¿Les quedan ideales?

 ¿Les quedan ideales?
Han pasado más de tres meses desde que se celebraron las últimas elecciones generales. Durante todo este tiempo hemos asistido a un espectáculo grotesco liderado por el PSOE. Si algo hemos tenido la oportunidad de comprobar es la muerte del PSOE como partido de izquierdas, si alguna duda quedaba, y de seguir en la linea trazada desde el 20D, pronto podremos certificar su defunción como tal.





No es necesario ningún sesudo análisis para llegar a la conclusión de que el PSOE es manifiestamente prescindible. Lo he dicho en varias ocasiones pero insisto en que lo siento por su militancia de base, no cabe buscar responsables entre ella. Los responsables están cómodamente sentados en sus sillones autonómicos o en los de sus casas, disfrutando estos últimos de una excelente jubilación, entre todos ellos han puesto al partido en la picota. Desde Gonzalez hasta Corcuera pasando por Susana Diaz han vetado cualquier acuerdo con partidos de vocación nacionalista esgrimiendo la misma (o mayor) intransigencia que Rajoy a la solución negociada de la realidad catalana, una posición no debidamente razonada que literalmente impide la formación de un gobierno de izquierdas en España.

Las maniobras entre PSOE y Ciudadanos para conseguir el respaldo a una investidura ya fracasaron, pero parece que en Ferraz aún o se han dado cuenta y esperan un milagro, una puesta de rodillas de la izquierda actual, pero todos sabemos que si por algo se caracteriza la verdadera izquierda española es por no ponerse de rodillas. En el PSOE deberían saberlo y no haber fiado a las organizaciones progresistas el visto bueno de su infumable e inútil pacto con Ciudadanos.

Es de agradecer su rechazo frontal a una coalición con el Partido Popular, coalición a la que muchos de sus barones ven con buenos ojos, pero su alianza con Ciudadanos viene a ser lo mismo que un gobierno con el PP, la misma obra, el mismo guión, con diferentes actores.

Tanto Ciudadanos como PSOE y por supuesto el PP, se aferran al mantra de la unidad de España para defender sus respectivas negativas a dialogar con las formaciones nacionalistas, y lo hacen sin darse cuenta de que su postura es el mejor y más corto camino para que, tal y como ellos vehementemente profetizan, España se rompa. Es como intentar apagar el fuego nacionalista arrojándole gasolina. También, sin darse cuenta o si, con su discurso elevan a la categoría de razonable las teorías de un personaje tan siniestro para España como José María Aznar, que acaba de declarar en Argentina que la sola existencia en España de Podemos es un grave riesgo para la democracia, que acabar con ella son los objetivos de Pablo Iglesias y los suyos.

Eran otros tiempos cuando el PSOE se fundó, lo tuvo que hacer en la clandestinidad y en la clandestinidad aprobó su primer programa. Se fundó para defender los intereses de las clases trabajadoras. Veintiún años después obtuvo un escaño y lo ocupo Pablo Iglesias, convirtiéndose en la primera voz del movimiento obrero español que se pudo oír en el Parlamento. Por aquel entonces solo dos partidos, el liberal y el conservador se repartían el turno en las funciones de gobierno. Tuvo que pasar mucho tiempo hasta que tras los siete años de dictadura militar del general Primo de Rivera, la alternativa republicana, apoyada por el PSOE, triunfase en las elecciones del 14 de abril de 1931, dando lugar a la inmediata instauración de la II República. El PSOE fue entonces fiel a sus ideales y a sus principios y no dudo mucho en pactar con otras formaciones netamente republicanas, una coalición que obtuvo el 90% de los escaños y puso al PSOE al frente de las carteras de Justicia, Hacienda y Trabajo. La unión hizo la fuerza. La unión y unos ideales basados en la defensa de las clases trabajadoras y la justicia social.

Hoy vemos al PSOE entregado en los brazos de un partido de extremo caracter liberal, cuyos intereses van como un torpedo a la línea de flotación de los ciudadanos, y cuando hablo de ciudadanos me estoy queriendo referir a los que realmente lo son. Según el gran republicano Fernando Valera: 

(1)"No todo hombre que vive en sociedad es ciudadano. El esclavo, el siervo, el vasallo y el súbdito, son seres sociales pero no ciudadanos. La ciudadanía implica el disfrute de los derechos y el ejercicio de los deberes políticos, esto es, la facultad de intervenir en el gobierno de la sociedad política". 

Y votar cada cuatro años en unas elecciones generales no es intervenir en el gobierno de la sociedad si no se exige el cumplimiento de los programas expuestos en las campañas, votar así es simplemente elegir a unos gobernantes, no es intervenir en el gobierno de la sociedad, no es ostentar la condición de ciudadanos, el politico que actúa en contra de su programa nos quita esta condición. 

El resultado de las últimas elecciones nos está llevando a oír propuestas y pactos que poco o nada tienen que ver con los motivos que nos impulsaron a votar a una u otra formación en base a las políticas que prometían llevar a cabo, nuestro voto como ciudadanos está siendo arrojado a una papelera. Al final nuestro voto solo será útil para elegir a unos variopintos gobernantes que pactando entre todos traicionaran las políticas a las que en su día los ciudadanos apoyamos con nuestro voto. Habremos dejado, otra vez, escapar la oportunidad de intervenir en el gobierno de la sociedad, delegando el mismo en politicos accidentalistas carentes de los ideales que empujaron a las urnas nuestras papeletas. 

Nadie debe dudar, como duda el PP, que en una democracia como la española el Gobierno debe ser ostentado por la mayoría parlamentaria, y parece razonable y necesario que no se produzcan mestizajes ideológicos entre minorías antagónicas. En este punto me pregunto: ¿Que hace el PSOE pactando con Ciudadanos? Lo lógico para el PSOE estando en minoría sería entenderse con aquellas formaciones que más nitidamente defienden los derechos de los trabajadores, la justicia social, el bien común....sin embargo el PSOE ha elegido a su oposición para intentar formar gobierno. ¿Acaso no es esto un fraude a los votantes socialistas y un desprecio interesado al resto de fuerzas situadas a la izquierda del arco parlamentario? 

El PSOE aceptó el encargo de formar gobierno si, pero desde que lo hizo ha puesto todos los inconvenientes imaginables para que dicho gobierno, un gobierno de cambio, no se haga realidad, tanto hacia la izquierda como hacia la derecha y se ha quedado, en tierra de nadie, sin programa y .....sin ideales, aferrado a un partido cuya ideología deja blandas las tesis falangistas de 1931 y su Movimiento de Salvación Nacional que tan excelentemente aprovecharon los golpistas de 1936.

Si en 1936 la derecha española vestía al comunismo de demonio destructor de España, hoy, 80 años después, el demonio que acabará con todos y con todo es Podemos, así lo pregonan incansablemente desde la derecha y desde los poderes internos del PSOE, temerosos de perder su falsa hegemonía como alternativa a gobernar, con el apoyo de todos aquellos que viven espléndidamente gracias a la injusticia social que existe en España. 

Rajoy, sin el desgaste de gobernar y el que representa el debate con otras fuerzas para intentar formar gobierno, asiste complacido a los resultados de las gestiones del PSOE para formar Gobierno, fumándose un puro y echando balones fuera en los temas de corrupción que lo corroen., espera plácidamente a que el PSOE llame a su puerta, si no es así le da igual, porque sabe que todas las encuestas le dan ganador en la repetición de las elecciones. Sin embargo a Pedro Sánchez no lo queda otra que pactar con Podemos, sus confluencias, IU y conseguir la abstención de algún partido nacionalista, si no lo hace y finalmente la derecha vuelve a gobernar, no solo él, sino el PSOE al completo deberían, no ya refundarse, deberían desaparecer.

Benito Sacaluga

(1) Manual el Republicano. Fernando Valera (1930)


Apunte sobre el republicanismo

Todos cuantos se llaman apolíticos, desconocen o tergiversan el verdadero sentido de la palabra. Todo ideal que aspire a organizar la sociedad humana, con arreglo a leyes o normas ideales de convivencia, es político, y si además estima que esas leyes, para serlo, no deben ser impuestas por un individuo o casta dominante, sino dictadas por el mutuo consentimiento de los ciudadanos, es Republicano, lo mismo si le agrada que si le disgusta el adjetivo. Fernando Valera. 1930
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