¡No a un Gobierno del Partido Popular!

¡No a un Gobierno del Partido Popular!
Víctor Arrogante | Eco Republicano

Quiero sumarme a la reflexión que la organización República en Marcha hace, sobre la conveniencia de que ni Mariano Rajoy ni ningún otro miembro del Partido Popular vuelvan a gobernar en España. Alzo de nuevo mi voz, ante la necesidad de recuperar la movilización social, para construir una alternativa global al sistema.

Las elecciones del 26 de Junio confirmaron el avance de los sectores populares en los últimos años. No ha sido suficiente para derrotar a la derecha, incluso se ha producido un ligero retroceso en el apoyo a las fuerzas políticas de la izquierda y un pequeño avance en el PP. Lo que si es cierto es que el llamado «bipartidismo» ha perdido su hegemonía, dando paso a una mayor diversidad representativa y debe mantenerse. De no invertirse la tendencia en el asenso de la derecha, por mínimo que sea, podría producirse una recomposición del consenso político de los partidos que se ofrecen para gestionar los intereses del poder económico. Ya vemos como, importantes sectores y personalidades, desde dentro y fuera del PSOE, presionan y piden sin ambages que se deje gobernar a Rajoy. De ser así, se abriría un nuevo periodo de recortes sociales, auspiciado por la Unión Europea del capital, y una consolidación de la precariedad laboral, los bajos salarios y la pérdida de derechos y libertades.

En estos últimos años, se ha producido un auge de la protesta y movilización social, centrada sobre todo en la resistencia al empeoramiento general de las condiciones de vida y del trabajo, fruto de la crisis económica y a la política de recortes sociales, requerida por el capitalismo internacional; ejecutada inicialmente por el gobierno de Rodríguez Zapatero y con mayor dureza por el PP. Pero ¿qué ha pasado con el auge de la movilización social? Los temas sociales y la crítica a la austeridad fueron los principales temas de las protestas. El ciclo de protesta, que alcanzó su pico en el año 2013, parece estar en fase de desaceleración. A partir de un momento determinado la protesta social comenzó a perder intensidad de manera rápida, para colocarnos en la actualidad a niveles de protesta de 2007/2008 y sigue habiendo razones para protestar.

Las movilizaciones y protestas tuvieron una influencia directa en la aparición de denuncias por casos de corrupción, cierto enfrentamiento entre el poder político y judicial, visualización de la crisis económica, escaramuzas a través de periódicos y revistas especializadas de grandes y medianos empresarios con el poder financiero, cuestionamiento de la monarquía y abdicación de Juan Carlos, e incorporación al campo contestatario de buena parte de la llamada clase media, cada día más perjudicada.

El estado general de protesta y descontento influyó en el crecimiento del nacionalismo en Catalunya, creó un rechazo ciudadano contra los bancos y sus desahucios; hizo que una parte importante de la base electoral del PSOE –la más obrera y comprometida con el socialismo– girara hacia la izquierda e incluso que algunos ayuntamientos socialistas prestaran cobertura a las Marchas de la Dignidad. La protesta y movilización social facilitó un avance importantísimo de las candidaturas contestarías al sistema en las elecciones de Mayo del 2015, ganando en ayuntamientos importantes como Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, A Coruña o Cádiz.

Es necesario reactivar las movilizaciones, estableciendo unos objetivos políticos unitarios, para evitar retrocesos ante falta de alternativas globales al sistema. Cuando los ánimos eran más receptivos, a dar forma política al descontento social, surgió Podemos, que consiguió desviar la protesta en las calles, hacia cauces electorales, sin escapar, ni ideológica ni culturalmente, a la influencia de la clase dominante, a la que ellos llaman «casta», ni superar los prejuicios típicos de las clases medias tradicionales. Como declaraba Pablo Iglesias, «en el PSOE hay gente que no nos quiere ver ni en pintura».

Hay que huir de la confusión de «ganar la hegemonía ideológica» con exhibir gestos intrascendentes, y «ser alternativa política para un cambio social» con lograr diputados a toda costa, aunque sea adaptando las propuestas políticas a lo que es aceptable para una parte de la sociedad atrapada en los conceptos ideológicos de la clase dominante. A pesar de todo, el surgimiento de Unidos Podemos, como fórmula electoral unitaria de las fuerzas de izquierdas, señaló el camino que hay que proyectar al terreno de la movilización social. Ahora la unidad de la izquierda se tiene que plasmar en un acuerdo de gobierno que impida que el PP se mantenga en el poder. Un PP que no se parece en nada a las derechas clásicas liberales o demócrata cristianas de Europa, sino que procede directamente del franquismo y de los vencedores de la Guerra Civil

Para República en Marcha, el objetivo inmediato es conseguir el escenario más favorable posible para construir una alternativa política, para desplazar a la derecha reaccionaria del poder político. Para conseguirlo, cualquier acción pasa por recuperar la movilización y la protesta social:

«Primero. Volver a activar la movilización social, procurando que los trabajadores aparezcan como clase social con intereses específicos. Sin que los trabajadores sean el núcleo del movimiento ciudadano, toda protesta puede orientarse hacia ninguna parte.

Segundo. Evitar que la oligarquía recomponga su unidad a través del consenso político de los partidos que se postulan para gestionar sus intereses. En ese sentido hay que evitar a toda costa la formación de un gobierno del PP, o en torno al PP con la complicidad del PSOE; ya no solo porque pasaría aplicar de nuevo una política antisocial y reaccionaria, sino también por la resignación que puede provocar.

Tercero. Dado que es previsible que cualquier gobierno –incluso si el PP no forma parte de él– se someta a las presiones de la UE, y por tanto intente aplicar los recortes requeridos por los grandes capitales, o a lo máximo una versión dulcificada, es necesario oponer una fuerte resistencia obrera y popular, reivindicando la soberanía de los pueblos frente a la Europa de los grandes capitales.

Cuarto. Impulsar una Unidad Popular que concluya en una alternativa para desalojar a la oligarquía del poder. Además de elevar el nivel político de los movimientos que expresan su protesta en la calle; es necesario poner en marcha encuentros de amplia participación, con el objetivo concreto de trabajar una alternativa política a la monarquía en la que se resguardan los intereses de la oligarquía.

Quinto. Buscar la solidaridad y la colaboración de los trabajadores y pueblos de Europa, en la batalla común que estamos librando contra el capitalismo neoliberal».

Por todo esto y alguna cosa más, ¡No a un Gobierno del Partido Popular!

Víctor Arrogante
En Twitter @caval100
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