Sr. Borbón

Alfonso XIII
Una actitud franca, noble, abierta, nos hubiera parecido impropia. Es mejor así. Que forcejee hasta el último minuto y niegue el forcejeo. Que busque generales para la guerra fratricida, y, no hallándolos, alardee de sensibilidad. Sus compañeros en el juego del polo recordarán hoy la extraña cólera con que el señor Borbón, entonces rey de España, arrancó de manos de un guarda la pistola para despenar a un pobre caballo que acaba de desgraciarse:

- "¡Hay que matar!"

Sí. Había que matar. Y los miembros del Consejo de guerra que condenó a Sediles (2) recordarán también las preguntas por teléfono:

- Pero, ¿qué pasa? ¿A qué se aguarda?

Es mejor que ahora se manifieste así. Conforme a su naturaleza y a los precedentes históricos. Afectando repugnancia a la lucha entre hermanos, pero dispuesto a mantener sobre la segunda República española una interrogante blanca o roja. Pensar que la liquidación de la Monarquía iba a hacerse como la de un almacén de saldos, sin conflictos, sin problemas políticos, era demasiado optimismo. 

Al transformarse el último rey de una dinastía en don Juan Particular, en el señor Borbón, hay en él innumerables fibras rebeldes que no quieren servir y que contestan al mandato como buenamente pueden. Su flexibilidad de rey constitucional -a pesar de todo-; su práctica del fingimiento le ha sugerido esa argucia. Pasea por Europa hasta que España vuelva de su acuerdo, lo cual ocurrirá en las elecciones de junio. Contra la matraca del pueblo que se ha desbordado estos días gritando "¡No se ha ido, que lo hemos echado!", el señor Borbón responde: "Sigo siendo el rey, pero ahora salgo de España para que deliberéis en paz".

Fórmula admirable si la hubiese aceptado cuando se le propuso, mucho antes del 12 de abril de 1931, pero que aun ahora salva todas las apariencias y le permite un principio de confortación en las relaciones sociales. ¡Qué difícil en estos primeros meses del destierro el encuentro con las personas que buscaban en ellos al rey y a la reina y a la real familia, y ahora se encontrarán con la mustia sonrisa del señor Borbón! Para iluminarla hacía falta esa esperanza y, cuando no, ese pretexto y la esperanza. Bien sabe que ni de aquí a junio, ni de junio a otro junio, va a votar España a su favor. Pero la actitud firme ante la adversidad y la aceptación leal de su destino, están por encima de la psicología de Alfonso XIII y mal podían inspirar otras palabras al señor Borbón.

Estamos acostumbrados a poner grandeza en los trances históricos decisivos, y cuando no la hubiere, la inventamos. Aquí no ha habido frases ni gestos para la Historia. El último rey de España ha salido, como el personaje de una novela freudiana, en el que domina lo inconsciente, más que la fatalidad. Algún día tendremos el relato de esas últimas horas; pero no es difícil imaginar que el sentimiento dominante era el rencor contra los políticos más afectos que acababan de entregarle, sentándole sin defensa en aquel automóvil fantasma que atravesó media España de noche, escoltado como el de un caballero de industria, por la guardia civil. ¡La Guardia civil irá para siempre unida en los recuerdos del rey y de la reina, como una pesadilla! Rencor a los políticos. Conociendo el lenguaje habitual en el primer inspirador de las campañas marroquíes, no será temerario concretar su pensamiento en esta frase.

- Han chaqueteado.

El los hizo chaquetear el 13 de septiembre. Aparecieron ante el pueblo como unas gallinas, tirando el fusil y el correaje. no era, en realidad, una traición al rey, sino una maniobra en su favor y contra España. Pero ahora chaqueteaban de verdad, le dejaban indefenso. Seguramente ese tumulto de indignaciones buscaría alguna expresión que por desgracia no ha llegado a nosotros y que ya se encargarán de divulgar sus acompañantes, como por otra parte lo han hecho las que despidieron en El Escorial a doña Victoria.

El mensaje del rey, la despedida del señor Borbón, abre un periodo de la historia de España, quizá sea el pórtico de otra guerra civil. Pero de todos modos, ya la teníamos, inevitable, y vale más que surja estando el pueblo en el Poder, porque la oposición favorable difícilmente la recuperarán quienes no la supieron defender. "Mientras, habla la Nación...! La nación seguirá hablando pero sus primeras palabras, las del día doce, son ejecutivas.

Luis Bello

Artículo publicado en 'El Crisol'el sábado 18 de abril de 1931

(2) El 14 de diciembre, un Consejo de Guerra condena a morir fusilados a los capitanes Galán y García Hernández. En marzo serían juzgados y condenados un número significativo de militares por los hechos. El capitán Sediles, condenado a muerte, fue indultado ante las movilizaciones populares. Poco después, tras las elecciones del 12 de abril, la monarquía se exilia y se proclama la República y se les reconocerá como "mártires" por la República.
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