Ricardo Zamora, "El divino".

Ricardo Zamora, "El divino"
El 21 de enero de 1901 nacía en Barcelona el mejor portero español de la historia, Ricardo Zamora, apodado "El divino". El balón lo enamoró a tal grado que traicionó la promesa hecha a su padre de que dejaría el fútbol para seguir con su carrera de médico. Defender los tres palos de su escuadra era más tentador que la medicina. 

Inició su carrera en el Espanyol para luego pasar por Barcelona y recalar en el Real Madrid en 1930, después de un traspaso millonario, el más elevado de la época, de más de 100.000 pesetas. A nivel de selecciones participó con el combinado catalán y con la selección española. En los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920 obtuvo la medalla de plata, además de ganarse el apodo, El Divino, con el que pasaría a la historia.

La carrera deportiva de Ricardo Zamora camina en paralelo a la eclosión del fútbol español. Los dos van de la mano, evolucionando y transformándose mutuamente. Con el Madrid ganará dos Ligas (1932 y 1933).

En 1934, tras una portentosa actuación en la Copa del Mundo de Italia, se convierte en leyenda. España no logra superar los cuartos de final por culpa de un arbitraje mediatizado por la política (Mussolini tenía muy claro quién debía ganar aquel Mundial), pero hasta sus rivales se rinden a la evidencia. En aquella ocasión España no logró empatar con los 'azzurri' a pesar del casero y lamentable arbitraje. Las crónicas cuentan que ese día atajó todo lo imparable, por lo que los italianos tuvieron que agarrarle para lograr marcar el tanto del empate. Pero al día siguiente España cayó en el partido de desempate, ya sin Zamora en la portería por haber terminado lesionado el primer duelo

A su regreso es recibido como un dios. Nace su nuevo sobrenombre, El Divino; y otra expresión para la historia: "Solo existen dos porteros: San Pedro en el Cielo y Zamora en la Tierra". 

El 20 de noviembre de 1934, en un partido homenaje disputado en Chamartín entre las selecciones de España y Hungría (6-1), recibió la "Orden de la República" de manos del Presidente Don Niceto Alcalá Zamora.

Orden de la República

En febrero de 1936, en un partido entre las selecciones de España y Alemania jugado en el estadio de Montjuit en Barcelona. Los germanos escucharon el himno haciendo el saludo nazi, algo que irritó profundamente al portero. A continuación sonó el Himno de Riego y Zamora, con el puño izquierdo levantado, lo cantó de forma ardorosa. 

El 21 de junio de 1936, apenas unos días antes del golpe de estado contra la República, Ricardo Zamora dejó una de las actuaciones más gloriosas que se le recuerdan. Sucedió en la final de Copa de la República que disputaron el Madrid y el Barcelona en Valencia. Ganaban los merengues 2-1 que resistían como podían el empuje de los azulgrana. Entonces el balón llegó a Escolá que desde la frontal soltó un derechazo que atravesó como un cohete el área en dirección al palo izquierdo de la portería blanca. Todo el mundo dio por seguro el gol. Pero Zamora y sus 35 años decidieron lo contrario. El portero se lanzó como un gato y su brazo izquierdo detuvo la pelota y permitió el triunfo del Madrid. La fotografía, con Zamora volando por encima de la nube de polvo que levantó el balón en su trayectoria, es una de las imágenes imprescindibles de la historia del fútbol español. Aquella tarde salió, como tantos otros días, a hombros del estadio.

Famosa parada de Ricardo Zamora

Al inicio de la Guerra Civil española, permaneció escondido. Ricardo Zamora no parece adscrito a ninguna ideología. Pero, le preceden diversos gestos que le costarían dudas y penurias. La complejidad del conflicto le jugó algunas malas pasadas. Por aquel entonces, se había iniciado como colaborar del diario YA, de tendencia monárquica y católica. Es por ello, por lo que estas vinculaciones le ponen en el punto de mira de la República, razón por la que sería detenido. Tras la intercesión de gobierno argentino fue liberado y marchó al exilio, estableciéndose en la ciudad francesa de Niza

El 15 de agosto del 36 el diario francés L’Echo de Paris publicaba que “Ricardo Zamora había sido fusilado en Madrid a manos de los comunistas por su relación con los monárquicos”. Dos días después el Mundo Deportivo reproducía la información sin darla como cien por ciento confirmada.

La noticia fue aprovechada por el teniente general Gonzalo Queipo de Llano, uno de los líderes del bando nacionalista. El asesinato de Fernando García Lorca por parte de los rebeldes, supuestamente por orden directa de Queipo, se podía convertir en un problema a nivel nacional e internacional. En un discurso radiofónico emitido el 20 de agosto, el militar rebelde arremetía contra los mandos republicanos achacándoles la muerte de “el pobre Zamora, guardameta nacional” desviando la atención a su favor.

La noticia traspasó fronteras y llegó hasta Jules Rimet, presidente de la FIFA, quien ordenó se guardará un minuto de silencio en memoria del jugador español durante la celebración del Comité Ejecutivo.

Distintas informaciones contradictorias fueron publicadas en los meses siguientes. La verdad era que Zamora se encontraba encarcelado en la prisión barcelonesa de Modelo. Su fama jugó a su favor y de alguna manera logró salir de la cárcel y con la participación de la embajada Argentina salió de España junto con su esposa e hijo a bordo del crucero argentino Tucumán, con dirección a Marsella. De ahí viajó a París donde se instaló temporalmente.

La guerra lo persiguió hasta la ciudad parisina. Una declaración al periódico francés Sport le ganó nuevamente el rechazo de unos y otros. “Si hiciera política sería siempre a servicio del pueblo, a su favor. Decid en España que yo no soy fascista, que mi único deseo es regresar a trabajar”. Tanto nacionalistas como republicanos tomaron sus palabras como una afrenta y como una muestra de que buscaba quedar bien con dios y con el diablo.

Regresó a España antes de finalizada la guerra, con la victoria de Franco casi asegurada. Fue detenido a su reingreso pero puesto en libertad rápidamente, nuevamente gracias a su fama. Años después del final del conflicto fue condecorado por el dictador Franco, añadiendo otra polémica a su particular relación con la política, la Guerra Civil y la dictadura.

Se inició como entrenador en el banquillo del Atlético Aviación, hoy Atlético de Madrid, con el que obtuvo sus únicos títulos como preparador, las ligas de 1940 y 1941. Posteriormente pasó por Celta, Málaga, las selecciones españolas y venezolanas y el Espanyol en dos etapas.

Fue el primer jugador mediático del fútbol español. Se ganó la fama mundial debido a su enorme calidad, ya fuera en Sudamérica por una gira con el Espanyol o en Europa con sus actuaciones en la selección. Fue de los primeros actores-futbolistas gracias a su participación como protagonista en dos películas, Por fin se casa Zamora (1926) y Campeones (1941).

Fallecido en 1978 a causa de un problema pulmonar, será recordado como el mejor portero español de la historia (El trofeo al mejor portero de la liga lleva su nombre). Sin embargo, aun después de su muerte no logró desmarcarse de la guerra y su voraz sombra.

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