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“En estos días inciertos, en los que vivir es un arte (…)” **, seguimos levantándonos con la ilusión de forzar este mundo y convertirlo en un lugar mucho más justo e igualitario.

No en vano, cientos de almas se afanan a diario porque los derechos adquiridos con tanto sacrificio en otros tiempos, prevalezcan hoy.

Pero, ¿qué pasa cuando dos fuerzas de igual intensidad tiran en direcciones opuestas? Evidentemente, la cuerda se tensa hasta que se rompe. Pero, ¿por qué se ha roto esta cuerda? Las causas habría que analizarlas bien desde la más absoluta coherencia y aplicando mucho sentido común, que aunque no es ciencia exacta, ni tiene demostración empírica posible, nunca falla.

En este Estado hace tiempo que emergió, con mucha solvencia además, una nueva clase social, tan poderosa como lo fue el clero en la Baja Edad Media. Una clase que es capaz de decidir y maniobrar en nuestro nombre, haciendo parecer además que es “porque así lo queremos” y, que lo que se decide, es “por bien nuestro”. 

Tantas atribuciones se ha tomado la clase política de este país, corrompida desde los cimientos, que se ha atrevido a dar un golpe mortal de necesidad a la democracia que promulgan, la misma democracia con la que empapan sus labios cuando quieren justificar sus fechorías.

Se abre una nueva etapa, pero no desconocida. Que dos enemigos se unan para alcanzar un mismo fin no es nuevo, tampoco nos coge de susto. 

Lo Que Queda Demostrado es que un nuevo régimen político se ha consolidado. Los que tradicionalmente se lanzaban saetas emponzoñadas, hoy se alían para aplicarnos correctivos, para limitar nuestras libertades, para hacer más irrespirable este aire tan rancio. 

¿Qué nos queda por perder ya? Nos lo han robado todo; ¿Recuperaremos algún día nuestra soberanía? (si es que alguna vez la tuvimos)

Soñamos y seguiremos soñando con una Revolución que rompa con todo, que derribe el régimen. “Tomar el Palacio de Invierno” cada vez se perfila más entre nuestros objetivos. Hemos emprendido un camino de vértigo hacia la conquista de nuestro pan particular y, la única alternativa posible, es la unidad de todos los desheredados de esta tierra, de todos los que han visto pisoteados sus derechos, de todos los que han sido testigos de la traición promovida por un puñado de esbirros.

Qué será de nosotros si no empezamos a promover la solidaridad, si dejamos de apoyar causas justas aunque no sean las nuestras, si no hacemos gala de camaradería, si no nos damos respaldo los unos a los otros…

La única alternativa posible a este neo totalitarismo es, que cuál Ave Fénix, el pueblo de París, vuelva a resurgir con fuerza y asalte la Bastilla.

Martínez López, N.

**Primeros dos versos de “EN ESTOS DÍAS INCIERTOS”. (Celtas Cortos/Nos vemos en los bares/ año 1997)




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