14 de abril de 1931, la primavera republicana

14 de abril de 1931, la primavera republicana
Héctor Braojos Muñoz | @hectorbraojos

En este 2016 se cumplen 85 años, desde 1931, de cuando se proclamaba la II República en España, cocida a fuego lento por el devenir de la historia. No fue una nueva realidad estatal que rompía con el cargo medieval del Rey de la noche a la mañana. Aunque del 11 de febrero de 1873, hasta el 29 de diciembre de 1874, España ya había pasado por esta situación que hacía a los ex súbditos mayores de edad para gobernar sus destinos a pesar de los sufragios dirigistas, censitarios y excluyentes. No obstante, jamás un periodo anterior como la II República marcaría tan profundamente la esencia de las fuerzas progresistas, revolucionarias y democráticas con todas sus luces y sombras.


El Rey desahuciado de sus palacios fue Alfonso XIII (1886 – 1941), tras casi 29 años desde que tomó poderes efectivos de su papel en la monarquía, con un turbulento reinado lleno de desafíos que afectaban al orden tradicional y burgués de España. La escasa calidad democrática que excluía a las mujeres y la representación real de amplios sectores de los trabajadores, la pobreza estructural que sufrían las clases populares, especialmente campesinos, la pérdida prácticamente total de España como potencia colonial con el recuerdo del 98 en Cuba, Puerto Rico, Guam y Filipinas, junto al auge del nacionalismo vasco y catalán, amén del movimiento obrero, harían precipitar la caída de Alfonso XIII que ya de por sí tenía también abiertos los frentes de Marruecos y el apoyo a la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1870 – 1930), generando en total un rechazo que fue poco a poco colmándose como un vaso que se llena a gotas de todo tipo de lluvias.


La agonía del régimen de la restauración vino precedida de una continua inestabilidad, pasos en falso y una lucha sindical en la calle que se hacía notar con enfrentamientos armados entre trabajadores y la patronal, estos últimos protegidos por las fuerzas de orden público. Entre 1917 y 1923 (comienzo de la dictadura) hubo 23 crisis de gobierno que no facilitaban rumbos que seguir en un proyecto de nación concreto, algo que acabó por determinar conspiraciones militares que se agruparon en dos líneas, la primera pretendía disolver las Cortes y quitar poder a la oligarquía para dárselo a las clases medias. Por otro lado, la facción madrileña con la que entró en contacto Primo de Rivera, pretendía recoger las aspiraciones de África sobre Marruecos, con un gobierno fuerte (siendo mantenida la monarquía) que controlara al movimiento obrero y revolucionario que tenía una mayor presencia en los centros de trabajo.

El apoyo abierto de Alfonso XIII a la dictadura, la represión, la censura y el poder autoritario de Miguel Primo de Rivera acabó desprestigiando aún más al Borbón.

El golpista Primo de Rivera, que se había pronunciado militarmente en Barcelona el 13 de septiembre de 1923, ahuyentaría a las libertades civiles a bases de leyes antidemocráticas, primero en el Directorio Militar (1923 – 1925) y después en el Directorio Civil (1925 – 1930), manteniendo así en suspenso los preceptos constitucionales y legislando por decreto.

A medida que perdía apoyo Miguel Primo de Rivera, crecían los grupos de la oposición de toda índole política. Se fue generando un rechazo propagado especialmente por el movimiento obrero y los intelectuales, ya que a pesar de que estos últimos no aceptaran el régimen nunca, se vieron directamente atacados con la destitución de Unamuno como rector de la Universidad de Salamanca y su posterior destierro. Hubo revueltas universitarias en el curso 1928-1929 que se saldaron con duras represiones y el cierre de la universidad.

Por otra parte, los militares de la Península fueron gestando un crucial descontento por el favoritismo de la dictadura a los militares de Marruecos.

Todo ello fue precipitando sucesos, desencanto político y protestas continuas, de modo que el 30 de enero de 1930, Alfonso XIII aceptó la dimisión del dictador Primo de Rivera, encargando al militar Dámaso Berenguer la formación de gobierno.

En agosto de 1930 se constituía el Pacto de San Sebastián, otro varapalo para la Corona, reuniéndose fuerzas políticas para forzar un cambio de estado hacia la República. La reunión daría salida a dos vertientes, una revolucionaria con el fracaso del pronunciamiento militar en Jaca en diciembre de 1930 y otra política, que, entre mítines y prensa, lograron acabar definitivamente con el maltrecho prestigio de la acorralada monarquía que contaba cada vez con menos simpatías principalmente en las ciudades.

Los gobiernos de Berenguer y más tarde Aznar, pretendían volver gradualmente a un ambiente democrático perdido con la dictadura, pero las ansias de cambio y las convulsiones políticas manifestadas en todo tipo de actos, arrojaron una visión potente de las urbes aliadas con el nuevo concepto republicano que se planteaba desde la oposición frente al viejo orden borbónico, cuyo apellido estaba totalmente enturbiado.

Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 se celebraron de forma censitaria con una abrumadora victoria monárquica a pesar del malestar generalizado. Se elegían a unos 80.000 concejales en todos los ayuntamientos de España, de ellos, 22.150 eran monárquicos y 5.875 republicanos.

Las elecciones fueron planteadas de forma plebiscitaria para elegir entre monarquía o república, y aunque el apoyo mayoritario a la monarquía fue incuestionable, en los núcleos urbanos, la derrota para la Corona fue total, ya que la República triunfaría en 41 capitales de provincia. En la ciudad de Madrid los concejales republicanos triplicaban a los monárquicos y en Barcelona los cuadruplicaban.

El desapego de las ciudades hacia la figura del Rey fue palpable en un ambiente de cambio de régimen y apoyos masivos en manifestaciones por la República.

El 13 de abril, al día siguiente de esas históricas elecciones (primeros comicios desde 1922), el almirante Aznar presenta su dimisión y la mayoría del gobierno aboga por entregar el poder al formado Comité Revolucionario.

El 14 de abril en Eibar (País Vasco) ya ondeaba la bandera tricolor desde la mañana, siendo la primera ciudad en alzarla. El mismo día, el Rey, acabado políticamente, reúne a sus ministros para encargar el traspaso de poderes al Conde de Romanones y presenta su renuncia al trono de España.

A las 7 de la tarde, el presidente del Comité Revolucionario, Niceto Alcalá Zamora, proclama oficialmente la II República Española mientras que el Comité se transforma en Gobierno Provisional. Zamora seguiría en el poder hasta octubre de 1931, siendo sustituido por Manuel Azaña.

El gobierno provisional estaba conformado por varias corrientes políticas como el Partido Reformista Radical, Derecha Liberal Republicana, Partido Reformista Radical, Acció Republicana de Cataluña, el PSOE, Acción Republicana o el Partido Republicano Radical-Socialista, entre otros.

El Rey, que no podía garantizar su seguridad personal ante tamaña cuestión histórica, optó por abandonar el país, camino del exilio. Por la noche viajó en automóvil a Cartagena donde embarcó en el buque de la armada Príncipe Alfonso.

El 15 de abril quedaba conformado el gobierno republicano y dos días después, el 17 de abril, el ABC publicaba una carta de Alfonso XIII donde reconocía que ya no tenía el amor de su pueblo. El Rey jamás renunciaría a su derecho al trono desde el exilio, abdicaría el 15 de enero de 1941 en su hijo Juan y fallecería en Roma ese mismo año un mes después.

Quedaba por tanto sentenciado el destino histórico de la República sin derramamiento de sangre a pesar de convivir en una auténtica era de conspiraciones, golpes de estado y represiones terribles. El horizonte republicano echaría a andar, saliendo de un auténtico periodo de crisis, autoritarismo e inestabilidad hacia un estado democrático que no se despegaría de viejos vicios tradicionalistas en muchas ocasiones a la par que cedería una oportunidad para el progreso, la democracia universal con el voto femenino, la lucha contra el analfabetismo, las mejoras laborales, la reforma agraria, derechos sociales como el divorcio o el aborto, la separación total de la Iglesia y el Estado o la consolidación de los servicios públicos.

La República tendría apenas 5 años para empezar cambios en España, especialmente profundos con la victoria democrática del Frente Popular en 1936 que acabaría sufriendo una reacción militar asociada a los nostálgicos del viejo orden y la admiración al fascismo que crecía sin parar en Italia y Alemania.

Hay que recordar, lejos de mitificaciones, que la República no tuvo siempre gobiernos de izquierdas o un estado preocupado por la clase obrera, a menudo fue tachada de burguesa y reaccionaria contra episodios contrarrevolucionarios que protagonizó. No obstante, jamás un periodo tan breve, incluyendo principalmente la defensa del estado democrático contra el golpismo desde 1936 hasta 1939, habría de conmover los corazones al mundo por sus esfuerzos de cambiar el rumbo de la historia, radicalizada en su lucha contra la pobreza y la desigualdad, enmarcada en un entorno internacional atrasado en muchos aspectos comparados con los aires libertarios y comprometidos con los humildes que se anunciaban en la promesa de lo que pudo ser y no fue. 

La República, en su recta final, fue un sueño histórico de libertad, igualdad, fraternidad y protagonismo de la clase trabajadora que estalló por los aires y no se pudo cumplir por la rebelión golpista que fue el culmen de un intenso enfrentamiento de un país cada vez más polarizado que sufría una política totalmente influida por los acontecimientos internacionales como la fortaleza de la URSS, Alemania o Italia, que representaban el triunfo de la revolución comunista y el auge del fascismo, desembocando en la guerra civil, quizás la pugna más sangrienta y espantosa que ha sufrido España, acompañada de la represión franquista, el terror y el atraso que acabaría haciendo volver a girar el timón de la historia hacia los puertos de la dictadura de los que zarpó en 1931 deshaciendo millas emancipadoras.

Héctor Braojos Muñoz

Web del autor: tribunahistorica.com

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