Un banco, un euro.

 Un banco, un euro.
Quién lo iba a decir. ¿Qué es lo que se puede encontrar en el mercado por un euro? Difícil lo tenemos hasta en un Chino. Sin embargo, ahí lo tienen ustedes, un banco como el Popular, con decenas de miles de clientes, miles de empleados y dirigentes jubilados con pensiones escandalosas le ha costado al Santander un euro. ¿Hay quién dé más?

Se ha producido el crack del Banco Popular y lo que antes valía en bolsa miles de millones de euros ha quedado, en un plis-plas, a precio de Chino barato. Un euro.

Estas cuestiones son difíciles de entender. El Popular se ha venido abajo con los problemas que ello conlleva. Dicen –yo no estoy seguro— que no costará un euro al erario público. El Ministro De Guindos –recordemos que también lo dijo con la crisis de 2012, y nos ha costado más de 60.000 millones de euros— ha sido claro. No hay coste público.

Al final, el Santander se ha hecho con un banco que, si bien tiene deudas, aporta miles de clientes y aumenta su expansión territorial, sobre todo en Cataluña. Seguro que es un buen negocio, soportará sus deudas para que en poco tiempo se conviertan en beneficios. Ya lo verán.

Pero, ¿aquí quién pierde? Para empezar los accionistas, unos 300.000, cuyas acciones se han quedado sin valor y como simple souvenir de un tiempo pasado. Francamente, me importan poco los grandes accionistas, pero sin embargo sí que ha sido un palo para los pequeños accionistas que han invertido, engañados por los balances y comunicados del propio banco, por los intermediarios institucionales encargados de vigilar la gestión bancaria, como el Banco Central y la CNMV, que no han cumplido con su misión de supervisión, por la auditora PWC que ha endulzado los datos, por el gobierno que ha comentado que el sistema bancario no tiene ya problemas.

Y lo que es más grave, los empleados. O es que hay alguien que pueda creer que el Santander, un banco superlativo va a mantener a los 30.000 trabajadores del Popular. Eso no se lo puede creer nadie. Hay cientos de oficinas del Popular que están a menos de cien metros de alguna sucursal del Santander, y creer que se van a mantener las dos, y los empleados de ambas, es un delirio. Así es que habrá, por desgracia, regulación de empleo (ERE), los sindicatos tienen que estar preparados para lo que viene.

Por cierto, que si hay ERE, parte de los costes del mismo los asume la Hacienda Pública, por lo que sí que habrá desembolso de fondos públicos. Así es que, indirectamente, tampoco nos libraremos de que una operación entre bancos privados tenga un coste para todos.

En fin, parece que accionistas ya están organizándose para plantear denuncias ya que han sido vilmente engañados por todas las instancias financieras, públicas y privadas, que hasta hace poco seguían diciendo que el Popular se recuperaría. De hecho propiciaron, sin que saltaran las alarmas, dos ampliaciones de capital que hicieron caer en las redes a más accionistas, cuando todo estaba perdido.

No, no se puede ser categórico. Hoy ya estamos viendo que no sólo eran las cajas, entidades públicas, las que han sido mal gestionadas. El Popular es un ejemplo de banco privado quebrado, y ojo con el Liberbank que parece que lleva el mismo camino.

Eso sí, al igual que las cajas de ahorro, sus directivos, después de hundir la entidad. se han jubilado o prejubilado llevándose unas limosnas nada despreciables. Por ejemplo, Ángel Ron, el presidente que hundió el banco, al marcharse hace tres meses, se ha adjudicado una pensión de 23 millones de euros. Vamos, un poco más de lo que cobramos cualquiera de la mayoría de los jubilados de este país “tan justo”.

Rafael García Almazán

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