Es pésima la corrupción de “los mejores”

Reyes de España
A todos nos suena Delenda es Monarchia (Acabemos con la monarquía), por el título de un artículo de Ortega y Gasset, publicado en noviembre de 1930. Se trataba de una crítica a la descomposición del Estado del gobierno del General Berenguer que había seguido a la Dictadura de Primo de Rivera que hoy nos parece tedioso pero que, en la memoria colectiva, flotó durante años porque la dictadura de Franco se ocupó de ir rememorándola de vez en cuando. Aún después de la impuesta “re-instauración”, vaya palabro, de la forma de Estado español como Monarquía sin Rey ni Regente ni Príncipe heredero como sería lo suyo, ya que el Caudillo, ególatra y artero, quería perpetuarse en el poder. Y su mujer, “La Señora”, no digamos.

La historia es bien conocida, no quiso reconocer al heredero designado por el destronado rey Alfonso XIII, Don Juan, y maniobró para distinguir al hijo mayor del pretendiente en el exilio, Juan Carlos, pero encargándose el déspota de su educación en los inamovibles principios del Movimiento Nacional. No sin la servil pero poderosa ayuda de la oligarquía de terratenientes, bánksters y los máximos dignatarios de la Iglesia católica que hasta le “reconocieron” el inefable derecho a entrar en los templos bajo palio. Hay documentos gráficos de Obispos con el brazo extendido entonando el Cara al sol y respondiendo hasta desgañitarse a los gritos de rigor. No hay más que decir, recordemos que, a cambio de todo lo que pidieron en tierras, derechos, privilegios e intervención directa en los supremos órganos de aquel régimen fascista, desde el Consejo de Regencia a las poltronas-escaños en las “renacidas” Cortes Generales, calificaron la Rebelión militar/Guerra civil como “Cruzada nacional por la cristiandad”. Pero todas estas prebendas de pachás eunucos no es comparable al poder totalitario que asumieron en la educación en todas sus formas, desde la infancia a las universidades, fuerzas armadas, sindicatos, alcaldías, diputaciones etc. amén de la censura más ominosa en toda forma de expresión y la libre circulación de sus bienes y prebendas para blanquearlos en el Vaticano y otras marrullerías que conocemos y que padecimos.

Pues bien, si Catón arengó con su Delenda est Carthago, en este país mastuerzo se coqueteaba con el Reich, con Il Duce, Pétain y con todos los movimientos de extrema derecha que imperaban… el Caudillo impuso la consigna de que éramos “la reserva espiritual de Occidente” y otras lindezas mientras no cesaban de recitar como un mantra que “España va bien”… a pesar de masones, comunistas, judíos, sodomitas, socialistas, separatistas, anarquistas etc. ¿No les recuerda a alguien, también gallego pero que a fuer de no hacer, flota como el corcho y otros materiales?

Ahora, después de la vergonzosa abdicación del Rey Juan Carlos en el actual Rey que padecemos, con todo su entramado de relaciones con dictadores latinos, reyes y emires musulmanes absolutistas pero que tuvieran “de donde sacar”. Como decía aquél truhán “a mí no me importa el cargo, pónganme donde haya de donde sacar”. La ignominiosa dictadura fue “sucedida” por los dos reyes que había preparado para su sucesión. Hablaban lenguas y se entendían bien con sus “cousins” árabes sauditas y con los infumables príncipes del golfo.

Pues bien, aquí tenemos a una atrabiliaria Familia Real, a cargo de los Presupuestos del Estado, con cuentas nunca declaradas en Suiza, Luxemburgo, EEUU y otros puertos de amarre que pareció distanciarse de las tropelías del matrimonio Urdangarín, no, ella nunca supo nada de negocios y ni de cuentas, ni de firmas.

El actual Rey aparentó un distanciamiento “sanitario” en el que colaboró a fondo su ultra “monárquica” esposa, Leticia, republicana, de izquierdas, divorciada y atea profesa, que repetían que “la Ley es igual para todos”, pero las sentencias ni el trato, no. Así se contrataron bufetes espléndidos y sensibles a promesas, encargos e intermediarios para, al final, llevarnos, los ciudadanos españoles y una buena parte de otra países las condenas recurridas, la libertad sin fianza, el poder mantener su residencia en Suiza, ¿dónde si no?, poder viajar por todos los países de la Unión Europea y, a nada que les borbonée… el cuerpo, seguirán en la estratosfera. Ha sido un escándalo el juicio a Cristina y a Urdangarín, al que, sin fianza alguna, se le permite residir “como turista”, sin trabajo ni actividad conocida, en Suiza que no pertenece a UE.

He querido dejar para el final algo personal y doloroso: aparte de letrado y profesor de universidad fundé y presidí la ONG Solidarios para el Desarrollo con sede en la UCM. Sólo les pido que traten de imaginar la cantidad de internos en las cárceles que he podido tratar en las visitas semanales en los últimos treinta años… el número de presos preventivos por no poder pagar fianza con los que se violó una y mil veces el artículo 25 de nuestra Constitución. Por favor, entren en Internet y léanlo aunque les brillen los ojos y se les arrugue el corazón.

“No hay un rey que, teniendo fuerza suficiente, no esté siempre dispuesto a convertirse en absoluto”, Thomas Jefferson.

José Carlos García Fajardo es profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)

Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)
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