Manolo Monereo: “El ‘sorpasso’ ahora es diferente porque queremos ganar al PP”

Manolo Monereo
Miguel Muñoz | Cuarto Poder

La coalición electoral entre Podemos e IU ha despertado ilusión entre muchos políticos. Él representa ese sentimiento llevado a la máxima potencia. Lo deja ver tanto en sus palabras como en sus gestos. Manuel Monereo (Jaén, 1950) tenía entre ceja y ceja la convergencia desde el mismo nacimiento de Podemos. O incluso desde antes. Este ex-dirigente de IU y el PCE, pero con carné aún del partido, ha defendido la unidad por encima de todo. Algo que, reconoce, le ha causado mucho sufrimiento durante los últimos tiempos. Amigo personal dePablo Iglesias, quien le reconoce como “padre político”, concurrirá como candidato por Unidos Podemos en la provincia de Córdoba. 





— ¿Qué le ha llevado a ser candidato? ¿La propuesta surge de Iglesias?

— No es de ahora. Es una propuesta vieja por parte de la dirección de Podemos, no sólo de Pablo. Por muchas razones éticas, estéticas y políticas siempre pensé que nunca me debería presentar en una lista frente a IU. Siendo un fundador de IU, considero que el proyecto fundamental de IU, por el que luché, es Podemos. Por tanto, desde ese punto de vista lo único que me parecía lógico era luchar por la unidad. Ser pontonero en un país de dinamiteros. Muchas noches, cuando nosotros construíamos los puentes, por la mañana había alguien que los dinamitaba. Ha sido una lucha en varios lados entre pontoneros y dinamiteros. Felizmente han ganado los buenos y hemos sido capaces de construir una alternativa para la gente. Democrática, seria y popular. Capaz de sintonizar con la mayoría social. Eso era lo importante y eso fue para mi el núcleo del anguitismo. Por tanto, desde ese punto de vista me siento enormemente satisfecho. Por un lado de que el proyecto avance y de que pueda contribuir en él desde mi tierra.

— ¿Qué ha cambiado para que haya sido posible esta unidad ahora y no lo fuera antes del 20-D?

— Han cambiado las dos fuerzas políticas. En su interior, su hegemonía interna. Sobre todo los relatos internos que había han ido cambiando. Hay un hecho fundamental a mi juicio que ha visualizado la necesidad de cambio. Son estos cuatro últimos meses, de negociación dura y ataques durísimos contra Podemos e IU por parte del complejo mediático que apoyaba el acuerdo PSOE-C’s. Hemos entendido todos que, por un lado, no podían dividirnos los poderosos. Por otro, que teníamos mucha identidad programática y que por último no podíamos ir a unas nuevas elecciones a competir entre nosotros sino contra el adversario común que representan las políticas neoliberales. Estos meses nos han cambiado a todos, nuestro modo de ver las cosas. Pero también en positivo porque se ha demostrado una cosa muy importante, que este país ya no es el que era. Estos cuatro meses hubiesen destrozado a Podemos e IU. Hoy ya hay una masa crítica que no acepta bajo ningún concepto este tipo de ataques y agresiones contra fuerzas democráticas, populares y de hondas raíces sociales.

— En este sentido, en una entrevista que le hicimos el año pasado señalaba que Podemos debía hacer esfuerzos por entender a IU y viceversa. ¿Se entienden ya mútuamente?

— Sí. Sobre todo porque ha aparecido un elemento que nunca se tiene en cuenta. Es el generacional entre Pablo y Alberto Garzón, y puedo decir también entre Íñigo Errejón y Clara Alonso o entreJuan Carlos Monedero y Antonio Maíllo. Hay un complejo generacional de gente que viniendo de tradiciones políticas diferentes se ha dado cuenta con mucha inteligencia de que el país necesitaba una innovación radical. Eso iba más allá de las viejas izquierdas y del alineamiento izquierda-derecha. Es muy importante para interpretar esta sociedad. El elemento generacional de gente que entendía la sintaxis de los movimientos, que se había dado cuenta de que había viejas fórmulas caducadas, se ha terminado imponiendo. Aparte de la cordura, inteligencia y de que los enemigos ayudan mucho a unirte. Todo esto tiene que ver con debates que muchas veces se malinterpretan entre mi posición política y la de Errejón, por ejemplo. Son simplemente manipulaciones de los medios del Grupo Prisa y que pretenden ahondar en diferencias que realmente no existen. Puede haber otras, pero justamente las que hay no son las que a ellos les interesan.

— Precisamente en un reciente artículo suyo señalaba que el objetivo de algunos poderes mediáticos era demoler a Iglesias señalando sus diferencias con Errejón. ¿No existen entonces? ¿No es más proclive el primero a la confluencia con IU que el segundo?

— Lo primero que asombra cuando se habla de Podemos es que no haya más diferencias. Juzgar a Podemos como una fuerza política no es serio y es distorsionador. Podemos es un movimiento complejo donde gentes con diferentes tradiciones están confluyendo. Podemos ya es una confluencia en sí mismo y a su vez se junta con otras fuerzas políticas. Y conforme avanzan se convierten en un gen mutante porque en cada elecciones son un mundo diferente al anterior. No es porque no tengan principios ni ideas sino simplemente porque es el reflejo de un movimiento social que busca una identidad. En el tema de que haya diferencias entre Pablo e Íñigo lo que me asombra es que no haya más. Pablo e Íñigo son dos biotipos políticos diferenciados, en esencia, como personas. Íñigo es un intelectual político. Pablo es un político intelectual. El primero es un hombre de grandes intuiciones, de un discurso muy complejo y sofisticado de la política. Es un lujo para una formación tenerlo porque va más allá del día a día. Pablo no, él tiene que hacer una cosa muy difícil en política que es tomar decisiones. Las toma como puede y en las condiciones que puede. En Podemos hay una síntesis entre distintas experiencias, líneas de investigación, innovación, etc. Pero es un lujo que haya pluralidad o estilos diferentes de ver las cosas. Porque lo que está claro es que el futuro no se va a gestionar con el centralismo autoritario que se ha practicado en el PSOE hasta el presente.

— Señalaba antes que la propuesta para concurrir como candidato se le hace desde toda la dirección. Es decir, ¿no le consta que haya habido discrepancias con esta decisión?

— Una de las primeras personas que me ha felicitado es mi viejo amigo Íñigo Errejón. Es un viejo amigo mío al que aprecio infinitamente. No siempre estoy de acuerdo con lo que dice pero para mí es un lujo para cualquier formación política. A mi me molesta mucho esta locura de tener que elegir entre papá y mamá. Puedes sintonizar como yo con Pablo hasta las cachas pero no significa que tenga que ser enemigo de Íñigo. Estoy convencido de que entre ambos hay más convergencias que divergencias. Pero no solamente eso sino que a mí me apasiona un mundo donde está Xosé Manuel Beiras, Yolanda Díaz, Mónica Oltra, Ada Colau, Xavi Domenech, Gerardo Pisarrello, Jaime Pastor, Teresa Rodríguez, etc. Ese mundo es tan fantástico y emocionante que lo único que se nos puede pedir es que discutamos en serio, que seamos democráticos y que tengamos unidad de acción. Lo que viene es algo que vivo con pasión. Estar en un sitio con tanta pluralidad, tantas cabezas interesantes. Individualmente no somos nada pero todos juntos somos una nueva dirección política en el país. Eso es lo que se está cociendo en este país. Yo vengo de Anguita, es mi tradición de la que me siento orgulloso. Pero vengo también a engarzar con todos los demás para hacer un camino común. Es casi una aventura sentimental lo que estamos haciendo.

— En la entrevista que le hizo Iglesias en La Tuerka le señalaba que él había sido siempre muy leal con IU y que mucha gente tiene otra visión. ¿Cómo explica esto?

— Porque él y yo estábamos juntos en IU para cambiar la IU de Gaspar Llamazarespor otra alternativa. Estas cosas parece que son conspiraciones pero no lo son. He estado siempre muy ligado a Enrique Santiago, que me parece un compañero fantástico. También a Alberto Garzón desde que llegó. Y a Pablo desde que llegó y comenzó a trabajar con nosotros. Todos dijimos después del 15M que o refundábamos IU o se iba a ir al sumidero de la historia porque la sociedad había cambiado y se necesitaba una alternativa. En ese trabajo por cambiar IU estuvo Pablo siempre. Hubo mucha gente que estaba en proyectos diversos que él desmontó porque pensaba que sin IU no había posibilidades de hacer nada. Ahora bien, el día que se dio cuenta que de IU, en un momento de renovación, daba un paso atrás y se repartía los cargos públicos pensó que no había nada que hacer y se fue. A mi me dejó roto como persona y amigo. Pero la vida ha demostrado que el que llevaba razón en ese momento era él y no yo.

— Sobre todo el pasado año hubo mucha tensión verbal entre Podemos e IU. ¿Eso se ha quedado en el pasado? ¿Puede haber militancia que no cierta especial simpatía por uno u otro partido?

— Eso está ahí. Se puede decir que ha generado heridas. Pero creo que las vamos a superar en estas elecciones. Por eso es tan importante la figura de Anguita, porque nos reconcilia a muchos con la política. Se le puede mirar como comunista o izquierdista pero sobre todo el Anguita que aprecian los jóvenes es el intransigente moralmente. Él hizo lo que denomino técnicamente una insubordinación epistémica. El que conocemos no es aquel de Braveheart que nos hacían en algunos programas de televisión donde aparecía como el último numantino o comunista. Ese Anguita existió porque es una persona que no se rinde nunca cuando lo atacan, pero el Anguita que yo conozco es el que dijo un día: “Compañeros, vengo a gobernar y no soy muleta de nadie”. Esa es la insubordinación epistémica, es decir, romper con una cultura política, la de la Transición. Eso es lo que a mi me ha sorprendido también de Pablo.

— Varias veces les ha comparado a ambos en aspectos como la audacia o la fuerte personalidad.

— No se trata de meterse en el relato de dos viejos comunistas que se reencuentran. No porque dejen de ser comunistas, para nada. Pero el Anguita de verdad es un innovador político. Había un compañero, Antonio Romero, que en su época decía que IU era tecnología punta. La IU de Anguita fue así, con innovación, cambio y transformación. Fue un señor que frente a tantos otros que terminaron en Nueva Izquierda y luego el PSOE dijo que salíamos a ganar y gobernar. Y con programa, programa, programa. Eso lo hereda Pablo. El que digo que es discípulo de Anguita no es el Pablo de Braveheart. Es el que igual que Anguita en los años 80 tuvo la capacidad de decir que salía a ganar y conquistar el Gobierno para cambiar el país. Por eso Anguita ha sintonizado con él tan maravillosamente desde el primer día.

— ¿Y qué opina sobre Garzón? El miércoles cuando se conoció su candidatura por Córdoba me dijo que estaba entre los mundos de Iglesias, Anguita y Clara Alonso, pero a él no lo mencionó.

— Para mi es la demostración de algunos de mis errores. Lo quiero reconocer públicamente. Es decir, Alberto ha demostrado, y me cuesta trabajo decirlo, que conocía a IU mejor que yo. Y que su política de paso corto pero continuo ha dado más resultado que lo que yo decía. Por tanto, chapeau para él. Es un valor incalculable. Tener a un marxista convicto y confeso al lado, que a su vez es un gran economista, es una bendición para lo que estamos viviendo. Clara Alonso ha sido mi amiga siempre aún en las condiciones más difíciles. No he hablado nunca bien de ella para no perjudicarla. No le he dedicado artículos, por ejemplo. Pero ha hecho un trabajo tan extraordinario. Ha sido una de las mujeres más capaces, inteligente y con mayor capacidad de consenso que he conocido nunca. En todos estos meses que media IU estaba peleada conmigo y la otra también, ella siempre ha mantenido nuestra relación. Decíamos que Córdoba nos iba a salvar. Lo que yo no me podía imaginar es que mi destino iba a estar también unido a ella en esa ciudad. Ha sido la guardiana de Alberto pero con una característica clave en un político que es decir la verdad al jefe.

— Dice que media IU le odia y la otra también. ¿Le han afectado personal o políticamente algunas acusaciones que usted mismo ha mencionado alguna vez como “traidor” o “podemita”?

— Me ha afectado mucho. En una obra maravillosa que se llama Memorias de Adriano,Marguerite Yourcenar cuenta que el pecado que nunca en política se perdona es acertar antes de tiempo. Por tanto, como sé que acertar antes de tiempo es un pecado imborrable nunca diré nada. Yo diré que he luchado por la unidad y la convergencia. ¿Que se me ha hecho mucho daño? Infinito. Se me ha denigrado y dicho de todo por gente que no debería. Ahora lo que siento es la enorme satisfacción de poder corresponder a los hombres y mujeres de IU en sus esfuerzos conmigo. Porque soy producto de IU. Me reivindico de la IU grande, la de Anguita que nos hizo a todos soñar. Ahora lo que me hace soñar es Podemos-IU, Unidos para el cambio, Unidos Podemos… Lo único que puedo decir que el pasado se quedó en el pasado y que acertar antes de tiempo es un problemón siempre. Pero ni importa, la vida sigue y qué felices seremos cuando seamos la primera fuerza política de este país.

— ¿Cuál es el futuro de ambos partidos después del 26-J? ¿Sigue siendo posible el partido orgánico que tanto ha propuesto?

— Para mí se deben encaminar a la convergencia político-programática, a la unidad de acción, al trabajo común y a buscar fórmulas de unidad más profundas. Pero con el tiempo que necesitamos. Como decía mi viejo maestro italiano Pietro Ingrao,que hablaba del archipiélago de la izquierda. Hay que tener en cuenta que lo que construyamos debe ser federalizado. Es como la isla en un archipiélago, tenemos que unirnos, crear puentes entre las islas. Lo que más me gustaría es que el partido orgánico se convirtiera en partido institucional. Eso no ha ocurrido casi nunca. Hay que trabajar pensando en la mayoría social, en la gente que quiere el cambio y no en los partidismos estrechos de cada uno de nosotros.

— ¿Esto implica una transformación total de IU o el PCE? ¿Un cambio, una disolución?

— Yo defiendo la convergencia total desde la diversidad. Aquí nadie debe ser impedido a cambiar de la tradición de la que viene. Todo lo contrario. Lo que se nos debe pedir es unirnos desde lo que somos. Si no, la unidad no es nada. Pero a su vez hay que ser autocríticos con lo que somos porque a partir de ahí vamos a practicar el mestizaje. La identidad tiene que ser una forma de ver la unidad. Soy partidario del mestizaje y en esto coincido mucho con Íñigo. A un intelectual político no se le entiende casi nunca, me pasa a mí alguna vez. Esto que tiene él de practicar una cierta insubordinación teórica me une a mí a esta idea: que la identidad que construyamos debe ser algo más que la suma de lo que somos. Es a dónde vamos a ir, a una gran fuerza política, seguramente una federación de organizaciones, seguramente con distintas corrientes y formas pero unidad programáticamente y capaces de plantearnos en serio gobernar el país.

— Es usted el teórico del término sorpasso, que está siendo muy utilizado últimamente. ¿Significa lo mismo ahora que en la época de Anguita? ¿Es trasladable?

— El sorpasso fue un término polisémico. En política todo es polisémico. Siempre fue un medio, nunca fue un fin. Era que o desloqueábamos el bipartidismo o no había alternativa de izquierdas en España. Eso fue el anguitismo. Una alternativa de izquierdas no se puede dar mientras haya una derecha que es de derechas y una izquierda que no lo es. Cada elecciones te pedían el voto útil y lo conseguían. Hoy ha cambiado la sociedad. La gente sabe que PP, PSOE y C’s son el poder. En Andalucía todo el mundo sabe que el PSOE es el régimen. Otra cosa es que lo voten o no y alguna gente piensa que más vale malo conocido que bueno por conocer. Hoy la idea nuestra ya no es superar al bipartidismo. Nos lo jugamos con el PP, le queremos ganar al PP no al PSOE. Ese sorpasso ya pasó, es viejo. Es lo que saca Susana Díaz para escandalizar. Ahora vamos a ganar a la derecha del PP, queremos hacer el sorpasso diferente. Para eso hace falta el PSOE.

— Pero el PSOE no parece muy por la labor de acercarse a Podemos. ¿Qué debe pasar?

— Que tengan condiciones para regenerarse. Mi amigo José Antonio Pérez Tapias es el que mejor lo entiende. No habrá alternativa en España sin una regeneración socialista. Sin los socialistas no hay cambio en España pero para eso tienen que ser derrotados Pedro Sánchez y Susana Díaz.

— ¿Qué puede aportar usted como más que posible diputado en el Congreso?

— Lo primero es algo más que el ego, que es volver a mi tierra. Soy un andaluz de Jaén pero he vivido muchos años en Granada y muchos en Sevilla. Y vivo en Madrid con un inmenso amor a la ciudad y al Real Madrid, por cierto. Pero hay algo fundamental que es volver a mi tierra, reencontrarme con los míos. De hecho me iré a vivir a Córdoba, me voy a empadronar allí. Tengo una cosa fundamental porque he vivido Córdoba en los ojos de Anguita. He sido de los privilegiados de este mundo que conoce la ciudad enseñada por él. Lo que pretendo hacer es que el partido institucional se parezca cada vez más al partido orgánico. Quiero la unidad, el Gobierno y sobre todo una organización política que refleje a la ciudadanía, a los que no tienen voz y que nos necesitan. Ese es mi ego, mi inmenso ego, estar a la altura de la dignidad de los que sufren, de las víctimas de la historia, de los que ponen los muertos. Como verás tengo un fundamente cristiano en mi vida, soy ateo, cristiano y comunista. No está mal.

Pedro Muñoz | Cuarto Poder


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