Aprender a convivir

Aprender a convivir
La educación para la ciudadanía es una herramienta para desarrollar en las personas la capacidad de decidir en la vida social, de razonar y de convivir. Ésta no es incompatible con los valores morales de cada uno o con su tendencia sea religiosa o laica. Se apoya en una ética universal que respeta todas las morales pero que no las comparte. El estudio de las personas y las relaciones interpersonales, la vida en comunidad y en la sociedad son algunos de los aspectos que contempla esta materia.

Además de aportar conocimientos teóricos y prácticos, la educación debe velar por favorecer el desarrollo de personas libres e íntegras y por la formación de futuros ciudadanos con criterios propios, respetuosos y solidarios. Aspectos que conforman las distintas asignaturas de educación para la ciudadanía y que persiguen que las personas asuman sus deberes y desarrollen una ética cívica para poder ejercer los derechos de forma eficaz y responsable. Un camino interior que tiene en contra a los grupos ultra católicos.

Esta formación esencial se ha visto truncada en algunos países por la oposición de grupos religiosos. En España, la Iglesia, a través del Partido Popular, defendió que “llevaría hacía el totalitarismo” ya que “no enseña a ser buenos sino a portarse bien”. Este partido eliminó la educación para la ciudadanía por ser “susceptible de adoctrinamiento ideológico” e instauró en su defecto la religión como materia que cuenta para la nota media. Asimismo, esta vuelta atrás supone, por ejemplo, que no se avance en educación sexual, aunque sea sólo para no confundir sexualidad, genitalidad y procreación.

Como defiende la catedrática Adela Cortina, el aula educa “moralmente se lo proponga o no, en cuanto el profesor traspasa el umbral de la clase, asume una actitud u otra y enseña de una u otra forma; pero también en cuanto el claustro toma unas decisiones y relega las restantes”. Asimismo, asegura que vivir es tomar decisiones y decidir preferir unos valores frente a otros. Por ello es importante cultivar esta facultad. La propia Constitución defiende que la educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales.

El Consejo de Europa recomienda a los países de la Unión la inclusión de la Educación para la Ciudadanía Democrática y los Derechos Humanos en sus políticas educativas, desde 1997. El director de Amnistía Internacional, Esteban Beltrán, defiende que los derechos humanos deben estar presentes en todos los niveles educativos, en especial aquellos relacionados con los derechos de las mujeres y con la diversidad afectivo-sexual.

En momentos de crisis económica, social y de valores, es cuando más se necesita el desarrollo de la educación para la ciudadanía. La consolidación de una ética cívica que vaya acompañada de una sociedad concienciada y hermanada puede ayudar a superar con mayor eficacia las situaciones adversas a las que nos enfrentamos. Se trata de responder con altura humana a los desafíos de nuestro tiempo para crear belleza, comunicación y diálogo. Para aprender a convivir.

Gabriel Arrese Leza, Periodista

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