El revisionismo clerical contra la República popular

El revisionismo clerical contra la República popular
Desde el Renacimiento, hasta el día de hoy, de la Iglesia católica puede afirmarse ese eslogan providencial de que progresa de victoria en victoria hasta su derrota final: el Apocalipsis, anunciado por sus profetas. Una religión que anuncia el fracaso histórico y social de su misión en sus propios textos sagrados. Esperpéntico. Ciertamente, históricamente asociada a los imperios romanos, al de Carlomagno y al de los Habsburgo hasta la desintegración de éste al finalizar la Primera Guerra Mundial, y desaparecidos éstos asociada a las monarquías absolutas, todas católicas, y derrotadas estas por las repúblicas en Francia, en Austria, en Alemania, en España, se asoció con el fascismo, con el nazismo, en el concordato de 1933, con las dictaduras militares de Salazar, de Dollfus, de Franco…etc,etc,etc…

Hasta que, como consecuencia, no de las revoluciones comunistas, sino de las revoluciones liberales fue expulsada del Estado, de cuya asociación y alianza siempre ha necesitado para imponer su dictadura moral, poniéndose al servicio de todos los Estados como gendarme de la moral. Papel que cumplió con todas las dictaduras y sus buenas rentas que sacó de ellas. Tal era su incomprensión de lo que estaba ocurriendo en el siglo XIX, revoluciones liberales, con separación de la Iglesia y el Estado, y proclamación de derechos individuales como fundamento de una nueva moral y de un nuevo concepto de la libertad, de la revolución científica y de la revolución industrial, que todos los papas se pasaron ese siglo y el siguiente condenado todos estos cambios.

Cómo explicarse desde el punto de vista clerical dogmático, ortodoxo, autoritario, y providencialista, no hay que olvidar que para la Iglesia católica todo lo que ocurre en la Historia, como para Hegel, y como para los sacerdotes sumerios, mesopotámicos, egipcios y asirios desde el tercer milenio antes de nuestra era, todo lo que ocurre es por voluntad de dios o de los dioses, porque todo devenir ocurre según está determinado por ellos.

La Iglesia estaba desconcertada ante el hegelianismo, el positivismo, el materialismo, el marxismo, el anarquismo, el darwinismo, el nihilismo, el sicoanálisis…las revoluciones sociales, políticas, científicas, biológicas, físicas químicas…Compte, Marx, Bakunin, Darwin, Nietzsche, Freud…estaban poniendo su mundo clerical y providencialista patas arriba. La ciencia, el pensamiento político, el origen del poder, el sistema de valores y la moral, el individuo como sujeto de derechos…se habían secularizado completamente. A estas revoluciones la Iglesia siempre las califica de crisis de conciencia. De su conciencia, debería ser, no de la conciencia humana que se desarrolla afirmándose así misma contra la voluntad divina/clerical.

Las leyes físicas, cósmicas, sociales, materialistas y positivas contra el determinismo de la Divina providencia. Y su primera reacción fue, además de condenarlo todo por ser producto del Mal, proclamar la infalibilidad del papa. El papa lo sabe todo de todo. Es la única autoridad, el magisterio, sobre todo: ciencia, política, derechos, soberanía… Contra el progreso, anunciado por los ilustrados, la providencia divina y la sabiduría absoluta comunicada por dios al papa. Patético.

Teniendo en cuenta esta concepción providencialista de la Historia humana, cómo explicarse, decía, estas revoluciones que dejaron a la Iglesia, allí donde todavía existía, totalmente fuera de juego. Condenado las libertades, condenado los derechos individuales, condenando la democracia, condenando el pensamiento científico, condenado las nuevas teorías del origen del poder…condenándolo todo.

La Iglesia católica había perdido la batalla en todos los terrenos, político, moral, científico…; pero ellos siguieron defendiendo la escolástica contra el pensamiento científico. La escolástica es esa pretensión racionalista que no pretende descubrir, conocer la verdad porque ésta ya se conoce, está en la Biblia y la Tradición, y se adquiere no por el método inductivo sino por la fe y la revelación. La escolástica lo que pretende es racionalizar las verdades que ya han sido reveladas o/ que hay que creérselas por la fe. Y que el pensamiento científico fue poniendo patas arriba.

Pues bien, cómo explicar, desde un punto de vista clerical providencialista, estas revoluciones que había desalojado a la Iglesia de todos los Estados burgueses. Al menos de su posición ideológica y moral dominante.

En una alucinante encíclica la “Humanum genus” , el nuevo papa, León XIII, que vivía en un barrio de Roma gracias a que el nuevo Estado monárquico liberal italiano, le dejó vivir ahí, a pesar de haber excomulgado a la monarquía italiana de los Saboya, en esta encíclica explicaba, lo que estaba ocurriendo, en los siguientes términos, literalmente:

“El humano linaje, después que, por envidia del demonio, se hubo, para su mayor desgracia, separado de Dios, creador y dador de los bienes celestiales, quedó dividido en dos bandos diversos y adversos: uno de ellos combate asiduamente por la verdad y la virtud, y el otro por todo cuanto es contrario a la virtud y a la verdad. El uno es el reino de Dios en la tierra, es decir, la verdadera Iglesia de Jesucristo, a la cual quien quisiere estar adherido de corazón y según conviene para la salvación, necesita servir a Dios y a su unigénito Hijo con todo su entendimiento y toda su voluntad; el otro es el reino de Satanás, bajo cuyo imperio y potestad se encuentran todos los que, siguiendo los funestos ejemplos de su caudillo y de nuestros primeros padres, rehúsan obedecer a la ley divina y eterna, y obran sin cesar o como si Dios no existiera o positivamente contra Dios.

Agudamente conoció y describió Agustín estos dos reinos a modo de dos ciudades contrarias en sus leyes y deseos, compendiando con sutil brevedad la causa eficiente de una y otra en estas palabras: Dos amores edificaron dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios edificó la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo, la celestial [1].

LA MASONERÍA 

En el decurso de los siglos, las dos ciudades han luchado, la una contra la otra, con armas tan distintas como los métodos, aunque no siempre con igual ímpetu y ardor. En nuestros días, todos los que favorecen la peor parte parecen conspirar a una y pelear con la mayor vehemencia, bajo la guía y auxilio de la sociedad que llaman de los Masones, por doquier dilatada y firmemente constituida. Sin disimular ya sus intentos, con la mayor audacia se revuelven contra la majestad de Dios, maquinan abiertamente y en público la ruina de la Santa Iglesia, y esto con el propósito de despojar, si pudiesen, enteramente a los pueblos cristianos de los beneficios conquistados por Jesucristo, nuestro Salvador. Llorando Nos estos males, y movido Nuestro ánimo por la caridad, Nos sentimos impelidos a clamar con frecuencia ante el Señor: He aquí que tus enemigos vocearon; y levantaron la cabeza los que te odian. Contra tu pueblo determinaron malos consejos, discurrieron contra tus santos. Venid, dijeron, y hagámoslos desaparecer de entre las gentes.”

Estamos a finales del siglo XIX, momento en el que al triunfo de las revoluciones liberales se unen los movimientos políticos anarquistas y socialistas/comunistas. ¿Quiénes estaban detrás del liberalismo, del socialismo, de los revolucionarios, ilustrados y progresistas? Los masones. Ellos eran la inteligencia del Mal, del pensamiento político y científico. Bien, pues desde esta rancia, anacrónica y disparatada tesis clerical, han pasado más de 100 años, dos guerras mundiales, los Beatles y el Rock, la Guerra Fría y el Estado de bienestar, la caída del fascismo, del nazismo, de los totalitarismos bolcheviques, las dictaduras católicas, y la revolución científico técnica…etc y la Iglesia Católica sigue victoriosamente estancada en sus tesis. Inevitablemente porque el mundo evoluciona en una dirección dominante, la del progreso, el Mal, y ellos siguen estancados, en la posesión de la Verdad, el Bien.

Bien, pues a pesar del paso del tiempo; a pesar de que estamos a años luz del siglo XIX, hace unos días, sí en el siglo XXI, año 2017, una revista clerical, La Gaceta, publicaba, 20 marzo, 2017, un artículo firmado por un tal Fernando Paz, titulado: “Así influyó la masonería en la Segunda República española”. El argumento es delirante. Como según el papa y la doctrina clerical, la masonería es el Mal, la Segunda República española fue un engendro del Mal. Toma castañas. Y como fue un engendro del Mal tuvo un origen ilegítimo. Fue ilegal y, en consecuencia, Franco se sublevó contra esa ilegalidad para restaurar la legalidad sin votos: el Reino de la Iglesia y de su Dictadura militar.

A partir de cuestionar el origen legal de la República se trata de legitimar, en Dios, el origen de la Dictadura. El argumento es delirante, propio de Ricardo de la Cierva que estuvo reescribiendo la Historia de Europa y de la Iglesia para mostrar cómo la divina providencia, o sea los astros, han guiado la Iglesia hasta su éxito triunfal. No tienen en cuenta la verdad histórica, y además les importa una mierda puesto que de lo que se trata es de revisar la Historia para aparecer, los derrotados, como victoriosos.

No les importa que, primero, el papa Pío XI reconociera la legalidad republicana en su encíclica “Dilectissima nobis”, 1933, en la que el mismo papa se ponía al servicio de la República a cambio de que respetara los intereses y privilegios de la Iglesia católica, amenazados por la Ley de Congregaciones religiosas. Y esto lo cuenta, sin pelos en la lengua, un historiador clerical-franquista, Arrarás, en el tomo IIº de su libro sobre la “Historia de la Segunda República Española”, pg. 126 y ss.

Tampoco les importa, en segundo lugar, que este mismo papa, en esa misma carta dirigida a la derecha española, que eran los terratenientes monárquicos, que se organizaran, todas las derechas, en lo que sería la CEDA, para conquistar el Poder de la República y, sin cuestionarla, imponer la doctrina cristiana desde la legalidad republicana. Y a partir de ahí se creó la figura del dirigente clerical, Gil Robles. Quien en ningún momento cuestionó la legalidad republicana que él quería conquistar parlamentariamente para, siguiendo los ejemplos de Hitler y Dollfus, conquistar el poder de la República e instaurar un Estado corporativo clerical-fascista., descrito en la encíclica “Rerum novarum” por León XIII. Exactamente como hizo Mussolini y aún mejor, Salazar en Portugal.

Porque fracasó esta alternativa clerical de la derecha monárquica y de un sector monárquico del Ejército, es por lo que se recurrió, in extremis, a la solución de la sublevación militar contra la República. Vamos que, en su necesidad de revisar la historia para presentar a las víctimas como verdugos, este señor, pretende legitimar la Dictadura y deslegitimar la República. Esto sólo puede ocurrir porque hemos llegado a un grado de degradación moral e intelectual sólo posible por el actual gobierno del Opus Dei dirigido por el sacristán Rajoy.

La República, señores, se proclamó por aclamación popular. La monarquía, abandonada por los militares, pero no por la Iglesia, sencillamente se desplomó. El júbilo se desbordó por todos los lugares. Como admite el mismo Arrarás y prueba la resistencia que popular de la República contra la sublevación clerical-militar, durante tres años de guerra civil, que impuso una Dictadura militar y una dictadura moral. En la que la libertad de expresión, y todas las libertades, estaban prohibidas, condenadas y perseguidas. Las cárceles se llenaron de librepensadores. Y los cementerios de herejes. Sólo se podía ser católico o nada. Y sin embargo en el campo y en Cataluña y Valencia, sobre todo, dominaban los anarquistas, en los centros mineros y urbanos los socialistas y los liberales en las ciudades.

La República fue la única esperanza de los jornaleros, de los mineros, de los obreros, de las mujeres, de los librepensadores…esa fue la causa de su triunfo. Y proclamó un nuevo sistema de valores alternativos a la sadomasoquista moral cristiana. Que se había impuesto en España, durante siglos, por la espada de las monarquías absolutas y de las dictaduras. La República fue una liberación. El Mal, la opresión, la miseria, la explotación…estaban en la otra parte… El Reino de Dios. Porque Franco fue Dictador, providencialmente puesto, Caudillo por la gracia de dios. El Apocalipsis. Una venganza divina, prueba evidente del fracaso de su providencialismo.

Javier Fisac Seco


Notas:

[1]  De Civit. Dei. Lib. XIV, c. 17.
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