Palabras de Iñaki Anasagasti en la presentación del libro “Izquierda y Republicanismo” de Armando Fernández Steinko.

Iñaki Anasagasti
Palabras de Iñaki Anasagasti en la presentación del libro “Izquierda y Republicanismo” de Armando Fernández Steinko.

Gabon.

Cuando Elvira de Miguel me llamó para estar hoy aquí en esta presentación le entendí mal sobre de lo que se trataba el libro. Creí que era un trabajo sobre el Partido Izquierda Republicana. Y como esos días andaba con una serie de trabajos sobre el primer Lehendakari, José Antonio de Agirre, cuyo cincuentenario de su fallecimiento en el exilio de París se cumplió ayer, le dije que sí. Agirre formó el 7 de octubre de 1936 un gobierno vasco de concentración con consejeros nacionalistas, socialistas, republicanos y comunista y uno de esos consejeros republicanos había sido apresado en la playa de Zarautz para ser posteriormente fusilado por los militares sublevados. Antes de morir, había mandada una carta de despedida al Lehendakari diciéndole que si su gobierno tenía que decidir sobre la vida o la muerte de una persona, él, desde el más allá, votaba por el indulto.

Y es que como habla este libro, hubo también un republicanismo de centro derecha, y de derecha que no es bueno olvidar.

Y dije que sí porque la Editorial Foca-Akal nos había editado a Josu Erkoreka y a mi, un libro políticamente incorrecto sobre las biografías de José María de Areilza y Manuel Aznar, y, hace medio año, gracias al inolvidable Javier Ortíz, mi libro “Una Monarquía protegida por la censura”, libro aún más políticamente incorrecto que el anterior, donde hablo sobre esta sociedad anestesiada y voluntariamente dormida y en relación con una monarquía impuesta al aprobarse el conjunto del paquete constitucional y que se mantiene en base a grandes mentiras. La del 23-F poniendo al rey como salvador de la democracia, cuando fue uno de los grandes responsables de aquel golpe de Estado, mientras tratan de vendernos que Juan Carlos de Borbón, un pretendiente franquista, era un demócrata camuflado durante la dictadura para traernos el venturoso acuerdo de una transición sin rupturas, blindada de opacidades, incontrolable, incapaz de condenar aquella sangrienta sublevación militar contra un régimen legítimo, ni de poner en cuestión el legado de aquel cruel asesino llamado Francisco Franco bajo quien creció y medró en base a adulaciones y silencios.

Sin embargo, cuando recibí el libro para su lectura reconozco que me llevé una gran sorpresa. No era la historia de Izquierda Republicana, sino que conjugaba en su título la palabra Izquierda y Republicanismo, y trataba sobre estos dos asuntos trabajados durante tres años en un llamamiento a la refundación de la izquierda pidiendo a la ciudadanía que ésta asuma el protagonismo de un movimiento basado en valores y en principios, y abogando por una identidad compartida, republicana y plurilingüe en todo el Estado.

Estaba pues ante un llamativo y atractivo planteamiento que no sólo apostaba por hablar de la actual monarquía, sino de algo más completo y necesario, como queriendo dejar claro que la ocurrente frase de Josep Plá, de que lo más parecido a un español de derechas, es un español de izquierdas, puede ser verdad para una parte del socialismo gobernante, pero que la izquierda y el republicanismo, son otra cosa.

Y no seré yo, quien al lado de semejantes padres de la santa madre izquierda, pretenda tan siquiera, como monaguillo aficionado, opinar con cierta solvencia sobre asunto tan de fondo.

Pero sí decir que el libro es lúcido, está muy bien escrito, se lee con facilidad, es muy sugerente, dice verdades como puños, hace penar y acaba con una atractiva hoja de ruta interesante y gradual, abierta e inclusiva, que debería ser el marco de actuación de una izquierda necesitada de perfil propio y de la utilización de banderas no desteñidas. Procedo de la cultura republicana del exilio, es decir, de uno de los partidos perdedores de la guerra, y me relevo contra tanta manipulación en la que vivimos.

Dice Armando Fernández Steinko que en el Estado español es hoy imposible construir una identidad común si no se aborda el problema lingüístico. Y lo razona.

Lástima que quienes dentro de unas semanas vayan a votar en el Senado en contra de la utilización de las lenguas cooficiales, a propuesta de cuarenta senadores de los llamados periféricos, no tengan en cuenta lo que dice el autor. El Partido Popular y el Partido Socialista unirán sus votos para derrotar esta iniciativa que debería ser una de las banderas de la izquierda. Ya sabemos lo que hizo la derecha bajo la dictadura. Perseguirlas buscando la marginación y la uniformización total alrededor del castellano y ya sabemos en lo que aprecia el Borbón reinante estas señas de identidad cuando como prioridad, decidió que su hijo aprendiera a pilotar un F-18 y estudiara sólo inglés, a perder el tiempo en el estudio de códigos de comunicación milenarios que conviven bajo la piel de toro donde el tal señor ejerce de jefe de este Estado.

Armando Fernández Steinko da respuesta a lo que plantea diciendo que hay que fomentar el uso cruzado de todas las lenguas con políticas ciudadanas y graduales, pero no por ello menos activas y persistentes. Lenta y pacientemente habría que ir naturalizando el uso de varias lenguas y de las vivencias asociadas a ellas. Sería un proceso gradual que dejaría frutos a lo largo de una o dos generaciones, no antes. Y explica cómo hacerlo.

Algo así como la empatía llevada a su máxima expresión. Nunca antes había leído yo nada parecido proveniente de un analista que busca soluciones a problemas reales.

Con su aguda observación, verbaliza algo conocido, pero que él lo resumen con contundencia: “Las cosas no pueden seguir así. Los nacionalistas antiespañolistas dicen que tienen un País sin Estado. Los nacionalistas españolistas tienen un Estado sin País, pero la izquierda no tiene ni Estado, ni País. La quinta forma de republicanismo consistiría en la creación de un estado y de un país nuevo que incluya una nueva identidad compartida.”

Algo de esto plantearon nuestros viejos republicanos cuando exiliados en Londres buscaron una nueva forma de articular las identidades peninsulares y lo plasmaron en su libro “La Comunidad Ibérica de Naciones”. Allí estuvieron junto al ex primer ministro portugués Cortesao, el político gallego Alfonso Rodríguez Castelao, y los políticos catalanes Bastista i Roca y Pi y Sunyer, el vasco Manuel de Irujo y el republicano español Valera, planteando la forma de cómo cinco naciones podrían convivir en la Península Ibérica.

Es lúcida la visión de Fernández Steinko de la Corona al decir que por mucho que se distancie hoy el rey de la derecha, la corona encarna una transición continuista. “Si bien esta transición ha mejorado las condiciones de vida de muchas personas, también ha tutelado el continuismo y bloqueado una salida avanzada de la dictadura. Parece imposible que una Segunda Transición como la que toca hacer pueda ser tutelada por la misma institución que la primera. Y es de destacar que el apoyo a una república ha aumentado considerablemente, especialmente entre los jóvenes: en 2005 era ya mayoritario el republicanismo entre este colectivo y a medida que se degradan las conquistas de la Primera Transición, se degradará también la legitimidad de la monarquía que la simbolizó, de la misma forma que se degradó la legitimidad de la Segunda República entre las clases populares cuando empezó a dar muestras de no implicarse en la solución de los grandes problemas sociales del país. El problema de la Jefatura del Estado no es un problema anacrónico o superficial, sino que obedece a una dinámica de cambio social y político de forma que hay que tenerlo muy presente.”

En la parte final del libro plantea el autor una hoja de ruta con seis puntos y con tres ideas. Dar una especie de salto, consensuar un rumbo general para un programa de trabajo entre muchos desiguales, y plantear la necesidad de un proceso de convergencia organizativa que permita unificar voluntades en un escenario de diversidad.

Mi Partido fue tildado por Prieto en tiempos de la República de querer implantar un Gibraltar vaticanista, pero cuando estalló la sublevación militar el 18 de julio de 1936,el PNV estuvo al lado de la República con todas sus consecuencias, convirtiendo al “rojo-separatismo” en uno de los demonios del dictador a pesar de que el líder de la derecha española exclamara en el Frontón Urumea que más prefería una España roja que rota. En el último gobierno del Lehendakari Ibarretxe estuvo presente Ezker Batua durante todo su período. En el Ayuntamiento de Bilbao se gobierna la ciudad conjuntamente con Ezker Batua y en Navarra la plataforma Nafarroa Bai, incluye al PNV y a Aralar y EA, teniendo, el autor Fernández Steinko un buen concepto del dirigente Patxi Zabaleta que establece una clara distinción entre nacionalismo e ideología. Mas tendrá que trabajar Aralar en este terreno que lo que ha hecho en el pasado, y es ese trabajo lo que explica el por qué hoy sigue en Navarra gobernando la derecha más cerril con apoyo del Partido Socialista.

Cuando Julio Anguita presidía el Grupo Parlamentario de IU en el Congreso nos visitó en Bilbao en nuestra Casa. Cenamos en el restaurante de Sabin Etxea, y como por aquel entonces usaba el cocinero un plato para que los invitados pusieran la dedicatoria que se suele hacer en el libro de firmas, Julio lo hizo escribiendo lo siguiente: “En el deleite de una cena insuperable, tras una mesa de coincidencias, hemos acordado buscar una marca de razón, para contrastar nuestras razones”.

Casi, casi, el resumen de este libro.

Palabras de Iñaki Anasagasti en la presentación del libro “Izquierda y Republicanismo” de Armando Fernández Steinko.
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  • Date : 19.2.17
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