De corruptos y corruptelas

De corruptos y corruptelas
Esther Hidalgo | Iniciativa Republicana Española

Si la libertad es la sustancia a la que la moral da forma, tal como lo proclamó Kant, no sería descabellado plantearse que la perversión de la libertad en nuestro Estado se produce cuando el sistema financiero se utiliza como instrumento de dominación política, unido al hecho, de que la justicia contempla impasible esta situación, o lo que es más grave, participa de ella. 

Las causas de esta anomalía habría que buscarlas en la crisis de valores que vive nuestra sociedad, ya que esta realidad evidencia la propia falacia que constituye los planteamientos de los que partimos,pues es el mismo sistema financiero el que proporciona los medios,métodos y formas para que existan y se desarrollen estos mecanismos de opresión; cuyo esperpéntico resultado, nos bombardea vía medios en forma de corruptela de mayor o menor alcance dependiendo de lo abyecto del comportamiento del corrupto o la corrupta en cuestión. 

Así, el más que asentado sistema bajo el pretexto de proteger a los ciudadanos lo que hace es favorecer el enriquecimiento de una élite dueña de una fórmula efectiva que potencia -a todos los niveles- el fraude y el beneficio ilícito consentido expoliando patria y patrimonio. Sólo desde una perspectiva patrimonialista del poder, en la que la figura del gobernante ha pasado de ser un servidor público a propietario del mismo con vocación de permanencia, se puede pretender la falta de responsabilidad política y penal por este tipo de actos desde las administraciones públicas con la feliz idea de que la legitimidad derivada de las urnas exime de toda responsabilidad. 

Hoy, desde el cacique municipal a las más altas instituciones del Estado participan de esta perversidad consentida y los ciudadanos -que han admitido que la existencia de las formaciones políticas es fundamental- aceptan de forma abierta o en petit comité que éstas pueden recurrir a ciertas prácticas para garantizar su actividad .Como resultado, lo que entendemos como corrupción en nuestros días , resulta inherente al funcionamiento de las instituciones y se utiliza de forma generalizada por el sector empresarial. El panorama es desolador y a menos que , conscientes, logremos que se asocie la tan esperada en nuestras filas III República con una necesaria regeneración depurativa del sistema, seremos y seguiremos siendo los "quita-placas" nostálgicos de un tiempo histórico que pocos conocen y a menos les interesa fuera de nuestros núcleos de influencia. 

Ni fuimos ni somos la respuesta social que nos gustaría, y pienso, que nuestra labor debería ir más allá de ser el servicio de limpieza de los vestigios del franquismo. ¿Cuándo dejaremos de confiar nuestro futuro a una lucha parlamentaria por nuestros intereses que ni existe ni se la espera? ¿Cuándo el sectarismo ideológico dejará de ser nuestro mal endémico? Y sobre todo: ¿Cuándo dejaremos atrás desfiles,clamores y banderas para empezar a ser necesarios?

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