¿Populismo o revolución?

¿Populismo o revolución?
Lo que los gobiernos de derechas, liberales o socialdemócratas no están dispuestos a aceptar es que bajo el calificativo de populismo y nacionalismo existe un malestar social generalizado, cuyos protagonistas son, tanto los obreros como las clases medias en proceso de desintegración, como consecuencia inevitable de una ley marxista del proceso de acumulación de Capital.

A la clase obrera y a la clase media le preocupa el desmantelamiento del Estado de bienestar, objetivo irreversible del liberalismo y la globalización, el paro, la caída de su poder adquisitivo y calidad de vida. La inseguridad económica. Un detalle curioso es que Rajoy, que invocó a las clases medias para ganar las elecciones y ahora las está eliminando, nunca habla en nombre del pueblo. Su referente es la banca, las finanzas, la Comisión Europea, Merkel. La prioridad del pueblo no existe en el lenguaje de este señor. Sólo lo que beneficia al Capital es lo correcto.

No se puede descalificar peyorativamente con la palabra populismo a quienes descalifican las políticas liberales y globalizadoras porque reivindican los intereses del pueblo. De la clase obrera y de la clase media. Víctimas del neoliberalismo y de lo que vengo llamando nueva versión del imperialismo, camuflado como globalización. La gran estafa, junto con las políticas neoliberales, que nos están vendiendo como pensamiento único.



La izquierda no socialdemócrata no pide el voto a los ciudadanos para engañarlos defendiendo las políticas económicas de Capital financiero, el mismo que hoy ha sustituido las fronteras nacionales por la globalización, la suya, la propiedad privada de los medios de producción y el desmantelamiento del Estado de bienestar.

La izquierda, calificada de populista, se caracteriza, precisamente, por luchar contra todo lo que beneficia a ese Capital. Lucha por la defensa del Estado de bienestar, por la defensa de la propiedad pública de los servicios, sanitarios, educativos, bancarios…, contra la privada, que los devora. Lucha por economías que antepongan el interés de las clases trabajadoras, primero, y de la clase media, al interés del Capital y sus oligarquías. Propone las políticas sociales a las liberales. Así fue como se construyó el bienestar social, terminada la Segunda Guerra Mundial.

La resistencia populista, que en muchos países se manifiesta como nacionalista tanto por la tradición política de esos países como por la ausencia de alternativas populistas de izquierda, está poniendo en cuestión el mensaje único que sólo beneficia, y a cualquier precio, al Capital y sus oligarquías. Por muchos medios que tengan, por muchos periódicos o televisiones que propaguen, al final, les ocurre lo mismo que a las religiones, que las iglesias están vacías. Nadie los cree.

Hablar en defensa de los intereses de las clases obrera y media no te convierte ni en populista ni en fascista, cuando tu ideología y tu política no tiene otro objetivo que defender esos intereses de clase. Si a eso se le llama populismo de izquierdas, pues bienvenido.

El populismo de derechas o teocrático es otra cosa, se llama fascismo, nacionalismo o nazismo o, simplemente, dictadura militar o teocrática. Lo que hace Erdogan en Turquía es nacionalismo teocrático, populismo divino, porque utiliza el nombre del pueblo para legitimar su dictadura moral. A cambio de no defender ni los intereses del pueblo turco ni sus libertades. Es una regresión a la Edad Media.

Hay un detalle que, a lo mejor nos ha pasado desapercibido. ¿Quiénes son? Desde qué instituciones académicas, periodísticas, políticas o religiosas se ha organizado una campaña para descalificar las políticas de la izquierda de populistas? Es una gran paradoja, son los liberales. Esos que defienden una globalización imperialista de la economía y el mercado para arruinarnos a todos, en lugar de una globalización internacionalista y universal de la socialización de la economía, de la planificación e intervencionismo y de la defensa de las libertades. Qué curioso que sean los liberales quienes traten de desprestigiar las políticas de izquierdas. Y el descontento masivo del pueblo que ha impulsado la otra vía nacionalista.

Pero, el liberalismo y la globalización imperialista se enfrenta a estas dos realidades ideológicas y políticas: o populismo revolucionario de izquierdas o nacionalismo que condena la ruina de los ciudadanos. Ojo porque Hitler pertenecía a un partido nacionalista que se calificaba, también, de socialista. Y eso es porque el malestar social está generalizado y manifestándose en las urnas. Es el primer paso. El siguiente, la revolución, nunca estalla cuando se espera. Porque nunca se espera. Pero el malestar se está generalizando y está liquidando el modelo bipartidista de dominación impuesto durante la “guerra fría”. El liberalismo sólo ha triunfado en las instituciones y gobiernos. Ahora, la voz, empieza a tenerla el pueblo.

Javier Fisac Seco
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