Homenaje, en el Ateneo de Madrid a Don Niceto Alcalá-Zamora

Homenaje, en el Ateneo de Madrid a Don Niceto Alcalá-Zamora
El lunes 26 de marzo de 1979, se celebró un acto de homenaje a la memoria de don Niceto Alcalá-Zamora Torres, primer Presidente de la II República Española, con ocasión del 30 aniversario de su muerte acaecida en Buenos Aires.

La agrupación madrileña de ARDE (Acción Republicana Democrática Española) organizó el acto e intervinieron como oradores el Presidente de la misma, Alejandro Fabra Jiménez, prestigioso médico madrileño, discípulo de gregorio Marañon, el cual hizo la presentación de los oradores, quienes recibieron cálidos aplausos de los numerosos concurrentes que llenaban el acreditadísimo salón del Ateneo de Madrid.

El Presidente de la Ejecutiva Nacional, don Emilio Torres Gallego, hizo un objetivo estudio de la vida profesional y política del extraordinario hombre público don Niceto Alcalá-Zamora Torres, de cuya honorable conducta tanto tenemos que aprender los republicanos de cualquier color o matiz. Emilio Torres, recordó la faceta de abogado de Alcalá-Zamora, uno de los primeros bufetes madrileños, bufete que abandona para ser Presidente de la República, con un sueldo escaso comparado con sus ingresos del despacho que cerró durante su mandato presidencial. Estaba don Niceto tan bien preparado para regir los destinos de España, pues había recorrido muchos puestos de mando. Había sido secretario de Gobierno Civil de Madrid, Ministro de Fomento, Ministro de Guerra, presidente de muchas comisiones de Guerra y Marina, entre ellas las parlamentarias, diputado a Cortes desde el año 1906. Sobre todo era un gran estudioso del Derecho político y un hombre bueno. Así como cuando se presentó a las Cortes Constituyentes dijo que venía con las manos limpias de sangre y de codicia, cuando se fue en el año 1936 pudo decir lo mismo.

Intervino el venerable republicano, don José Maldonado González, ex-Presidente de la República en el exilio, testimoniando varias de las singulares actuaciones del Presidente de la II República y con noble ejemplaridad reconoció que, como en la juventud predomina la pasión, todo lo explicable que se quiera, pero que a veces obnubila la serena razón y luego, al correr de los años, se justiprecia mejor el tino o la equivocación con que se ha procedido... sin que le dolieran prendas confesó que también él no procedió en ocasiones justamente con don Niceto.

Maldonado recordó que en el año 1936 en la famosa sesión de Cortes fue uno de los que votaron la destitución de Alcalá Zamora de la que se muestra arrepentido, pues fue el gran error de la República. Se adujo entonces que por razón del artículo 81, aquella disolución de las Cortes republicanas que dieron lugar al triunfo del frente popular era anticonstitucional. El no lo sostenía así y decía que siempre había ido don Niceto siguiendo en su mandato fielmente a la Constitución, pero se le dijo, como última razón, que estaba la razón de Estado, que o se votaba la destitución del presidente o la República peligraba. Ya así se cometió aquel error que dio al traste con la República, pues se marginó por completo la legalidad y aquella arbitrariedad dio paso a la reacción contraria en forma violenta.

Cerró el acto, neta y ejemplarmente republicano, el hijo del homenajeado, don Niceto Alcalá-Zamora Castillo, quien rememoró pasajes imprescindibles de la vida de don Niceto y leyó pasajes y anecdotarios escritos en el exilio, en honor a su padre, por escritores de talla y políticos de la categoría del propio Indalecio Prieto, los cuales, a juicio de este cronista, vinieron a demostrar que el Primer Presidente de la II República Española no ha muerto para la historia, puesto que supervive con su ejemplo y su extraordinaria valía entre los prohombres de la I y la II República Española

En mocionadas palabras, hizo un paralelo entre las vidas de Castelar y la de su padre, los dos grandes oradores, liberales los dos y católicos creyentes, aparte de republicanos. Aludió a la destitución de su cargo de primer magistrado de la nación y recordó como aquellos dos, que él indultara de la pena de muerte, Teodomiro Menéndez y González Peña, fueron los primeros en votar en contra de su padre, así como Prieto, pero éste, en un artículo en Méjico, ya declararía que fue un tremendo error. Luego leyó textos de Leandro Pita Romero acerca de la muerte de don Niceto, texto que indiscutiblemente ha constituído la mejor nota necrológica del primer presidente, también leyó textos de Sánchez-Román y de Cabanellas sobre la transcendencia de la gran figura de su padre en el aspecto político y así como la palabra Desamortización va unida a la de Mendizábal, la de Revolución septembrina a la de Prim y la restauración a Cánovas, la II República está unida con el nombre de Alcalá Zamora en la Historia del siglo XX en España.

Una gran salva de aplausos rubricó las palabras de Niceto Alcalá-Zamora y Castillo, último de los oradores de aquella conmemoración que el Ateneo madrileño dedicó a su padre con ocasión del treinta aniversario de su muerte, ocurrida allá en Buenos Aires, lejos de su adorado pueblo de Priego de Córdoba, en el día 16 de febrero de 1949.

Eco Republicano
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