Cicerón y la República

Marco Tulio Cicerón
"La República es la cosa del pueblo; y el pueblo no es el conjunto de todos los hombres reunidos de cualquier modo, sino la reunión de una multitud, asociada en virtud de un consenso sobre el derecho y de una comunidad de interés". Marco Tulio Cicerón

El concepto clásico de República se lo debemos a Marco Tulio Cicerón. En su célebre libro titulado, La República, éste se pregunta a sí mismo: ¿Qué es la República? Y contesta: la cosa del pueblo (res-publicae). A continuación sigue el interrogatorio consigo mismo: Y, ¿qué es el pueblo? A lo que responde: el pueblo es la muchedumbre agrupada en torno a la justicia.

Tal definición constituye en sí misma un programa ético. La República es un marco moral para las relaciones humanas en la ciudad, para la ordenación de lo común de acuerdo a la virtud de la justicia. Aquí debemos hacer tres consideraciones: 

La primera es la idea de totalidad: la República nos incluye a todos. 

La segunda tiene que ver con lo que podríamos llamar principio de subjetividad. El pueblo cobra existencia para la acción colectiva como un sujeto, se articula para actuar en lo común. 

La tercera guarda relación con la limitación de la subjetividad del pueblo: éste debe someter su voluntad al orden moral. Tiene límites. Por eso debe agruparse en torno a la justicia, como señaló Cicerón. De lo contrario sería meramente muchedumbre, pero no sujeto de genuina vida republicana.

Esta última consideración nos pone frente a una gran verdad de la filosofía política: las Repúblicas pueden dejar de existir. ¿Y cuándo deja de existir una República? Cuando el pueblo, bien por causa externa, bien por causa interna, se desarticula y no se agrupa en torno a la justicia. Cuando la injusticia se convierte en la medida de lo humano. Cuando son la fuerza y la voluntad, y no la justicia y la razón, la vara de la convivencia en ciudad. En ese momento cesa la existencia de la República. Pero también cesa la existencia del pueblo (no de la sociedad). Las muchedumbres se devuelven a un estadio moral inferior que es la mera agregación de sujetos individuales o de grupos no eslabonados para la vida común.

Así las cosas, hemos de tomar ocasión del pensamiento de Cicerón para afirmar que en España, como resulta patente, no hay República, sino una monarquía parlamentaria heredada del franquismo golpista. La República, la perdimos, y con ella perdimos la plena democracia que ganamos el 14 de abril de 1931 cuando el poder popular emanado de urnas, permitió que la jefatura del Estado fuera asumida por las Cortes, formándose un gobierno provisional al servicio de la República y del pueblo, dando forma a un modelo democrático, contitucional y de derecho.

El golpe militar fascista del 18 de julio de 1936 y la posterior guerra civil, acabaron con aquella República legitimada en las urnas. Imponiendo al pueblo español una dictadura fascista de 40 largos años. Tras la muerte del dictador llegó una monarquía también impuesta, sin referéndum sobre la jefatura de Estado. 

Es decir, el franquismo no murió con la muerte del dictador, porque el modelo de Estado surgido de la Transición estuvo basado en imposiciones de los poderes fácticos surgidos de la dictadura ilegal y golpista, sin ruptura, basado en la impunidad y consolidando los privilegios adquiridos de la dictadura. A estas vicisitudes hay que sumarle que en España todavía hoy no se ha ilegalizado ni juzgado los crímenes cometidos por el franquismo.

Hace 80 años que España, dejó de estar agrupada en torno a la justicia y la plena democracia. Hoy tenemos, por el contrario, a una muchedumbre dueña del poder absoluto del país que está congregada alrededor de la injusticia, de la mentira y la corrupción; y que además, pretende hacer vivir a la otra parte del país en la miseria, la podredumbre y la injusticia.

Por esta razón, la más importante tarea ciudadana de todos los españoles es congregarnos en torno a la justicia, volver a existir como pueblo. No se trata solo de derrotar al régimen. Eso hay que hacerlo porque la monarquía es la negación de toda pretensión republicana. De lo que se trata es recuperar nuevamente la soberanía popular, la justicia social y la dignidad como pueblo, y esto, sólo es posible con la llegada de la República que saque al país del atraso y oscurantismo.
Cicerón y la República
  • Comenta con Blogger
  • Comenta con Facebook
Top