Pablo Iglesias e Íñigo Errejón se intercambian cartas

Pablo Iglesias e Íñigo Errejón se intercambian cartas
Carta a Iñigo Errejón, por Pablo Iglesias

Si la gente leyera nuestros chats, sabría por las risas y las bromas que somos amigos. El otro día hablábamos de esos raperos que nos habían dedicado una 'pelea de gallos'. Te decía que me preocupaba que nuestra relación se convirtiera en una telenovela en los medios. Me respondías, con razón, que eso formaba parte de la extraña cultura pop asociada a Podemos.

Dándole muchas vueltas a eso y a todo en las últimas horas, me he decidido a escribirte esta carta abierta, para decirte lo mismo que te diría en uno de nuestros chats. Pocos saben que, muchos días, nada más levantarnos nos llamamos y nos contamos lo que vamos a decir cada uno en los medios. Y que nos echamos unas risas calculando que, sea lo que sea lo que digamos, se convertirá siempre, aunque hayamos planificado lo contrario, en que "Íñigo contesta a Pablo" o "Pablo contesta a Íñigo". Así que hoy he decidido "contestarte" escribiéndote desde un periódico (y que los demás titulen lo que quieran...). 

Creo que somos de los pocos que se pueden permitir algo así sonando creíbles y honestos. Como quizá eso no dure siempre, quiero aprovecharlo. Eso sí, como cuando chateamos o hablamos por teléfono, hoy no te escribe tu secretario general, te escribe tu compañero y tu amigo.

Los medios, bien lo sabes, nos ven como rivales desde hace tiempo. Es normal y predecible, pero me preocupa enormemente, Íñigo, que la militancia y los inscritos nos dejen de ver como compañeros. 

Me preocupa también que nuestros debates se banalicen. Pienso que en España está creciendo el espíritu constituyente de una mayoría trasversal que quiere cambios y que debemos alimentar ese espíritu desde la oposición social, no solo frente al Gobierno del PP y sus aliados, sino también frente a las élites que representan. Por eso creo que debemos subordinar nuestro trabajo parlamentario a una estrategia más amplia de construcción de contrapoderes e instituciones sociales alternativas, protegiendo y cuidando además el gran espacio político que compartimos con otros. Sé que tendrías muchos matices que hacer a estas ideas y que no compartirás algunas, pero pensar como pienso, amigo, no es empujar a Podemos a una deriva extremista. Del mismo modo que mienten o no comprenden nada aquellos que te atribuyen estar cerca del PSOE. Tú y yo nos entendemos bien y hasta nos complementamos a veces en este debate, aunque no compartamos todo, pero me preocupa que al final solo quede la caricatura. 

Creo, compañero, que es más sensato vincular cualquier lista a las ideas y al proyecto que defienden sus miembros. Creo que esas ideas y proyectos deben quedar plasmados en documentos y que esos documentos deben convertirse en contratos con la militancia y los inscritos e inscritas. Por eso me preocupa votar por separado los proyectos y las personas, pues creo que las personas no pueden desvincularse de sus ideas. Me enorgullece ser tu candidato a seguir liderando Podemos, aunque tengamos diferencias, y te aseguro que me voy a esforzar para lograr la mayor integración de todos los proyectos, pero no me puedes pedir que desvincule mi papel como secretario general de mis ideas. Sé que piensas diferente pero quiero que sepas que nuestra propuesta de votar a la vez las ideas y a las personas no es una invitación a un duelo en el 'Ok Corral', ni una pelea de gallos, ni una involución democrática, es una propuesta tan legítima como la que defiendes tú. Por eso me preocupa que prevalezca la idea del duelo antes que la del debate fraterno. Tú y yo no somos gallos de pelea, somos compañeros.

Me preocupa, Íñigo, el papel de árbitro que puedan jugar ciertos intereses editoriales en nuestros debates. Sabes como yo que la visión editorial que comparten casi todos es que el "moderado errejonismo" representa el mal menor frente al "radical pablismo" (los entrecomillados merecerían unas risas en nuestros chats). Sabes como yo que esa visión no solo hace un flaco favor al prestigio de tu proyecto (ser el 'preferido' de ciertos poderes no genera credibilidad entre nuestra gente), sino que envilece los debates. Muchas veces me dices que no debemos decir siempre lo que pensamos de esos poderes y que debemos esperar a gobernar. Tácticamente seguro que tienes razón, pero creo que la gente agradece que digamos, al menos de vez en cuando, ciertas verdades como puños, por muchos que sean los golpes que recibimos por ello después. 

Íñigo, quiero que debatamos y te digo abiertamente que voy a trabajar para que las ideas que comparto con otros compañeros y compañeras tengan el mayor apoyo en la Asamblea Ciudadana. Igual que te ocurre a ti con tu proyecto, pienso que el nuestro nos acerca más y mejor a la construcción de una mayoría social de cambio en España. Sin embargo, quiero un Podemos en el que tus ideas y tu proyecto tengan espacio, del mismo modo que los de otros compañeros como Miguel o Teresa. Quiero un Podemos en el que tú, uno de los tipos con más talento y brillantez que he conocido, puedas trabajar a mi lado y no frente a mí. Cuidemos el debate, Íñigo, para que, con acuerdo o sin acuerdo, podamos siempre decirnos amigo, hermano, compañero.




Carta a Pablo Iglesias, por Íñigo Errejón

Para la gente tratarte con familiaridad últimamente es llamarte por tu nombre. Pero entre nosotros siempre has sido Iglesias. Hoy, Iglesias, te he leído como entre nosotros, pero junto a todo nuestro país. Algunos “están en política”, para nosotros hacer política ha sido siempre militar a flor de piel, con todo. La diferencia es que ahora tenemos entre las manos la posibilidad y la responsabilidad histórica de ganar para que la tortilla se vuelva. Sólo viniendo de dónde venimos, mucho antes de comenzar a andar, se siente el peso y el orgullo de llevarlo. El orgullo del proyecto y el de levantarlo codo a codo, Iglesias. Como sabes que soy pudoroso, te contesto en abierto ma non troppo ;-) Cuando nos escribimos, le hablamos a millones de mujeres y hombres que han conocido por primera vez, o han recuperado de muy hondo, el orgullo de poner su granito de arena por la soberanía popular. Les hablamos también a menudo entre el ruido de quienes nos quieren encerrar en sus etiquetas, que hablemos con sus palabras, que elijamos entre sus dos salidas falsas: integración o marginalidad. Hemos llegado hasta aquí desafiándolas, inventando, pensando juntos que es como mejor pensamos. Estoy convencido de que ese es el camino para amargarles la fiesta a quienes nos quieren flor de un día, o tropezando o disolviéndonos en las piedras del pasado. A esos que nos llaman “extremistas” o “moderados”, para llevarnos a su terreno y derrotarnos por separado. Los dos sabemos que los poderosos sólo tienen una preferencia: neutralizarnos, arrinconarnos.

Lo que se ha logrado en España es impresionante, pero es mucho más lo que tenemos por delante: construir una mayoría transversal para un Gobierno al servicio de la gente. Y ambos sabemos que ese no es el fin del proceso de cambio sino el comienzo de la verdadera disputa frente a las resistencias de los privilegiados. Pero no pensamos exactamente igual sobre cómo hacerlo. Y hemos de estar a la altura del momento, encontrar la forma de que el debate llegue, con fraternidad, a toda la militancia y los inscritos. Que ese debate, organizativo y político, se pueda dar como deliberación entre compañeros para encontrar las mejores ideas y formas de seguir adelante. Era imposible llegar hasta aquí sin contradicciones, sin rasguños, intactos. Tras dos años y medio de correr y tomar decisiones a la carrera, muchas muy difíciles, nos debemos ese debate para adaptarnos a la nueva etapa. Un debate que nos saque de la lógica del todo o nada, que nos permita aprovechar lo mejor de cada propuesta; sin plebiscitos, sin retos, sin regalarle a nuestros adversarios la división.

En mi opinión, en lo organizativo necesitamos desconcentrar la organización. Hemos de construir más poder y más recursos en los ámbitos municipal, autonómico y de las diferentes naciones, para construir una verdadera fuerza patriótica y plurinacional. Hemos de feminizar la organización. Hemos de garantizar mayor proporcionalidad en la elección de los dirigentes, con listas abiertas y desbloqueadas, para una cultura del acuerdo que nos enseñe a solucionar mejor las diferencias. En otras formaciones políticas, donde las ideas están sorprendentemente ausentes, bastan el dedazo y las planchas. En la nuestra, felizmente, no nos queda otra que democratizar. Pasar, en palabras ya conocidas, de una “máquina de guerra electoral” –que nos ha permitido llegar tan lejos- a una fuerza política madura, más inserta en el territorio, más diversificada, más eficaz allí donde representa los anhelos de un país mejor, que sepa articular el caudal de sabiduría y generosidad de tanta gente que desea contribuir al cambio. Después de tanta carrera, toca potenciar el debate y entregárselo en primer lugar a la militancia y a la ciudadanía, sin enfrentar a la gente por caras. Es fundamental que nuestra próxima Asamblea Ciudadana no hable de Podemos sino de España, y sea un momento relevante para el rumbo político de nuestro país. Todo esto pasa por desandar el camino de los poderes especiales, la excepción y la verticalidad. También de la cultura del “conmigo o contra mí” que nadie ha sufrido más que tú. Necesitamos facilitar el debate y no estrecharlo. Creo que la mejor forma de construir la unidad, de seguir codo a codo, es abrir la discusión política y diferenciarla de la de los líderes: por eso defiendo que debatamos primero del rumbo. Porque nuestras diferencias políticas no son absolutas sino fraternas, porque no es la primera vez que las tenemos –recuerdo muchas tardes y algunas madrugadas-y porque del debate y la cooperación entre compañeros salimos más fortalecidos que de obligarnos a elegir entre quienes nos complementamos tan bien. Construimos Podemos soñando que un día nos superaría y eso ya ha sucedido. Por eso ahora estar juntos es saber gestionar la diversidad.

En lo que respecta a nuestras tareas políticas, creo sinceramente que corremos el riesgo de dar pasos atrás. Tenemos el reto de construir una amplia y gran fuerza política democrática, popular, feminista y patriótica, que sea el motor de un nuevo acuerdo de país en el momento en el que la oligarquía ha roto el contrato social. Para eso hemos de ser una fuerza capaz de convencer a quienes aún dudan –“los que faltan”, ya tú sabes- a los que hemos de demostrarles que somos útiles allí donde estamos, que avanzamos posiciones en la cultura y la batalla de ideas, en las instituciones, en la construcción de movimiento popular; que tenemos un proyecto de futuro para la próxima década, que nos abrimos a nuestra sociedad y marcamos un rumbo claro, que podemos ser garantes de un orden alternativo en el momento en el que los de arriba representan el desorden y el desprecio por nuestro pueblo. Hemos hablado muchas veces de la ridícula pretenciosidad de algunas izquierdas grandilocuentes y soberbias pero incapaces de hacerse cargo de su país. Nosotros nacimos diciendo que sólo es radical quien gana y construye poder para transformar su país. Esa fue la grandeza del Pablo de las Europeas cuando, en un gesto sin precedentes, en lugar de festejar el millón de votos salió a decir que “todavía no habíamos alcanzado nuestros objetivos”. Y para eso nos queda camino por recorrer. 

No gobernaremos hasta que España se nos imagine gobernando. Primero ganar el imaginario colectivo y después las urnas. A esto le he llamado en otras ocasiones ser fuerza dirigente antes de gobernante. Creo que es justo lo que no quieren nuestros adversarios, que estarían encantados de enfrentarse a un Podemos que se cierra sobre sí mismo, más estrecho, siempre con armadura y más lejos de nuestro país, mirando más por el retrovisor a los viejos partidos que marcando el horizonte. Este es quizás el lugar donde estarían encantados de vernos también algunos sectores de la izquierda tradicional que quieren que les acompañemos al callejón de la melancolía y la resistencia. Hay por el contrario condiciones inéditas para construir hegemonía, una nueva voluntad general que reordene nuestro país al servicio de la gente. En lugar de replegarse, tenemos que redoblar la confianza en la hipótesis Podemos.

Estos días se cumple un año de aquella “Remontada!” con la que rozamos la victoria con la punta de los dedos. Quizás todo habría sido diferente si hubiésemos tenido tres días más de recta final de campaña. Ahora, que representamos a cinco millones de mujeres y hombres, que encarnamos la posibilidad de construir un país más justo y más democrático, tenemos la posibilidad de abrir un proceso para echar raíces fuertes. Tenemos también la obligación de no fallar. Y para eso nos necesitamos todos, pero sobre todo a todos con sus mejores ideas y proyecto de futuro. Ojalá se presenten muchos y tengamos una tormenta de proyectos de la que salgamos fortalecidos. Como militante, mi única forma de ser leal es decir la verdad incluso cuando no estemos de acuerdo; es defender las ideas en las que creo y que creo que más nos ayudan a hacer camino. Bien sabes que no han sido ni son incompatibles contigo, bien al contrario. Ni tú ni yo “estamos en política”. La llevamos años haciendo –en asambleas, con bengalas en andamios, en un G8 o en un seminario- a corazón abierto y con la cabeza alta porque así nos lo enseñaron los que fueron para que hoy seamos. La hacemos porque creemos, con Machado, que lo mejor de España es su pueblo. Encontrémonos en el debate, compañero, hermano, amigo. Sin renunciar a nada. Juntos multiplicamos. Sabes, porque te lo he escrito en alguna de nuestras cartas no públicas, que tu carta me ha hecho pensar y emocionado. Habrá sido pública pero soy su orgulloso destinatario. Y sabes cómo atesoro eso. Sabes que voy a seguir haciendo camino junto a ti, porque se lo debemos a nuestra gente pero sobretodo porque es un honor. Pero nosotros estamos de paso, habrá un día en el que demos un paso atrás y vengan otros y otras. En ‘El Cartero y Pablo Neruda’, Mario aprende de Don Pablo lo que son las metáforas y a utilizarlas. Y cuando Neruda le recrimina haber usado un poema suyo éste le responde que la poesía no es suya sino de quien la necesita. Así pasa con Podemos, que debe ser una metáfora del país que viene.
Pablo Iglesias e Íñigo Errejón se intercambian cartas
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  • Date : 12.12.16
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