Biografía de Julián Besteiro Fernández

Julián Besteiro
Julián Besteiro Fernández nació en Madrid el 21 de septiembre de 1870. Estudió en la Institución Libre de Enseñanza, donde entró en 1879. En la Universidad de Madrid cursó Filosofía y Letras, teniendo como profesores, entre otros, a Nicolás Salmerón y a Luis Simarro. Luego pasaría a la Sorbona de París. Finalizando el siglo XIX comenzó su carrera docente cuando ganó las oposiciones a catedrático de Instituto en Psicología, Lógica y Filosofía Moral. Fue destinado a Ourense y luego a Toledo. En aquella ciudad conoció a Dolores Cebrián, la que luego sería su esposa a partir de 1913. Dolores fue profesora de Ciencias Físicas y Naturales. Besteiro siguió formándose porque en 1909 obtuvo una beca de la Junta de Ampliación de Estudios para estudiar en Alemania. Allí amplió sus conocimientos de Filosofía en las Universidades de Múnich, Berlín y Leipzig. A finales de 1911 regresó a España.





El compromiso político de nuestro protagonista comenzó en Toledo cuando era allí profesor. Ingresó en la Unión Republicana, la formación creada por Salmerón, llegando a ser elegido concejal. En tal puesto promovió las colonias escolares, una cooperativa de consumo para los obreros, la creación de una biblioteca popular y se preocupó por el rico e inmenso patrimonio toledano. Estas políticas e intereses demostraban ya una clara preocupación por la clase obrera. En 1908 militaría en el Partido Radical pero el viaje a Alemania no sólo le permitió ahondar en sus conocimientos, sino que también cambiaría su rumbo político al conocer el marxismo y al entrar en contacto con la socialdemocracia más potente de Europa, el SPD. Por eso, al regresar decidió acercarse al PSOE, ingresando en la Agrupación Socialista de Madrid el 14 de septiembre de 1912. Ya se había instalado en la capital porque había ganado por oposición la Cátedra de Lógica Fundamental en la Facultad de Filosofía y Letras. Antes de ingresar en el Partido Socialista su inicial compromiso le condujo a la cárcel durante un breve tiempo en 1911 por una conferencia que había dado en la Casa del Pueblo contra la Guerra de Marruecos. Besteiro entraría también en la UGT en la Sociedad Profesional de Oficios Varios.

Al poco de ingresar en el PSOE, Julián Besteiro comenzó una intensa actividad política en el ámbito municipal. En 1913 fue elegido candidato a las elecciones a diputados provinciales por el distrito madrileño de Universidad-Hospicio. También fue candidato en las elecciones municipales consiguiendo ser elegido concejal en la capital, responsabilidad que desempeñó hasta el año 1917. Como concejal repetiría en ese año y luego en las elecciones trascendentales de 1931, aunque no ejerció como tal.

Besteiro desplegó aún más actividad en el seno de las organizaciones socialistas. Asistió a los Congresos de la UGT de 1914 y 1916, representando a la Sociedad de Oficios Varios de Madrid a la que pertenecía. También asistió al X Congreso del PSOE de 1915 representando a distintas Agrupaciones, como también ocurrió en el Congreso Extraordinario de 1921. Pero, sobre todo, muy pronto se aupó a la dirección del Partido Socialista y de la UGT, dada su valía intelectual. Desde 1914 ocupó diversos cargos. En la UGT fue elegido vocal en 1914 hasta 1916, así como vicesecretario (1916-1918), y vicepresidente desde 1918 hasta 1928. En el PSOE fue vicepresidente entre 1915 y 1928. También habría que destacar que fue presidente de la Gráfica Socialista y de la Fundación Cesáreo del Cerro, una de las experiencias pedagógicas más importantes del socialismo español en la capital madrileña.

Besteiro no sólo ocupó distintos cargos y responsabilidades, sino que se implicó de forma intensa en las polémicas internas del socialismo español, especialmente importantes en el período de crisis de la Monarquía de Alfonso XIII. En el Congreso de 1915 presentó, junto con Luis Araquistain y Antonio Fabra Rivas, una moción que condenaba el denominado imperialismo austrogermano, en plena Gran Guerra, y en favor de los aliados, implicándose en el debate sobre la postura que debía adoptar el PSOE ante el conflicto. En el Partido había varias posturas al respecto. Un sector quiso que se fuera fiel al espíritu pacifista del internacionalismo socialista, pero terminaría venciendo una postura más pragmática, contraria a la guerra, pero con marcada tendencia aliadófila, al considerar que al menos Gran Bretaña y Francia eran democracias frente al autoritarismo de los Imperios Centrales.

Besteiro estuvo presente en los intensos conflictos sociales que se recrudecieron en tiempos de la Primera Guerra Mundial y posteriormente. En 1916 lideró un comité de la UGT para elevar al conde de Romanones, a la sazón presidente del Consejo de Ministros, varias demandas obreras que no fueron atendidas, hecho que derivaría en una huelga en diciembre de ese mismo año. Entre esas propuestas se pedía el fin de la Guerra de Marruecos, asunto muy sensible para los socialistas. Besteiro estuvo en la firma, junto con Largo Caballero y Vicente Barrio, del acuerdo con la CNT, representada por Salvador Seguí y Ángel Pestaña en Zaragoza el día 17 de julio de 1916, que propició la huelga mencionada.

Formó parte del Comité de Huelga en el verano de 1917. Por ello sería detenido, junto con Daniel Anguiano, Francisco Largo Caballero y Andrés Saborit. Fueron juzgados por un tribunal militar, y condenados a cadena perpetua. Serían trasladados al penal de Cartagena, aunque allí no estarían mucho tiempo, porque tras las elecciones de 1918 tuvieron que salir al ser elegidos diputados. En la cárcel se trabó una gran amistad entre Andrés Saborit y Julián Besteiro. El primero escribiría una biografía y una obra sobre el pensamiento de Besteiro. La experiencia carcelaria sería recogida en las cartas que envió a su esposa Dolores Cebrián. No serían las únicas, porque luego estarían las segundas, de muy distinto tono y contenido, cuando se encontraba preso en Carmona ya condenado por el franquismo, y a las puertas de la muerte.

En el Congreso de los Diputados comenzó a tener un evidente protagonismo, no sólo por su brillantez, sino por su inicial empeño en explicar y justificar el hecho de la Huelga General de 1917. Pero no agotó este tema, ya que se implicaría en asuntos de sanidad, educación primaria y contra el analfabetismo.

En febrero de 1919 viajó a Berna para representar al PSOE. Esta es la época en la que fue adquiriendo más responsabilidad en el Partido dado el difícil estado de salud de Pablo Iglesias. Besteiro se convirtió en el presidente de hecho.

La década de los años veinte traería un intenso conflicto interno al PSOE, derivado de la Revolución Rusa y de la cuestión de la III Internacional. Era inevitable que Besteiro adoptara una postura y se implicara en un momento histórico que derivaría en una clara división en el seno de la izquierda marxista. Besteiro no había visto con malos ojos la Revolución de Octubre, pero siempre se opuso a que ese fuera el camino que debiera emprender el socialismo y el movimiento obrero fuera de Rusia. Por eso defendió la permanencia del PSOE en la Segunda Internacional. En el Congreso Extraordinario de abril de 1920 el Partido adoptó una postura intermedia entre los terceristas, es decir, los que defendían sin condiciones el ingreso en la III Internacional, y los contrarios a ultranza, como Besteiro. La postura media había sido defendida por Fernando de los Ríos, y se basaba en la posibilidad de ingresar, pero con duras y estrictas condiciones, además de que dos delegados debían visitar Rusia para conocer la situación y negociar. Como es sabido, fueron elegidos para esta comisión el propio Fernando de los Ríos y Daniel Anguiano. El primero regresó defendiendo la imposibilidad de ingresar en la nueva Internacional. La experiencia le sirvió para escribir un libro sobre su viaje en Rusia. El segundo, en cambio, fue favorable a dicho ingreso con algunos matices. Por su parte, Besteiro ante la decisión intermedia tomada se negó a seguir formando de la Comisión Ejecutiva a pesar de que había sido reelegido. Besteiro fue inflexible frente a los terceristas y consiguió el apoyo de Largo Caballero, que controlaba la UGT. Esta postura terminaría venciendo en el Congreso de abril de 1921 porque el PSOE rechazaría oficialmente adherirse a la Internacional Comunista. Besteiro regresó a la dirección del Partido. En 1922, en vísperas del golpe de Primo de Rivera, era vicepresidente del PSOE y de la UGT.

La Dictadura de Primo de Rivera generó un intenso y largo debate en el seno de la familia socialista debido a la política adoptada por el dictador de tender puentes con el movimiento obrero no anarcosindicalista como un medio para encontrar más apoyos fuera de los propios de la oligarquía y grupos de poder de la España del momento. Si por un lado se perseguía a la CNT, por otro se permitía la existencia de las Casas del Pueblo socialistas y se pretendió que los ugetistas colaborasen en el sistema corporativo laboral y que los socialistas, en general, pudieran participar en la Asamblea Legislativa Consultiva, ya al final de la Dictadura. Eran ofrecimientos muy atrayentes para un sector del Partido y para el Sindicato porque permitían adquirir una posición preponderante frente al todopoderoso movimiento anarcosindicalista y porque posibilitaba poder influir por vez primera en el ámbito laboral negociando con la patronal en los comités paritarios. Otro sector de socialistas veía con espanto colaborar con el dictador, planteando grandes escrúpulos democráticos.

Besteiro comenzó por adoptar una postura pasiva ante el golpe de 1923. Al año siguiente se marchó a Gran Bretaña becado de nuevo por la Junta de Ampliación de Estudios. En Inglaterra conoció bien lo que significaban el fabianismo y laborismo y se convirtió en un decidido defensor de ambos.

Al regresar a España se alineó con la postura de Largo Caballero sobre la convivencia con la Dictadura. Besteiro consideraba, por su parte, que el establecimiento de un sistema democrático era responsabilidad de la burguesía, por lo que la clase trabajadora no debía involucrarse en la lucha contra el nuevo régimen, muy al contrario de lo que defendían Indalecio Prieto o Fernando de los Ríos, mucho más vinculados con los republicanos contra la Dictadura y el establecimiento de una democracia en España. La UGT podría aprovechar la oportunidad brindada por Primo de Rivera para conseguir mejoras para los trabajadores.

Besteiro accedió la máxima dirección socialista, tanto en el Partido como en la UGT, cuando Pablo Iglesias falleció en 1925. La presidencia de ambas organizaciones se oficializó en los Congresos de 1928. Pero, a pesar de este encumbramiento, la influencia de Besteiro comenzó a declinar frente al creciente poder de Largo Caballero. En 1926 volvió a producirse en las dos organizaciones socialistas un intenso debate sobre la posible participación en la Asamblea Nacional Consultiva, el parlamento corporativo que pretendía estabilizar el régimen provisional dictatorial. Fiel a su postura, Indalecio Prieto se negó en redondo a la colaboración, considerando que hacerlo sería una traición. Enfrente, Besteiro defendió la colaboración. Entre ambas posturas irreconciliables se situó Largo Caballero, ya que planteó la posibilidad de acudir a la nueva institución, pero condicionando la participación socialista a la forma de elección de sus miembros. La decisión era de tal importancia que había que adoptarla en sendos congresos extraordinarios. En septiembre de 1927 se publicó el decreto por el que se convocaba la Asamblea Nacional Consultiva. El sistema establecía la potestad del dictador para nombrar a sus miembros por lo que los socialistas no podrían elegir a sus representantes, algo inaceptable porque les arrebataba su libertad. Eso terminó con la convivencia de los socialistas con la Dictadura, ya que por mayoría ambos Congresos se negaron a que el Partido y el Sindicato colaborasen. Besteiro quedó en una clara minoría. Los socialistas iniciaban un complicado viaje de convergencia con los republicanos, en el que Prieto se estaba comprometiendo claramente.

Besteiro se opuso claramente a que los socialistas convergieran con los republicanos en la crisis final de la Dictadura de Primo de Rivera y en la época de los gobiernos de Berenguer y Aznar. No quiso que el PSOE estuviera presente en el Pacto de San Sebastián frente a la postura favorable a entenderse con las fuerzas republicanas de Indalecio Prieto. Largo Caballero llegó a acusar a Besteiro y a sus seguidores, los “besteiristas”, fuertes en la Casa del Pueblo de Madrid, de boicotear la huelga general en Madrid en diciembre de 1930, y que había sido decretada por el Comité Revolucionario Republicano-Socialista para traer la República. Esta posición contraria a la que había adoptado el PSOE llevó a Besteiro a dimitir de sus cargos directivos tanto en el Partido como en la UGT en el mes de febrero de 1931.

A pesar de todo consiguió un acta de diputado en las elecciones generales de 1931. Además, salió elegido por una amplísima mayoría como presidente de las Cortes republicanas, que se constituyeron el 14 de julio. Le cupo el honor, por tanto, de estar al frente del legislativo cuando fue elaborada y aprobada la Constitución de la Segunda República. Permaneció en este cargo hasta el 9 de octubre de 1933.

Pero Besteiro se mantuvo firme en su idea de que los socialistas no debían colaborar con los republicanos en el gobierno, con las fuerzas burguesas porque eso comprometía la independencia del PSOE. El Congreso extraordinario de 1931 derrotó su propuesta. A pesar de esta derrota nuestro protagonista nunca dejaría de tener una base firme de apoyo en parte de las bases del Partido y del Sindicato. En este sentido, en 1932 volvió a ser nombrado presidente de la UGT, moderando su inicial rechazo a la participación política socialista. Sabemos que replicó a Amaro del Rosal sobre la inconveniencia de implantar el socialismo por la vía de la dictadura del proletariado, que podía estimular a la reacción. Besteiro experimentó en esos años un cambio en un sentido conservador y de moderación en medio de un clima de creciente tensión política y social. Si antes se había desmarcado de la senda de la negociación con los republicanos, ahora se estaba alejando claramente de la radicalización que estaban experimentando las dos organizaciones socialistas ante el acoso de la derecha, la caída del gobierno y la victoria electoral de los radicales y de la CEDA en el otoño de 1933, en un contexto internacional de auge del fascismo. En consecuencia, tuvo que dimitir de la presidencia de la UGT en febrero de 1934. Besteiro no participó en los preparativos de la Revolución de Octubre, a la que se opuso con vehemencia. La violencia no conduciría a nada positivo, a generar más violencia y a fracasar.

Besteiro inició un camino que le iba marginando de las posiciones de poder y de toma de decisiones en la UGT y en el PSOE. En abril de 1935 ingresó en la Academia de Ciencias Morales y Políticas con el discurso titulado Marxismo y Antimarxismo, que debe interpretarse en el contexto de su enfrentamiento con Largo Caballero.

En el proceso interno de elección de candidatos de la Agrupación Socialista de Madrid para la candidatura del Frente Popular en la capital Besteiro fue derrotado por Largo Caballero, aunque en una segunda vuelta pudo salir elegido por sus compañeros. Pero, curiosamente, Besteiro obtuvo mejores resultados que Largo en las elecciones. Consiguió ser el segundo mejor elegido de la candidatura del Frente Popular detrás de Azaña y el primero entre los socialistas.

Al estallar la guerra, Besteiro permaneció siempre en Madrid. No quiso desplazarse a Valencia cuando el gobierno de la República marchó a la capital mediterránea, ni aceptó irse de embajador a Argentina, aunque en 1937 representó a la República, por decisión de Azaña, en la coronación del rey Jorge VI y con la misión de forzar una intervención internacional para conseguir la paz. Se entrevistó con Anthony Eden, secretario de Exteriores, sin ningún éxito. También se vio con Léon Blum, el primer ministro francés, con el mismo resultado. Es importante destacar que a partir de esa misión Besteiro se enemistó con Negrín porque no le había dejado contarle nada de sus encuentros diplomáticos. Besteiro siempre fue contrario a la resistencia y siempre fue partidario del acuerdo, la negociación y de buscar la paz, desarrollando durante la guerra un feroz anticomunismo. Ese deseo estaría detrás de lo que ocurriría al final de la contienda cuando participaría en el golpe de Casado. Por otro lado, es importante destacar su delicadísimo estado de salud durante toda la guerra. Arrastraba una tuberculosis latente, que en el pasado pudo ir sobrellevando, pero la guerra, el trabajo, las tensiones y las privaciones hicieron que empeorara considerablemente.

En la capital sitiada y, a pesar de lo mal que se encontraba, quiso ser útil. Fue nombrado presidente del Comité de Reforma, Reconstrucción y Saneamiento.

Cuando la situación militar de la República comenzó a ser muy difícil en 1938 decidió actuar en línea con su idea de terminar el conflicto. Se llegó a poner en contacto con personajes de la quinta columna, con falangistas clandestinos para intentar llega a un acuerdo. Estos elementos le animaron a que adquiriera una mayor responsabilidad en la República, que asumiera la jefatura del gobierno para conseguir ese acuerdo. Emprendió un viaje a Barcelona para negociar con Azaña la creación de un gobierno que buscara la paz, pero aquello no prosperó. La visita fue, por otro lado, un calvario personal, porque su estado de salud se quebrantó de forma alarmante. Pero eso no impidió que Besteiro siguiera actuando en favor de terminar la guerra. Llegó a pensar que Franco instauraría una dictadura de viejo estilo, a lo Primo de Rivera, donde los socialistas podrían sobrevivir como había ocurrido en los años veinte. ¿Ceguera política, influencia de su dura enfermedad, endiosamiento, profundo humanismo contrario a la sangría de la guerra, feroz anticomunismo? Quizás un poco de todo podría aducirse para entender la postura de Besteiro, que cargó con una intensa y hasta violenta retórica contra Negrín, Álvarez del Vayo y Araquistáin, compañeros socialistas, porque según su opinión se habían puesto al servicio del comunismo.

Así pues, cuando el coronel Segismundo Casado dio el golpe al final del conflicto, en marzo de 1939, Besteiro se sumó al mismo y pasó a ocupar la responsabilidad de Exteriores en el Consejo Nacional de Defensa, después de rechazar presidirlo. El golpe buscaba la firma del armisticio, algo que, como es bien sabido, nunca estuvo en los planes de Franco, que siempre buscó la rendición incondicional y el aplastamiento del enemigo.

Besteiro se quedó en Madrid cuando los miembros del Consejo volaron hacia Valencia el 28 de marzo. Propuso al anarquista Melchor Rodríguez García como alcalde de Madrid, y al día siguiente se rindió.

Nuestro protagonista fue detenido en los sótanos del Ministerio de Hacienda el día 29 de marzo. Estaba en un lamentable estado de salud. En ese lugar estaba viviendo desde el día 5 de marzo, y desde allí se había dirigido a los madrileños por la radio durante aquel terrible e intenso mes final. Ingresó en la cárcel de Porlier.

Besteiro estaba en el sótano del Minsterio de Hacienda postrado en un camastro, enfermo y demacrado cuando fue detenido. Se le envió a la cárcel de Porlier, y luego a la del Cisne, mientras se instruía contra él un proceso sumarísimo. El traslado fue concedido a petición de su abogado, ya que tenía mejores condiciones, dado su estado de salud.

El 8 de julio del mismo año comenzó el Consejo de Guerra. Presidía dicho Consejo el general de brigada Manuel Nieves; el juez instructor era el capitán de Caballería Carlos de Sabater, el fiscal el auditor de brigada Felipe Acedo Colunga (alumno que fue del propio Besteiro), y el defensor el letrado Ignacio Arenillas, un tradicionalista, que terminó aceptando el caso cuando Besteiro le prometió que no había pertenecido a la masonería.

Besteiro llegó al juicio en muy malas condiciones físicas, pero con una entereza moral intachable, sereno, seguro en sus convicciones y de su deber. El informe del fiscal fue un repaso de la vida política de Besteiro. En dicho informe se señalaba que aunque Besteiro estaba íntimamente disconforme con los "desmanes" del Frente Popular no hizo nada para pararlos o condenarlos públicamente; es más, había apoyado al gobierno con su voto, un gobierno que, a juicio del fiscal era inconstitucional por la forma en la que había sido depuesto el presidente Alcalá Zamora. No deja de ser curioso que un poder, nacido de una sublevación, utilice un argumento sobre la supuesta inconstitucionalidad de la destitución del jefe del estado del sistema que se ha combatido y vencido con las armas. El informe terminaba explicando que el caso Besteiro era representativo de la "revolución española", y que de la actuación del político sólo había producido graves errores para el país y para él mismo. También aludió a su participación en el Consejo Nacional de Defensa.

El fiscal expuso que el delito de Besteiro había sido "adhesión a la rebelión". Estamos ante otro caso de la peculiar manera de entender la rebelión por parte de los que se habían, realmente, rebelado. El fiscal sí reconocía las virtudes humanas de Besteiro pero eso no era impedimento o un atenuante porque pidió la pena de muerte.

La defensa, por su parte, insistió en la nula influencia política de Besteiro desde el 18 de julio, y prueba de ello era que no había podido salvar a su sobrino, asesinado el 18 de agosto de 1936. Además, expuso sus esfuerzos por la paz, y puso sobre la mesa los informes de los servicios secretos franquistas, el S.I.P.M, sobre su conducta en la guerra y que era calificada como correcta. Besteiro habló en el juicio, agradeciendo que, tanto el fiscal como el abogado defensor, hubieran puesto de manifiesto su honradez privada, pero insistió que también había sido honrado en su vida pública, y explicó sus actuaciones y pareceres, especialmente su posición crítica dentro del PSOE, pero sin renegar de su militancia e ideas en ningún caso. Al final, se le condenó a cadena perpetua, sustituida por treinta años de reclusión mayor.

Besteiro fue llevado al Monasterio de Dueñas en Palencia, habilitado como prisión. El 27 de agosto fue trasladado a la cárcel de Carmona. Allí vivió sus últimos meses, hizo traducciones, y confraternizó con los otros presos políticos. En septiembre de 1940 se cortó accidentalmente la mano y se le infectó la herida. Esta infección se complicó, dado su delicado estado de salud, y derivó en septicemia. Tuvo una dura y larga agonía, para morir, por fin, el día 27 de septiembre de 1940. Se le enterró en el cementerio de Carmona. En el año 1960 se le pudo trasladar al Cementerio civil de Madrid. Descansa muy cerca de Pablo Iglesias y de Francisco Giner de los Ríos.

Besteiro, sin lugar a dudas, es un protagonista indiscutible de la historia del PSOE y de España. Su trayectoria y su implicación en todos los debates internos y en la política nacional le han convertido, por otro lado, en un personaje que ha generado diversas polémicas historiográficas y políticas. Fue partidario de la corriente revisionista en el seno del socialismo, contrario a la dictadura del proletariado, aunque entendió, en parte, su instauración en Rusia dadas sus características propias, pero sin posibilidad de que se exportase fuera de sus fronteras. También se mostró partidario del fabianismo y el laborismo británicos. Para algunos fue el único teórico de peso en el seno del socialismo español, pero otros consideran que no es así, que aportó poco y siempre desde posiciones de rigidez. Por fin, se cuestiona también que fuera realmente marxista. En el plano general, Besteiro hizo un viaje hacia la moderación a tenor del devenir de los acontecimientos políticos y sociales de España entre la crisis de la Monarquía de Alfonso XIII y la Guerra Civil. Sin lugar a dudas, su posición en la Guerra Civil es la que más polémica ha generado. Si para unos se trataría de un político que abominó del horror y que buscó la paz por encima de todo y de todos, para otros sería un traidor a la causa republicana y que empañaría su trayectoria anterior.

Eduardo Montagut
Doctor en Historia Moderna y Contemporánea
@Montagut5


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