¡Viva la inteligencia!

¡Viva la inteligencia!
Javier Pérez de Albéniz | Cuarto Poder

Los legionarios están muy cabreados. Y como son 100.000 el número de miembros de la Hermandad de los Legionarios la cosa no parece asunto baladí. Con sus tatuajes desenfocados, sus pechos palomo y su cabra endomingada, esos 100.000 legionarios enfadados son el ejemplo viviente de lo que un día gris y tenebroso fuimos, de lo que nos observa desde la oscuridad del fondo del armario, de aquello que parece muerto pero aún no está enterrado. El reducto altivo de nuestro pasado más triste.

Me gustan los legionarios, su sinceridad y honradez. A diferencia de muchos políticos que se autodenominan de centro derecha, los legías no intentan disimular su condición primitiva, sus ideas ultraconservadoras, su desprecio por el progreso. Orgullosos de su negra historia, sus funestos ideólogos y sus principios cavernícolas, resultan entrañables en su simpleza. Estos días han asomado el hocico, cosa que hasta ahora sólo hacían el día de las fuerzas armadas, para hacer una petición formal a la alcaldesa de Madrid: quieren que Manuela Carmena no quite la calle a Millán Astray, al que consideran “un referente”.

¿No le parecen tiernos? Yo me los comería. Se han mosqueado porque, cumpliendo la Ley de Memoria Histórica aprobada hace nueve años, la calle dedicada al fundador de la Legión pasará a llamarse calle “Inteligencia”. Y han pillado la ironía, los muy ladinos. Recuerde que José Millán Astray fue el energúmeno que, en la bronca con Miguel de Unamuno que tuvo lugar el 12 de octubre de 1936 en la universidad de Salamanca, escupió aquello de “¡Viva la muerte! ¡Muera la inteligencia!”.

¿Muera la inteligencia? ¿Viva la muerte? En esta España nuestra un filósofo del calibre de Millán Astray no debería tener una calle, ni una plaza, ni siquiera una rotonda. Debería tener un campo de fútbol, de primera división, o al menos un aeropuerto. Ya estoy viendo su nombre en letras gigantescas, quizá de neón, iluminando la noche madrileña desde la fachada de lo que fuera elSantiago Bernabéu. O desde el “lado aire” de la Terminal 2 del otrora aeropuerto Adolfo Suárez.

Los legionarios actuales piensan que la leyenda negra de Millán Astray es exagerada y no se ajusta a la realidad: el tuerto más famoso de nuestra historia negra, con permiso de Carlos Fabra, hablaba francés, “nunca descuidó su formación” y, lo que es más importante, no mantuvo aquel épico debate con Unamuno. “Fue con uno de sus catedráticos, Francisco Granados”, asegura el colectivo de la cabra. ¿Francisco Granados, el de la Púnica? No, no, uno de los catedráticos de Unamuno.

Acabáramos… Aquello de “¡Viva la muerte, muera la inteligencia!” no se lo dijo Millán Astray a Unamuno, sino a Granados. Malditas leyendas urbanas. Ahora todo cambia: el militar que fundó la Legión era todo un intelectual. Que pongan su nombre a la Gran Vía

Fuente: Cuarto Poder
¡Viva la inteligencia!
  • Title : ¡Viva la inteligencia!
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  • Date : 10.8.16
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