Están vacilando con nosotros

Gregorio MoránGregorio Morán *

Los medios de comunicación tenemos una responsabilidad de primer orden. ¿Y si mandásemos a toda la casta a la mierda y pusiéramos fechas, como hacen ellos, para que los ciudadanos se enteraran de algo? Algo así como, el próximo viernes daremos noticias si las hay, y si no es así lo intentaremos el siguiente, y así sucesivamente, hasta que alguien deje de berrear o de enfurruñarse, y diga algo interesante que nos saque del pozo. O más exactamente, que les saque del pozo donde se han metido ellos solitos.

Ni los hermanos Marx conseguirían escenas tan cómicas como las protagonizadas por el representante del PP, con su sonrisa de caballo, o la locuacidad disparatada del de Ciudadanos, Girauta, carne de profesor académico, que cuando termina sus explicaciones, que casi nadie ha alcanzando a entender, jamás osaría decirle: ¿Podría usted explicarme algo que no me ha quedado claro? ¡Imagínense que lo vuelve a repetir todo!. La jeta de cínico del portavoz del PP, facilita mucho su brevedad y se la agradecemos los sufridos ciudadanos.

Negociación trucada

Parece que se está discutiendo las consecuencias de Waterloo y en el fondo es una negociación trucada que no sirve para nada. Mientras los demás no muevan ficha es como si jugaran al parchís. Ahora bien, hay momentos épicos que ni siquiera el gran Groucho Marx habría superado. El de un presidente del gobierno, aunque sea en funciones –todos los presidente ejercen en funciones, ¿O no es así?- tiene el desparpajo de negar a una periodista una afirmación que él mismo ha hecho. Silencio, y no se le ocurra replicar, porque para Mariano Rajoy el gremio periodístico es como el ganado; sirve para que se lo coman y lo trata con el desprecio de quien no tiene otro fin que el de ser devorado.

No pueden ser los agobiantes calores veraniegos los que han convertido a esta casta en la más incompetentes y despreciable, probablemente, en toda la historia de la transición, lo que es mucho decir si repasamos aquella fauna inolvidable. Y no puede ser porque ninguno de estos caballeros ha salido del aire acondicionado ni para hacer sus necesidades mínimas.

¿Entonces qué ha pasado? Que la ciudadanía ha asumido con su voto unas responsabilidades que no puede ahora pasárselas al adversario y quedarse tan pancho. Si este país y este gobierno se van al carajo – cosa que no vendría nada mal, puesto que más bajo de lo que hemos caído ya no se encuentra fondo-, cada cual tendrá que asumir su papel. ¿Votó usted a Rajoy? Pues, jódase. ¿Creía que el soldado Sánchez podía alcanzar las cotas de genialidad de su antecesor Zapatero? Pues, habérselo pensado antes.

Los cielos se conquistan peleando

Achicados los de Podemos por sus propios errores, por el pirateo mediático que ha sufrido y al que no ha sabido responder en tigre, sino en gato de angora. Los cielos, ay, se conquistan peleando, no siendo buenos chicos; ninguno de tus adversarios te perdona por el simple hecho de que sonríes y haces de cómplice. Y sobre todo, porque es un partido tan joven, tan joven, que no tiene aún experiencia de perder. Un partido que no sabe perder, tiene siempre un futuro incierto.

Ciudadanos será siempre un comodín de la baraja, eso que los comentaristas denominan “partido bisagra”. Son los más difíciles de mantener, porque la militancia es como una película de romanos; están los protagonistas y luego un montón de extras a la espera de un agujero para colarse y robar plano. Si todo partido es una agrupación de gente con ambición política, de lo contrario sería una ONG, los partidos bisagra es un club de gente voraz. (No se olviden de aquel UPyD). Duran lo que las oportunidades de trepar, no admiten el fracaso, ni la duda.

Están vacilando con nosotros porque hemos vuelto a perder la capacidad de rebelarnos.

Fuente: Bez

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