El pronunciamiento republicano del 5 de agosto de 1883 en Badajoz

Serafín Asensio Vega
Amanecía el 5 de agosto de 1883 para los poco más de 11.000 habitantes de Badajoz… Los más madrugadores de aquel domingo se encontraron con la sorpresa de que la plaza de la Constitución, y todas las avenidas que dan a ella, estaban tomadas por fuerzas del ejército, y las puertas de la ciudad cerradas sin dejar salir a nadie.

Sobre las siete de la mañana empieza a circular la noticia que a la una de la madrugada se había insurreccionado la guarnición, habiendo preso a las autoridades civiles y militares, apoderándose del telégrafo y de la línea férrea.

Se estaban desarmando a los carabineros y guardia civil que se presentaban. Se susurraba que iba a proclamarse la República y que al frente del movimiento se había puesto Don Serafín Asensio Vega, Teniente Coronel de la Reserva de Caballería.

A las ocho la plaza de San Juan estaba ocupada por grupos de curiosos que comentaban el acontecimiento y la sorpresa.

El regimiento de infantería de Covadonga, el de caballería de Lanceros de Santiago y la compañía de artillería que guarnecen la plaza comienzan a formar en columna de paseo en la plaza de Minayo, quedando la caballería a lo largo de la acera del teatro.

Sobre las ocho y media, las fuerzas se dirigen a la plaza de la Constitución por la calle de Moreno Nieto a los acordes de la banda de música de Covadonga que tocaba la Marsellesa y el Himno del Riego.

Tras colgarse un emblema de la República en la galería exterior del edificio consistorial, el teniente coronel Asensio Vega, montado en su caballo, se adelanta hasta el frente de las casas consistoriales, donde arengó en voz alta a las tropas primero y al pueblo después, en breves frases dijo que se había proclamado la República española de orden, terminando su arenga con vivas a la República Española.

Después regresan las tropas a sus respectivos cuarteles.

La casa del Ayuntamiento es invadida por algunos exaltados que descolgaron el retrato del rey Alfonso XII, que estaba en el salón de plenos del Ayuntamiento, y lo arrojaron por el balcón a la plaza, donde lo hicieron pedazos.

Delante del cuartel de Infantería el teniente coronel Asensio Vega se dirigió a la muchedumbre y la hizo entender con enérgicas frases que al proclamar la República quería la libertad con mucho orden; que el vecindario se dedicara a sus faenas ordinarias; pues los soldados que habían proclamado la República estaban encargados de mantenerla y de reprimir cualquier desorden, y concluyó manifestando que la tropa estaba cansada y era preciso dejarla descansar no obligándola a salir de los cuarteles.

La población tomó al poco rato su aspecto ordinario, se retiraron los cañones que había situados en el campo de San Vicente, frente al cuartel de la Guardia Civil, y los guardias municipales y de orden público no dejaron de estar en las calles, notándose sólo algunos trabajadores del campo en las calles, ya que era festivo y no les dejaban salir fuera de la población.

¿Qué estaba ocurriendo?

En Barcelona, el 27 de julio, se celebró una reunión para concretar la fecha de un pronunciamiento militar, donde se acordó que la sublevación sería el día 5 de agosto a la una de la madrugada.

Era una reunión que perfilaba los últimos detalles de la rebelión militar organizada por la Asociación Republicana Militar (ARM), una sociedad secreta militar, con fuerte inspiración e influencia masónica, fundada el 1 de octubre de 1880 con la aprobación de Don Manuel Ruiz Zorrilla, dirigente republicano exiliado, que mantenía incansablemente sus ideas de propiciar rebeliones militares para volver a intentar la panacea republicana.

Dicha asociación militar secreta de signo subversivo y radical, no era más que la continuación en el Ejército de la tradición del mismo signo que se había iniciado en un sector del Ejército durante la guerra de la Independencia, y que luego se había reproducido, en muy diversas circunstancias, hasta el estallido de la guerra cantonal de 1873.

Aunque la Restauración luchó por todos los medios para reprimir este tipo de actividades extremistas, en realidad no logró erradicarlas, prueba de ello es que continuaron durante la Dictadura de Primo de Rivera, en la transición y desarrollo de la Segunda República, y en la Guerra Civil de 1936.

El propósito de la ARM era alistar militares de todos los grados, desde generales hasta sargentos, para dar un golpe de Estado.

La penosa situación militar constituía de por sí un excelente caldo de cultivo para una asociación secreta de sus características, no sólo porque seguía vivo el sentimiento republicano en el ámbito castrense, sino porque al término de la Guerra de los Diez Años de Cuba (1868-78) se había producido el retorno de oficiales descontentos y permitía contar con sectores jóvenes menos inclinados que los generales a acatar con respeto el poder constituido.

El secretario de la ARM era el capitán Melchor Muñoz Epelde, destinado en el Batallón de Reserva de Badajoz, que consiguió incorporar a la organización al teniente Coronel Serafín Asensio Vega y al comandante Pedro Marín de Bernardo, secretario del Gobierno Militar de Badajoz, que serían los que se pondrían al frente de la insurrección.

En cuanto con la participación civil era escasa, se contó con Don Rubén Landa, abogado y periodista, exdirector del periódico La Crónica.

Días antes del pronunciamiento, un emisario de Madrid, don Ezequiel Sánchez, trajo las órdenes con los últimos detalles para el movimiento, que debía ejecutarse a la una de la madrugada del día 5. En este pliego en sobre lacrado venía una carta de Ruiz Zorrilla para el teniente coronel Asensio Vega, las contraseñas de los asociados y las ordenes para otros puntos de Extremadura donde había afiliados que debían secundar el alzamiento.

La contraseña era "libertad y orden" y se decidió que el lugar de concentración sería la plaza de Minayo, donde estaba situado el cuartel de Infantería.

Según el plan de la ARM acordado, la sublevación se emprendería de forma simultánea en cuatro ciudades importantes: Barcelona, Valencia, Zaragoza y Badajoz, añadiéndose después La Rioja.

El grito sería:

¡Viva la República española!
y se restablecería la Constitución de 1869.

En cuanto a las veintidós guarniciones comprometidas restantes, unas tendrían que sumarse al pronunciamiento desde el primer momento y otras permanecerían a la espera del triunfo en las principales guarniciones por disponer de escasos medios.

Tras la concentración del grueso de la guarnición a la una y pocos minutos de la madrugada de este 5 de agosto, a las dos y media de la madrugada fueron simultáneamente presos en sus habitaciones el general Salcedo, los dos subinspectores de artillería e ingenieros, coroneles de Estado Mayor y caballería, tenientes coroneles de Estado Mayor, caballería y carabineros, capitán y oficiales de la compañía de artillería; algunos otros oficiales y el gobernador civil. Son confinados en el Cuartel de Ingenieros.

Después del pronunciamiento del teniente coronel Asensio Vega en la plaza de la Constitución, siguiendo las instrucciones de la Junta de Madrid, se intentó formar una Junta de guerra Mixta, compuesta de las diferentes facciones republicanas, pero las personas de más significación de la ciudad se negaron a formar parte de esta Junta, que quedó constituida solamente con los hombres que hemos ido nombrando como protagonistas en el movimiento.

Algunos elementos de la población civil pidieron armas para defender la República, pero en ningún momento se accedió a estas demandas ya que los militares desconfiaban de la utilización que de aquellas pudiese hacer el pueblo.

La Junta revolucionaria nombró capitán general al teniente coronel Asensio Vega y al comandante Marín de Bernardo general segundo cabo.

Rubén Landa, fue elegido gobernador civil.

El trascurrir de este día para los sublevados comenzó a ser angustioso al comprobar que en el resto del país la tranquilidad era total.

¿Por qué no se habían producido más levantamientos en el resto del país?

El 4 de Agosto, a la espera de recibir una importante suma de dinero, el general Villacampa, presidente de la ARM, había aplazado el alzamiento para las dos de la madrugada del día 10 de agosto.

El retraso impuesto por orden de Villacampa resultaría fatal para Badajoz, no siguió el aplazamiento, ya que muy posiblemente Muñoz Epelde no entendió el telegrama que le puso Siffler, pseudónimo del teniente Miguel Pérez, ordenándole que esperara:

“Mañana salgo, espérame, Agapito”.

Pues no le esperaron, como hemos visto, y la sublevación se produjo.

El mando de la plaza lo ostentaba interinamente el Segundo Cabo de la Capitanía General, el General José Salcedo Ferrer, por estar de permiso en Oporto el Capitán General Adolfo Morales de los Ríos.

Salcedo estuvo paseando el día antes con el Gobernador Civil Liborio García Bartolomé sin sospechar lo más mínimo los preparativos de la insurrección.

Al Jefe del Regimiento de Infantería de Covadonga, el Coronel Peralta, también le cogió de permiso, no teniendo Asensio Vega problemas con este Regimiento ya que se sublevaron el Jefe interino, teniente coronel Juan Gutiérrez de los Ríos y los Comandantes de sus dos Batallones, Comandantes Reboul y Carrasco.

Al Jefe del Regimiento de Caballería de Lanceros de Santiago, el Coronel José Reina, y a su teniente coronel, los tuvieron que detener, sublevando el Regimiento el Comandante José Vélez Barriga.

Una vez controlados estos dos regimientos lo demás fue fácil, aunque tuvieron que detener tanto al general Salcedo y a su coronel y teniente coronel de Estado Mayor, como a los dos subinspectores de artillería e ingenieros, al teniente coronel de carabineros, capitán y oficiales de la compañía de artillería, algunos otros oficiales y al gobernador civil Liborio García, que fueron todos detenidos simultáneamente sobre las dos y media de la madrugada y confinados en el Cuartel de Ingenieros.

En el éxito de la sublevación influyó de manera significativa la influencia masónica de la ARM, y en Badajoz particularmente la logia Pax Augusta, a la que pertenecían tanto Asensio Vega como Marín de Bernardo, los líderes de la insurrección.

Serafín Asensio-Vega y Muñoz (Badajoz 1836- La Parra 1905) era de buena posición social, de familia distinguida y muy querido y respetado en Badajoz, con un brillante historial militar, acreedor de numerosas distinciones y recompensas como la Cruz de San Fernando y Benemérito de la Patria (1860) por su actuación en la guerra de África y nuevamente Benemérito de la Patria (1876) por su actuación en la guerra Carlista. Seguramente se puso a disposición del General Lagunero en Barcelona para la intentona golpista militar fallida promovida por Ruiz Zorrilla de 1877. Precisamente tras la muerte de este general adoptó en su iniciación masónica el símbolo de "Lagunero".

También pertenecían a la logia otros militares sublevados como los capitanes Buenaventura Camacho Algaba y Fidel Guerrero Gutiérrez, el teniente Diego Vera Mera, el profesor de equitación José Luna Flores o el capitán de carabineros José Mancebo Aniegro.

Entre los civiles más destacados que apoyaron la insurrección, que también pertenecían a la logia, estaban Rubén Landa Coronado, Narciso Vázquez Lemus, Juan Álvarez Panizo, Regino Izquierdo Rubio o Vicente Martínez Bas.

Estos al parecer no supieron que se iba a realizar el pronunciamiento militar hasta unas horas antes. El día 3 de agosto fue cuando llegó a Badajoz Ezequiel Sánchez Martínez, reuniéndose con Melchor Muñoz Epelde poco después de las siete de la tarde. Éste se fue a visitar a Asensio Vega y ambos se reunieron con Marín de Bernardo, acordando reunirse a las siete de la mañana del día siguiente, 4 de agosto, con el resto de los mandos militares comprometidos. Asensio Vega puso luego en antecedentes a Rubén Landa, que aceptó la participación, pidiendo a Regino Izquierdo, teniente de Alcalde y presidente en funciones del Ayuntamiento que colaborase en la medida de sus posibilidades. Acompañó al pelotón encargado de prender al coronel Reina, del regimiento de Santiago.

Como vimos no quisieron implicarse en la Junta de Guerra Mixta el resto de republicanos, seguramente por no haberse contado con ellos en los preparativos, aunque apoyaron y colaboraron en mayor o menor medida en los primeros momentos del pronunciamiento.

Continuemos con los acontecimientos…

Las puertas de la ciudad estuvieron cerradas durante el día, excepto la de Palmas, que se abría alguna vez para dar salida a los encargados de llevar víveres a los numerosos braceros que en esta época se emplean en la recolección.

Con el transcurrir del día el silencio de las nuevas autoridades empezaban a preocupar a la población ya que la ausencia de algún bando u orden parecía inexplicable.

La primera noticia que se tuvo en Madrid de la rebelión de Badajoz, fue comunicada por el director de telégrafos de Portugal al cónsul de Elvas.

Tropas de la caballería portuguesa marcharon a cubrir su frontera.

Las noticias comenzaron á circular en Madrid de una manera vaga é indeterminada al principio de la tarde.

Decíase que había estallado una insurrección en Extremadura, sin que se supiera cómo, cuándo ni con qué proporciones. El Gobierno mismo desconocía los pormenores y verdadero carácter del hecho, por falta de comunicaciones directas con el lugar teatro de la sublevación.

Así se pasó hasta las cinco y cuarto de la tarde, a cuya hora el Gobierno recibió un telegrama de Badajoz suscrito por la "Junta revolucionaria".

Decía el telegrama, que unidos los republicanos pactistas, los republicanos orgánicos y los zorrillistas, habían acordado proclamar la "República española", que había en Badajoz el mayor entusiasmo, que el ejército, con sus jefes á la cabeza, fraternizaba con el pueblo, que el movimiento era secundado en otras poblaciones de España, que se habían dado vivas al señor Ruiz Zorrilla y que las autoridades estaban detenidas.

A á última hora de la tarde era ya del dominio público, si bien por incertidumbre y por prudencia nada recogieron los periódicos que á esas horas se confeccionan.

Como era de esperar, tras comprobar el gobierno que en el resto de España la tranquilidad era total, suspende la garantía constitucional en el distrito de Extremadura y esa misma noche salieron de Madrid en trenes especiales fuerzas del ejército al mando del Excmo. señor general don Ramón Blanco y Erenas, nombrado, para resolver la situación, general en jefe del ejército de Extremadura. Un total de 3.000 hombres.

Eran seis batallones de infantería, caballería y la artillería correspondiente con doce piezas de á nueve centímetros: Dos del regimiento de Granada, otros dos del de Garellano y los batallones de cazadores de Arapiles y Puerto-Rico. Junto con el General Blanco iban el general Córdoba y los brigadieres Castro, Sanfelices y Pastor

Desde Badajoz se dispuso rápidamente, esa madrugada, un tren urgente con exploradora, al mando del capitán Buenaventura Camacho, que llegó hasta el puente de Aljucén, haciendo ver con telegramas falsos aproximaciones de fuerzas superiores, para que no se les molestara y poder así cortar la vía sobre dicho puente, lanzando después una máquina a gran velocidad, para que descarrilara en el tramo primero, inutilizando tanto la vía como la máquina, regresando enseguida a Badajoz

El general Martínez Campos, ministro de la Guerra, envía por la mañana nuevas tropas al mando del brigadier señor Contreras. Se embarcan en la estación de las Delicias el regimiento de infantería de Mallorca, acantonado en Leganés, y el de caballería de la Reina, que se encontraba en Vicálvaro. Con ellas va un convoy sanitario

Todas las fuerzas deben reunirse en Mérida.

En Badajoz amaneció el día 6 con la calma de costumbre.

Desde las primeras horas empezó a notarse cierto movimiento de soldados en la calle que revelaba que las tropas iban a tomar alguna actitud.

Pronto comenzaron a circular diferentes rumores respecto a la marcha de las tropas: que saldrían a tomar posiciones fuera según unos, a dividirse en partidas por la provincia según otros, y a ganar la frontera según la opinión general, por tener noticias de que el General Blanco estaba en camino con gran número de fuerzas del Gobierno, y saber los sublevados que el movimiento no había sido secundado en ninguna parte.

Esto tenía visos de acabar en Portugal como la tentativa “zorrillista” del singular Comandante Isidro Villariño, que se sublevó el 2 de agosto de 1878 en Navalmoral de la Mata con una veintena de soldados al grito de “¡Viva la República y abajo los consumos!”.

A las nueve de la mañana, han pasado por Ciudad-Real las fuerzas al mando del general Blanco.

Cerca de las diez de la mañana aproximadamente, comenzaron efectivamente a evacuar la ciudad, y a las once la mayoría de las tropas ya habían abandonado la población, tomando dirección a la frontera portuguesa.

Con los rebeldes salieron de Badajoz 16 presos.

Los guardias que custodiaban a los detenidos del parque de Ingenieros fueron las últimas que abandonaron sus puestos dirigiéndose igualmente a la Puerta de Palmas. El General Salcedo salió tras ellos con su ayudante intentando alcanzarlos para detenerlos, sin que consiguiera otra cosa que ponerlos en precipitada fuga.

Inmediatamente salieron las demás autoridades, jefes y oficiales detenidos, y con pasmosa rapidez las pequeñas fuerzas de la Guardia Civil y carabineros se apoderaron de los cuarteles, de la cárcel, de la Capitanía General, de la tesorería y demás puestos de importancia.

A las once y veinticinco minutos comunica el General Salcedo a Madrid que acaba de emprender fuga para Elvas la guarnición sublevada.

Antes de entrar en Portugal los sublevados, estuvieron acampados en la misma frontera, mientras negociaban con las autoridades portuguesas, dejando avanzadas en dirección a Badajoz.

De una y media a dos de esta tarde llegan a Mérida el general Blanco con parte de sus tropas, donde el Tercio de la guardia civil, que no ha tomado parte en el movimiento, se había estado reconcentrando, donde se hallaba su jefe. Interrumpida la línea férrea, siguen su marcha por la carretera.

A las dos de la tarde el general Salcedo y el gobernador Liborio García se ponen al habla con el presidente del Consejo y ministro de la Guerra.

Alas cinco de la tarde, consiguieron los sublevados internarse en Portugal, donde les recogieron sus armas y caballos.

Poco después de las nueve de la noche entraron en Badajoz unos cien guardias civiles, anunciándose la entrada de las tropas que enviaba el gobierno

Los soldados quedaron alojados en los cuarteles de Elvas y los oficiales en casa de particulares.

Él gobierno portugués ordena que sean internados en la plaza militar de Peniche.

El día 8 comenzaron a trasladarlos a la fortaleza de Sacavem, cerca de Lisboa. Allí fueron trasladados 417, entre ellos 19 sargentos y 37 músicos. Dos oficiales españoles quedaron encargados de ellos para que guardasen la debida disciplina. Estaban bien atendidos por el Gobierno portugués. Se les permite salir á paseo por los pueblos vecinos. Guardan gran orden. Componen la mayoría de la fuerza extremeños y hay 150 vascongados. Ninguno se da cuenta de lo ocurrido. Se les habían prometido dos años de rebaja en su tiempo de servicio

El resto de los oficiales y jefes, hasta el número de 29, se alojaron en Lisboa. Al llegar fueron conducidos al gobierno civil, donde almorzaron, y después, acompañados de cuatro oficiales portugueses, se presentaron á la autoridad militar. El teniente coronel don Serafín Vega se mostraba muy contento, los demás preocupados.

Los nombres de: los llegados con Asensio Vega eran: los Comandantes Marín y Cordovilla, los capitanes Roncero, Zavala, Tirado y Mayoral; los tenientes Silva, Sánchez, Martín, Maraver, Muñoz y Rubio, y los alféreces Camacho, Llanos, Zabalza y Rodríguez; de la reserva de caballería el capitán Pinto, los tenientes Prado, Alarcón, Zapata, Ferreras, Jiménez, Duran, Muñoz, Cámara, Alonso y el alférez Goyena.

El día 9 quedaban en Elvas unos cuatrocientos hombres de tropa con sesenta oficiales, que saldrán esa tarde de Elvas y llegarán a Lisboa sobre las seis de la mañana. Durante esos días fue constante la presentación de soldados solicitando indulto en el consulado de Elvas, afirmando que se les llevó engañados al campo de la rebelión. En este convoy llegaron los emigrados civiles, en número de 27, entre ellos Rubén Landa, Ezequiel Sánchez y un profesor de gimnasia. Los restantes eran campesinos.

Los condujeron desde la estación al vapor "India", fondeado en el Tajo con los oficiales á bordo. El Gobierno les ha manifestado que elijan el país donde deseen emigrar. La mayoría solicitan ir a Francia ó Inglaterra. A bordo del "India" hay 121 jefes y oficiales, algunos paisanos y dos señoras. No se les permite comunicar con tierra.

Los que prefirieron quedarse en Portugal serán conducidos a las Azores, y en este caso esperarán la llegada de los vapores de las Mensajerías para ser trasbordados.

A las dos de la tarde llegó el segundo convoy de soldados.

El trasporte de guerra "África" esperó al convoy atracado junto al muelle del ferrocarril. Los emigrados pasaron del vagón directamente al buque sin entrar en Lisboa, y fueron conducidos á la fortaleza de Peniche, distante 50 kilómetros de Lisboa.

El día 13, los que se habían quedado en el vapor "India" a la espera de ser trasladados a Francia o Inglaterra, fueron trasladados al vapor "África" zarpando de Lisboa con rumbo á Cherburgo, conduciendo á 95 jefes y oficiales y 25 paisanos emigrados por los sucesos de Badajoz, llegando el día 19 mostrándose muy reconocidos a las autoridades francesas. Rubén Landa, protestó ante las autoridades francesas contra la conducta del Gobierno portugués, antes de abandonar el buque. El Gobierno francés había acordado socorrer con un franco diario á todo sublevado que pase á la República vecina.

Tres días más tardes fueron establecidos en Rennes.

Por considerárseles relacionados con el pronunciamiento fueron detenidos, aunque poco después se les puso en libertad, al ex-teniente de alcalde Domingo González Cabrera, José Moreno Baylén, de Mérida, el farmacéutico de Cabeza del Buey Garrote, Miguel Alcantú de Alburquerque y Eduardo Galván y Santiago Izquierdo, de Zafra.

El Regimiento de Infantería de Covadonga es disuelto, y será sustituido en diciembre por el Regimiento Castilla.

El Regimiento de Caballería de Lanceros de Santiago se intercambia en septiembre por el Regimiento de Lanceros de Villaviciosa, que estaba en Granada.

Las requisitorias para el Consejo de Guerra comenzaron en Septiembre.

A primeros de Octubre fue detenido fue detenido en Zafra Regino Izquierdo Rubio y en Noviembre Narciso Vázquez Lemus y Juan Álvarez Panizo. Todos ellos salieron en libertad bajo fianza.

A finales de Noviembre se les dio un plazo de dos meses para acogerse a indulto a todos los cabos y soldados.

En Marzo de 1884 fueron nuevamente detenidos Regino Izquierdo, Narciso Vázquez y Juan Álvarez junto con el oficial militar Avelino Pinna, ante la noticia de haberse descubierto una nueva conspiración en Madrid.

El 7 de Abril se inició el Consejo de Guerra, donde las peticiones del fiscal variaban entre los 4 meses y cadena perpetua a los presentados, mientras que para los 153 jefes, oficiales y sargentos, 21 soldados y cabos no presentados, Rubén Landa y Ezequiel Sánchez se pedía pena de muerte.

El 4 de Octubre fueron puestos en Libertad Narciso Vázquez y Juan Álvarez.

Regino Izquierdo fue condenado en Noviembre a 8 años y 1 día de prisión, siendo trasladado al presidio de Málaga, desde donde se fugó tres meses más tarde, en febrero de 1885. En Mayo de 1885 fue detenido en Lisboa, a bordo del vapor "Italia", siendo enviado al acorazado portugués "Vasco de Gama", donde permaneció durante meses, hasta que pasó a Francia.

A finales de diciembre de 1885, acogiéndose al indulto de Sagasta, regresó del exilio Vicente Martínez Bas. En enero y febrero de 1886 fueron llegando a Badajoz el resto de civiles exiliados, entre ellos Regino Izquierdo y Rubén Landa.

Serafín Asensio Vega no regresará a Badajoz hasta 1891 después de su amnistía.

Por Fernando de la Iglesia Ruíz

El pronunciamiento republicano del 5 de agosto de 1883 en Badajoz
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