Cuando Madrid fue la capital del antifascismo mundial

Cuando Madrid fue la capital del antifascismo mundial
Ochenta aniversario de la defensa de Madrid, una resistencia de tres años globalmente conocida que acuñó el lema "¡No pasarán!".

Julián Vadillo | Diagonal Periódico

El 7 de noviembre de 1936 la ciudad de Madrid amanecía con un lema: “¡No pasarán!”. Las tropas sublevadas contra la República desde julio de ese mismo año se habían marcado un objetivo: la toma de Madrid. La pérdida de la capital de la República sería un golpe moral para las aspiraciones republicanas. Franco quería tomarla lo antes posible. No lo consiguió en el golpe de Estado, pues los planes de Fanjul fueron derrotados por el pueblo madrileño, que tomó el Cuartel de la Montaña. Tampoco con sus embestidas por la zona norte, donde las unidades milicianas lograron frenar a las tropas sublevadas.

Pero desde septiembre la situación de Madrid era cada vez más crítica. La toma de Badajoz por parte de las fuerzas de Yagüe, y la de Toledo, cercaban a la capital de España. Igualmente, Madrid sufría intensos bombardeos contra su población civil y cuatro columnas militares asediaban la ciudad. Además, el general Mola decía que una quinta estaba actuando ya en el interior de la ciudad (de ahí el nombre del quintacolumnismo).

Largo Caballero, presidente del gobierno, realizaba entonces un cambio ministerial. El gobierno se veía reforzado con la entrada de cuatro anarquistas, el “gobierno de la victoria” lo llamaron. Sin embargo, una de sus primeras decisiones fue la de abandonar la capital de la República y trasladarse a Valencia. “¡Viva Madrid sin gobierno!” gritaban los anarquistas madrileños con las tropas asediando la ciudad.

Para la defensa de la ciudad, el gobierno dejó instrucciones a los militares José Miaja y Vicente Rojo. Había que constituir una Junta Delegada de la Defensa de Madrid que dirigiera los designios de la capital. A pesar de que la orden era que los sobres dejados con las instrucciones del gobierno no se abriesen hasta horas después de la marcha del gobierno, la orden no fue cumplida. Ante la sorpresa, Miaja vio que iban a estar solos en las duras horas que le esperaba a Madrid. Nadie confiaba en su resistencia. Nadie daba un duro por la capital de la República. Parecía que Miaja y Rojo sólo iban a gestionar la retirada y la derrota.

Pero la idea que albergaba el pueblo madrileño y sus organizaciones populares era muy otra: Madrid iba a ser una trinchera. Iban a defender Madrid para que no cayese en manos de los sublevados y a hacer todo lo posible para que el general Mola no se tomase su café con leche a las cinco de la tarde en la Puerta del Sol, como había amenazado. Iban a intentar hacer posible lo imposible.

En primer lugar se constituyó esa Junta de Defensa de Madrid, a la que todas las organizaciones antifascistas se adhirieron. El PSOE, el PCE, la UGT, la CNT, Izquierda Republicana, Unión Republicana y el Partido Sindicalista la conformaron principalmente. Estaría presidida por José Miaja Menant, militar profesional de probada lealtad republicana. Al frente de las tropas estaría Vicente Rojo Lluch, uno de los militares más brillantes de la Guerra Civil. Su capacidad para organizar esa defensa y las posteriores, le valió el ascenso a general en 1937. Su libro Así fue la defensa de Madrid muestra a la perfección su participación en estas operaciones.

Junto ellos actuaron otros militares, algunos procedentes de milicias, como Enrique Líster, Adolfo Prada, José María Galán, Carlos Romero, Luis Barceló, Antonio Escobar o Cipriano Mera. A ellos se uniría más tarde la columna Durruti, procedente de Aragón.

Pero en la defensa de Madrid hicieron aparición las primeras unidades de la Brigadas Internacionales, el cuerpo de voluntarios extranjeros que habían venido a socorrer a la República. Los nombres de Emilio Kleber, Paul Lukacs o Hans Beimler comenzaron a hacerse famosos en Madrid. Las memorias de la época recuerdan cómo aquellos militantes extranjeros llegaron a la ciudad y desfilaron con la única idea de combatir al fascismo como la lucha de sus propios países.

Estas fuerzas se dispusieron en todos en los lugares estratégicos de la ciudad para frenar el avance sublevado. Junto a ellos el pueblo de Madrid que colaboró en esa resistencia. Hombres, mujeres e incluso niños cavaban trincheras y pertrechaban la defensa. La trinchera de la República era Madrid, Madrid era la trinchera donde se jugaba la suerte del antifascismo mundial.

Frente a ellos los militares sublevados. Mola, Franco, Ben Mizzian, Moscardó, Varela, Cabanillas, Castejón, etc. Unas fuerzas que eran muy superiores y estaban apoyadas por los fascistas italianos y los nazis alemanes. Parecía que Madrid no podría resistir mucho.

Pero a veces la casualidad también juega en la Historia. Y la casualidad quiso que los planes de la toma de la ciudad cayeran en manos de esa Junta de Madrid al ser interceptado un militar sublevado que los llevaba encima. Eso permitió establecer un plan de defensa. Lo que iba a ser un paseo militar de los sublevados se estaba convirtiendo en una tenaz resistencia. Franco no iba a tomar la capital.

Los enfrentamientos hicieron que el anarquista Buenaventura Durruti se desplazase con sus unidades milicianas del frente de Aragón a Madrid. Probablemente, Aragón era más estratégico, pero para Durruti, si caía Madrid la guerra estaba perdida. La Columna Durruti se unió a las Brigadas Mixtas del Ejército Popular de la República en formación, a las unidades milicianas de Madrid encabezadas por los sindicatos obreros y las Brigadas Internacionales. En esa lucha Durruti perdió la vida en los combates en la Ciudad Universitaria, siendo su muerte aún hoy un misterio.

En medio de toda la lucha, se produjeron acontecimientos en el interior de Madrid que mancharon la imagen de la República. Esa Quinta Columna de la que hablaba Mola actuaba en la capital. Fue una de las razones por la que se produjeron, sin competencia gubernamental, las sacas de las prisiones madrileñas que acabaron en los fusilamientos de Paracuellos del Jarama. Una cuestión aplacada por el gobierno de la República, en la figura de su Ministro de Justicia Juan García Oliver, y de la designación del anarquista Melchor Rodríguez García, que frenó las sacas de las prisiones y puso fin a la represión en la retaguardia republicana. La República era garantista y se hizo valer su legislación aun en tiempos de guerra.

La defensa de Madrid se hizo barrio a barrio, calle a calle, casa a casa. La única idea que tenía el pueblo madrileño era no ceder. Fue el foco de todos los medios nacionales y extranjeros. Corresponsales de guerra extranjeros plasmaron en sus crónicas aquellos días: Geoffrey Cox, Louis Fischer, William Forrest, Mijail Koltsov, Ilsa Kulcsar, Martha Gellhorn, Jay Allen, Herbert Matthews, etc.

La Defensa de Madrid fue también narrada por los cronistas de guerra de los distintos periódicos. Aquí los comunistas y los anarquistas destacaron por encima del resto. Por parte de los comunistas habría que destacar a Jesús Izcaray, Clemente Cimorra, Mariano Perla o Eduardo de Ontañón. Por los anarquistas, a José María Zambruno “Nobruzán”. Pero por encima de todos emerge la figura de Mauro Bajatierra Morán. Anarquista y cronista de guerra del periódico CNT, sus crónicas son una combinación de dramatismo y humor, que al leerlas se siente la cercanía del autor con el entorno de guerra. Baja tierra y “sus muchachos”, se hicieron populares durante todo el conflicto. Todas estas crónicas nos muestran a un pueblo heroico, confluyendo la historia como tal con hechos magnificados para elevar la moral del combatiente. La propaganda como vehículo de importancia en la guerra.

En definitiva Madrid resistió. No cejó en su empeño Franco en tomarla, y volvería a carga por maniobras alrededor de la capital que también fueron fallidas, como la Batalla de Guadalajara como primera derrota del fascismo internacional. O someter a la ciudad a duros bombardeos que provocaron centenares de víctimas. Madrid resistió toda la guerra y solo al final, exhausta, no pudo resistir más. El final de la guerra en Madrid es todo un acontecimiento que merece un artículo independiente.

Las jornadas de noviembre en Madrid y la resistencia de la ciudad para la causa republicana fueron factibles por un combinado de diversas actuaciones. Pero en lo que coinciden todos los protagonistas de aquellos acontecimientos es en la actitud mostrada por el pueblo de Madrid frente a los ataques de los sublevados. El pueblo madrileño logró que los sublevados no pasasen a la capital. Y ese Madrid fue el reflejo para el antifascismo mundial que veía que su suerte era la suerte del mundo.

Julián Vadillo | Diagonal Periódico

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