La fractura pasa factura

Unidos Podemos
Rodrigo Vázquez de Prada y Grande | Crónica Popular

“La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero”. La tan citada frase machadiana, puesta en boca de su personaje Juan de Mairena, cobra un sentido especial cuando se analiza lo ocurrido en España del 20D al 26J. La derecha ganó el 26J, y más desahogadamente que el 20D, gracias a quienes se empeñaron en repetir las elecciones. El PP podía haber abandonado hace ya meses La Moncloa. Y, desde entonces, podía haber habido un Gobierno PSOE, CIUDADANOS que hubiera comenzado a aplicar un acuerdo programático que, acostumbrados a mirar la realidad con anteojeras dogmáticas, muy pocos en la autodenominada izquierda real se dignaron comparar con las 50 propuestas de UNIDOS PODEMOS…Sin embargo, jugando a la política – literalmente-, desde una perspectiva seudorrevolucionaria de un lado y populista de otro esa posibilidad real se tiró abajo, oponiéndose a la investidura del candidato y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. La estrategia y táctica de UNIDOS PODEMOS, dirigida más a desbordar al PSOE que a desbancar al PP, hace más posible ahora que meses atrás la continuidad de la derecha en el Gobierno de España. Así de claro.

Con el rechazo, entonces, de PODEMOS y de la llamada “nueva” IZQUIERDA UNIDA liderada por Alberto Garzón a que el PSOE formara Gobierno, los estrategas de ambas formaciones entendieron que era “necesario” celebrar unas nuevas elecciones para tratar de obtener mejores resultados. Dejando atrás la legislatura más corta en la historia de la democracia española tras la dictadura franquista, una legislatura de solo 111 días, había que forzar a las urnas para acomodarlas a sus intereses políticos. Peligrosas veleidades de profesores irresponsables que pretenden convencer a gran parte del país de su elevada responsabilidad ante la Historia. Nada les importó entonces que el denostado PP siguiera en el Gobierno. Tampoco que se perdieran seis meses de Gobierno progresista que podían haber cambiado muchas cosas. Y menos que, para más inri, se dilapidaran cerca de ocho millones de euros en unos nuevos comicios. Por supuesto, a ninguno de los que forzaron otra vez la maquinaria electoral se les pasó por la cabeza que este despilfarro de fondos públicos podía suponer también una peculiar corrupción… ¡Faltaría más!

Esta es una de las conclusiones principales de los resultados electorales del 26J. Y, más aún, de una operación política que se remonta a fechas anteriores a las elecciones al Parlamento europeo, en mayo de 2014, con la aparición de PODEMOS, una operación diseñada en comandita por dirigentes de IU y del PCE con los fundadores del proyecto podemita. Al alimón, unos y otros, habían seguido al pie de la letra el grito de guerra lanzado por el podemita Juan Carlos Monedero, “vamos a triturar a Izquierda Unida”. Juntos contribuyeron a dejar al campo abierto a la formación emergente. Para ello, “desfederalizaron” a IUCM, expulsando de facto a cerca de 5.000 afiliados. Ningunearon al coordinador federal de IU, un trabajador de una integridad y decencia ya fuera de lo común, Cayo Lara. Y, en un primer envite, empotraron a jóvenes ambiciosos afiliados a IU en las candidaturas de PODEMOS a las elecciones autonómicas y municipales.

Una vez conseguido ese objetivo, triturada IU y fracturado en dos el PCE, convertido en caución de izquierdas del populismo, dirigieron al unísono sus baterías contra el PSOE. En 2014, uno de los principales inspiradores de la Operación Podemos planteaba como principal cuestión de la estrategia de la izquierda cómo arrebatar la hegemonía a la derecha sobre las clases populares. No obstante, ufanos ante los resultados alcanzados el 20D, esa estrategia fue modificada sustancialmente, en un giro realmente extraño. Ya no se trataba de disputar la hegemonía a la derecha. Se pretendía poner en marcha de nuevo el sorpasso, la sustitución del PSOE como fuerza hegemónica de la izquierda, diseñado por Julio Anguita ya en los noventa, en su época de coordinador general de IU. La primera tentativa de esta nueva versión del sorpasso tuvo lugar en los comicios autonómicos y municipales. La segunda, el 20D. La tercera, el 26J.

Convencidos de que “a la tercera va la vencida”, durante estos seis meses últimos, se dedicaron con afán a tal fin. Primero, desde PODEMOS se cambió de táctica respecto a IU para lograr un acuerdo programático que justificara una coalición con lo que algunos llaman “la nueva IU”, la liderada por Alberto Garzón. Formalmente, se trataba de articular la formación de lo que, algunos de sus ideólogos, verían como la encarnación del llamado partido instrumental. No obstante, la razón real de la creación de UNIDOS PODEMOS saltaba a la vista. Desde su llegada al Congreso de los Diputados y las histriónicas intervenciones de su máximo líder,PODEMOS se hallaba en una fase de declive, en realidad en caída libre, con una auténtica hemorragia de votos que únicamente podía frenar la alianza con la coalición creada en 1986 al calor de las manifestaciones contra la OTAN.

Para ello, Pablo Iglesias hizo gala de una suerte de transfiguración que únicamente ha convencido a quienes quieren ser convencidos. Así, las vergonzosas descalificaciones lanzadas pocos meses antes contra IU y los comunistas – la videoteca es accesible a cualquiera- fueron rápidamente sustituidas por alabanzas sin ton ni son, tan huecas como forzadas, a “la izquierda de toda la vida”. Todo lo “viejuno” se transmutó en un santiamén en un valeroso pasado y supuesto potencial para la nueva época que él está escribiendo. Con la misma rapidez, pasó a rendir una hipócrita pleitesía a nombres de luchadores sin tacha cuando tan solo unos meses antes motejaba de antiguallas a valerosos militantes contra la dictadura y por la democracia. Y, con una desfachatez inusitada, modificó las señas de identidad de su propio partido, rememorando jocosamente una de las mejores frases de Groucho Marx. De esta forma, terminó convirtiéndose en socialdemócrata y reclamándose la reencarnación de Salvador Allende, entre otros. Toda una operación de peculiar “transformismo”- ¡Ojo, nada que ver con el concepto gramsciano de transformismo!- con el que se dio a conocer un actor y cantante italiano fallecido en 1936, Lepoldo Frégoli, que obtuvo un notable éxito en las tablas con sus cambios de voz, vestuario y registro que le permitían dar vida a muchos personajes distintos en cada una de sus actuaciones.

Toda esta operación pudo hacerla con la ayuda inestimable de los grandes grupos multimedia que lo han venido jaleando desde su irrupción. Grupos de capital fuertemente concentrado y con poderosa penetración del capital extranjero – ATRESMEDIA (La Sexta) y MEDIASET (La Cuatro) – que consideran la información como una mercancía más, utilizan la fortísima capacidad de manipulación de conciencias para difundir masivamente la ideología a cuyos intereses responden,, lamentablemente, están dictando a sus anchas la agenda política española, y han proporcionado un apoyo sin precedentes al encumbramiento de Pablo Iglesias y a la difusión de su proyecto político. Tanto es así que, especialmente agradecido, el líder del populismo español lo ha reconocido sin problema alguno: “PODEMOS no se puede explicar sin las televisiones”. Una de las pocas verdades salidas de la boca de Pablo Iglesias. Y el capital sabe perfectamente lo que hace.

Convertido en un nuevo Frégoli, Pablo Iglesias quiso aplicar al máximo sus conocimientos marketing comunicacional. Sacó provecho a sus continuas comparecencias en distintos programas televisivos, cuidó cada detalle de su estudiada puesta en escena, flanqueado casi siempre por su guardia de corps, y trató de pronunciar en cada momento un discurso sereno, trufado de agradecimientos a los periodistas “por su interesante pregunta”; un discurso sereno solamente quebrado por algún interrogante “impertinente” que, rompiendo bruscamente su medida sonrisa, finalmente, no podía evitar que trasluciera en su rostro una mueca de mala leche.

Al mismo tiempo, el dirigente del populismo a la española pretendió rentabilizar al máximo su ligazón con Alberto Garzón, lanzando a sus votantes el mensaje de la fuerza que encierran lo que suponen las afinidades electivas (Die Wahlverwandtschaften), valga la expresión, si se me permite parafrasear el título de la novela del gran escritor alemán Johan Wolfgang von Goethe. De tal suerte, desde el pasado mes de mayo, en que sellaron su alianza, los líderes de UNIDOS PODEMOS se dejaron fotografiar una y otra vez dándose cariñosos abrazos de “colegas” que, juntos, iban a cambiar el mundo, multiplicaron para los reporteros gráficos sus mejores sonrisas profidén, cada vez más encantados de conocerse, y se mimetizaron hasta en la indumentaria como un elemento más de identificación con sus seguidores, a los que recordaban subliminalmente que Pablo Iglesias podía vestir smoking y pajarita para la gala de los actores pero acudía con su atiendo original, en mangas de camisa y vaqueros arrugados hasta decir basta, a las audiencias del Jefe del Estado, del “ciudadano Borbón”, en demagógicas palabras de Alberto Garzón. Cualquier esfuerzo era poco para lograr el ansiado “sorpasso”, persuadidos los dos de que, como había sugerido triunfalistamente Julio Anguita, “Pablo, ahora o nunca”. Antes de conocerse el escrutinio, y basándose en los sondeos a pie de urna, el mismo Alberto Garzón creyó a pies juntillas que la nueva coalición se encontraba cerca de la mayoría absoluta y que se abría una “oportunidad histórica” para formar “un Gobierno capitaneado por Unidos Podemos”…

Sin embargo, frente a sus deseos explícitos y a pesar de todos los pronósticos augurados por las empresas de sondeos – una de las grandes vergüenzas de estas elecciones -, el PSOE ha resistido la operación de acorralamiento entre el PP y UNIDOS PODEMOS a que fue sometido. Ha perdido votos respecto incluso de los obtenidos el 20D y ha quedado alejado en escaños del PP. Pero ha podido mantenerse en segundo lugar, detrás del partido de la derecha. El intento de sorpasso, producto del odio africano de sus inspiradores contra los socialistas, se ha ido al carajo. Y con esta reedición de una maniobra dejá vu, años atrás, UNIDOS PODEMOS ha perdido más de un millón de votos. Los resultados están ahí. UNIDOS PODEMOS no ha sobrepasado al PSOE ni en votos (380.000 menos) ni en escaños (14 de diferencia). No hubo sorpasso pero sí sorpresazo. Y un cierto batacazo.

La República, el digital fundado por el actual secretario general del PC valenciano, Javier Parra, tituló su crónica del lunes, 27, de un modo contundente: “Los votantes de IU rechazan en bloque la confluencia con Podemos”. Sin haberse recuperado todavía, un tanto noqueados, en los estados mayores de UNIDOS PODEMOS no aciertan a entender lo ocurrido. No les cuadran los resultados. No los comprenden. No comprenden, por ejemplo, que muchos votantes de IU, alejados de las ambiciones de ocupar un sillón mostradas por muchos dirigentes de esta coalición, prefirieran abstenerse de votar o decidieran votar nulo antes que apoyar a una opción peronista como PODEMOS que, después de proclamar urbi et orbi y con machacona insistencia que “ni de derechas ni de izquierdas”, en los últimos meses se reclamaba de las más puras esencias de la izquierda. O que, situados en la tesitura de votar a la versión original de la socialdemocracia, el PSOE, o a una versión impostada, muchos otros prefiriese emitir su voto a favor del partido creado por el tipógrafo Pablo Iglesias en 1879. Máxime cuando, al final de la escapada, ha quedado al descubierto la falacia de quienes, desde algunas posiciones muy en consonancia con esta operación, chantajearon durante muchos años desde dentro de IU a los que proponían acuerdos con los socialistas, blandiendo la acusación de que IU no podía ser “una muleta del PSOE”. Desde luego, está claro que la fractura pasa factura…

Por más que se quiera ignorar, y como siempre ocurre, quien ha perdido más con esta ridícula pirueta de las nuevas elecciones son las clases subalternas, las clases trabajadoras. Las clases más golpeadas por la crisis del capitalismo y la aplicación de las políticas neoliberales. Unas clases que siguen existiendo, a pesar del discurso populista que se reclama como el salvador de la gente en abstracto, ignorando que, como escribió Marx en La lucha de clases en Francia, ”la gente real está dividida en clases”. Es decir, los millones de españoles que precisan un Gobierno que resuelva sus graves problemas y no de políticos de nuevo cuño interesados en copar vicepresidencias y ministerios de naturaleza más controladora que de carácter social. Un espectáculo deplorable.

El problema de fondo es que toda esta operación fue impuesta por los que – con nombre y apellidos muy concretos – desde hace ya muchos años dirigieron a su antojo la dirección federal IU. La impusieron laminando, pura y simplemente, a quienes, desde el compromiso y lucha de muchos años, advirtieron del aventurerismo suicida que suponía sumarse a esta maniobra de un partido atrapalotodo, un tipo de formación política cuyas características ya había analizado en 1964 el alemán Otto Kircheimer. Un partido atrapalotodo como PODEMOS para el que valen más los análisis de un peronista confeso, el argentino Ernesto Laclau, que los análisis de clase, y cuyos dirigentes leen con fruición los libros de quien fue el jurista por excelencia de Hitler, Karl Schmitt. El mismo jurista cuya obra fue la inspiración principal de los constitucionalistas que legitimaron el franquismo y cuyo concepto esencial de lo político reposa en la disyuntiva amigo-enemigo… Para ellos, el enemigo, al que en la dialéctica de Karl Schmitt, como Hans Kelsen subrayaba,“hay que aniquilar”, es el PSOE, al que pretenden – vanamente – sustituir. Que continúe gobernando la derecha, para PODEMOS es irrelevante. Y, tal parece, para quienes representan a UNIDOS también. Eso es análisis de clase…De clase de primero de Facultad.

Un último apunte. A quienes piensan que se pueden pisotear sin problema alguno los valores, principios y objetivos de la izquierda, el 26J les ha dado una lección difícil de olvidar. Julio Rodríguez, ex Jefe del Alto Estado Mayor de la Defensa de 2008 a 2011 y paseado en comparecencias públicas como Ministro de Defensa in pectore en un hipotético Gobierno podemita, perdió nuevamente la posibilidad de ocupar un escaño en el Congreso de los Diputados. El 20D había fracasado ya en su primer intento, en aquella ocasión por Zaragoza. Ahora, su candidatura ha corrido la misma suerte, tras haber sido proclamado cabeza de lista por Almería por decisión directísima de Pablo Iglesias. Los votantes almerienses no olvidaron que, precisamente, Izquierda Unida nació tras las manifestaciones y tomas de posición contra la OTAN. Y este autoproclamado “militar antimilitarista”, al que informes de la embajada norteamericana en Madrid dirigidos a la CIA y hechos públicos por Wikileaks califican de “pro Estados Unidos”, fue quien dirigió a las tropas españolas en la intervención militar de la OTAN contra Libia…Afortunadamente, no solo los elefantes tienen buena memoria.

Rodrigo Vázquez de Prada y Grande 
Periodista. Director de Crónica Popular


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