"Mensaje de Despedida" por Fernando Valera

Fernando Valera
Tras las elecciones generales legislativas de España, celebradas el 15 de junio de 1977, el último presidente de la República en el exilio, Don José Maldonado, y el último jefe de Gobierno, Don Fernando Valera, firmaron en París, el 21 de junio de 1977, la Disolución del Gobierno de la II República en el exilio.

En la declaración se "aceptaba el resultado" de las elecciones generales del 15 de julio, aunque criticaba que la Ley electoral y el sistema de votación no alcanzaban el "arquetipo de pureza democrática" y denunciaban "la incalificable discriminación de la que fueron víctimas algunos partidos republicanos, al verse impedidos de participar en las elecciones", como fue el caso de ARDE (Acción Republicana Democrática Española).  

Aquella declaración institucional que "aceptaba el resultado de las elecciones", se utilizó en los libros de historia, para dejar entre ver que aquellos republicanos que habían luchado durante 38 largos años por la legitimidad republicana en el exilio claudicaban ante el nuevo régimen. Lo cierto es que se cerraba una etapa histórica llena de dignidad y honor con un sabor agridulce.

Posteriormente, el 1 de julio de 1977, Don Fernando Valera Aparicio (1899-1982), escribió un "Mensaje de despedida", manifiesto poco conocido para el gran público, pero que corregía algunas de las dudas que dejaba la anterior Declaración de la disolución del Gobierno republicano en el exilio. Aquí transcribimos algunas de las líneas más interesantes de ese importante documento histórico.

"El régimen franquista estaba condenado a diluirse en una democracia libre -a mi juicio en una democracia republicana- que con otros hombres y con otras leyes no será sino lo que quiso ser, y no le dejaron ser, la República de 1931", escribe Valera. 

"Nuestra decisión de dar por terminada nuestra legitimidad institucional (Gobierno de la II República del exilio), no ha sido una decisión que voluntariamente hayamos adoptado, ni menos una renuncia al cumplimiento del deber, sino el simple reconocimiento de un hecho histórico", añade.

"Erróneamente, a nuestro juicio, el pueblo español se ha avenido a expresar su voluntad actual concurriendo mayoritariamente a una consulta electoral que no reunía las condiciones previas de autenticidad, ni por el Poder ilegítimo que la convocaba, ni por el marco legal en que había de desenvolverse; pero lo cierto es que el consenso general de la opinión pública, quizás intoxicada por una hábil propaganda dirigida de la prensa monarquizante, la ha aceptado como válida", continúa.

"El parlamento así elegido es, pues, objetivamente, una nueva legalidad de hecho y derecho, que yo, demócrata convencido, no puedo ni debo desconocer, en virtud de un criterio subjetivo y carismático que suplantaría la voluntad expresa de la nación", comenta.

"En pura doctrina democrática, el pueblo es el único titular de la soberanía, y el que con su consenso legitima las Instituciones, aunque a mi juicio personal se haya equivocado concurriendo a las pasadas elecciones, y aún cuando éstas hayan sido convocadas en el marco de una ley fabricada expresamente para escamotear la auténtica voluntad de la nación. Pero mi criterio personal no puede honradamente suplantar al voto inmensamente mayoritario del cuerpo electoral. El soberano es el pueblo; quédese, pues, el pueblo con su soberanía, que es suya, y yo me quedaré a solas, una vez más con mi dignidad de ciudadano, con mi manera de entender el patriotismo, y con mi lealtad a la República, porque estas prendas constituyen mi patrimonio personal e intransferible, anterior y superior a todos los vaivenes de la política y a todos lo poderes del Estado", razona.

"A pesar de que el consenso público ha dado por válida la consulta electoral prefabricada, el 15 de junio, con una ley y un mecanismo concebidos para escamotear la pureza y proporcionalidad del sufragio, con un electorado al que se le ha sustraído la decisión fundamental sobre la forma de Estado (referéndum), insuficientemente ilustrado sobre la misma y sugestionado o hipnotizado por una propaganda parcial y escandalosa, coaccionado, en fin, por la tácita amenaza de una posible intervención de las Fuerzas Armadas, yo, personalmente, sigo creyendo que España es, y mañana será, republicana. O no será nada, añade.

Don Fernando Valera, finaliza evocando un episodio de la vida de Simón Bolívar, en el cual El Libertador retirado tras una grave derrota militar, al abrigo de los Andes, reducidas sus huestes a un puñado de leales, alguien le pregunta: Y ahora, ¿qué vamos a hacer? A lo que el héroe replica: Ahora, vencer. Y de ahí salio la libertad de América. 

"Yo invito a todos los republicanos y republicanas a que sigamos el ejemplo de El Libertador, no cejando en nuestra empresa hasta ver restablecida de veras en España la libertad y la democracia, es decir, la República", sentencia.

Eco Republicano


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  • Date : 3.7.16
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