas. De la MedinesaTeopista Gallagase contó: “a quien hubo que cortar el pelo como responsable de intentar convencer con insinuaciones al reparto de bienes y personas, proclamar el odio a la religión católica y defender e incitar a la práctica del amor libre a las virtuosas doncellas de la localidad” A Eufemia Alonso Pereda de Sotoscueva, tras raparla el pelo, acusándola de roja, y someterla a infinidad de vejaciones, la emplearon como cocinera para la tropa nacional, la trasladaron a Espinosa de los Monteros y de allí al cuartel de los falangistas habilitado en El Crucero, hasta su fusilamiento y enterramiento en una cuneta supuestamente en Villalázara. En Quisicedo (también Sotoscueva) un grupo de mujeres fueron todas peladas y obligadas a tomar aceite ricino, desde un vaso hasta una botella, mientras las paseaban por el pueblo. A alguna la pintaron el culo de rojo, luego las llevaron presas.A las hermanas montijanas Sañudo, Carolina, Jovita y Aurora sufrieron el corte de pelo en Espinosa, entre otras vejaciones.

VIDAS EN SILENCIO
Además estuvieron acompañados de otras humillaciones sádicas como a algunas les pintaron el culo de rojo, que se complementaban con el servicio a los vencedores: limpiar calles, casa… le pusieron a barrer la iglesia, como escarnio, Obligar a limpiar los cuarteles y las sedes de la Falange.

No cabe ninguna duda que en algunos casos se dieron violaciones y abusos sexuales, menos conocidas, por lo oculto, el tabú social. Durante la posguerra se instaló en el país un absoluto control social con un sistema de «abajo arriba» que impedía la menor disensión. Las mujeres vivieron esta persecución constante de una manera especialmente dolorosa y cruel. Se extendieron las violaciones y vejaciones sexuales en comisarías, cuarteles y cárceles en un intento de cosificar y deshumanizar También se produjeron deportaciones, raptos de los hijos, robarles los nietos

Maltrato psicológico, insultos, desdén, menosprecio, a la cola, obligadas a bailar en las fiestas de los nacionales, los últimos, bautizar a los hijos cambiándoles de nombre, en la doctrina en la iglesia, las ricas delante, las pobres detrás…

El país se tiñó de viudas o mujeres cuyos maridos estaban en la cárcel. Las supervivientes fueron “soporte” de la familia en una época en la que eran vejadas, maltratadas y humilladas públicamente a diario. Las familias como rehenes, salvar a los deudos sometiéndose a sus exigencias tenían que ocuparse de la casa y los hijos, de conseguir dinero, ahorrar para ir a visitar a sus familiares a las cárceles y “todo sin recursos y estigmatizadas trabajos de “semiesclavitud”



La dignidad está rapada
la sangre que te inunda
se derrama
la rebeldía bajo la piel
clama
venganza
la utopía
su revancha
(esa que nunca tendrá)
y la ira
sientes la ira
y ya no queda
nada
en el mundo
nada
que te haga llorar.

A las mujeres vejadas durante el fascismo
(MAXIMO)




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