«Fachillas» y «rojillos»

«Fachillas» y «rojillos»
En el «glorioso pasado» que defienden algunos, el totalitarismo y la supremacía de unos sobre otros abocaron a este país al hambre y la miseria, al analfabetismo y a toda una serie de sinrazones imposible de justificar

Núria Martínez López | Iniciativa Republicana

Avanza el 2017, pero no avanzan ni evolucionan las mentes retorcidas que siguen empeñadas en justificar lo inaceptable. Es tal su enanismo mental que se aferran a enseñas y banderas como si les fuera la vida en ello. En estos días se ha vivido un episodio tan ridículo como estéril en Almussafes. Aprovechando que eran las fiestas patronales y que la mayoría de festejos tiene paso obligado por la calle Mayor, un vecino de la misma engalanó los balcones de su casa con todo un despliegue de símbolos que suponen un daño moral irreparable para los que sufrieron persecución, tortura, cárcel, exclusión social, homofobia y, por supuesto, muerte durante la dictadura.

¡No señor!, lo suyo no es un chiste, no es una broma de mal gusto, no es un esperpento carnavalesco. Lo suyo es una enfermedad congénita. Usted ha arruinado las fiestas a mucha gente que sólo quería divertirse, porque la bandera de Falange que usted suspendió en la balconada acompañada de una estrofa del Cara al Sol, representa para miles de españoles la barbarie, la intolerancia, la represión extrema y el recuerdo horrible de la etapa más negra de nuestra historia.

Usted no es un patriota, usted no ha dudado en hacerle pasar un mal trago a sus convecinos. Usted, que saluda brazo en alto al estilo fascista, se está burlando de miles de personas que «ocupan y estercolan» España con sus cadáveres o sirvieron de «combustible humano» a los hornos crematorios ideados por los nazis. Sigue anclado en su «glorioso pasado», donde el totalitarismo y la supremacía de unos sobre otros abocaron a este país al hambre y la miseria, al analfabetismo y a toda una serie de sinrazones imposible de justificar. Usted, que desea que «vuelvan banderas victoriosas», tal como reza en su fachada, quiere condenar al oscurantismo y al duelo a la mitad de sus congéneres como antaño. Eso es lo que representa su payasada, señor, desear el mal a nuestros hijos e hijas.

Pero claro, J. J. A. L. no está solo. Se siente arropado por un nutrido grupo de individuos de su misma ralea. Esos que fomentan el espíritu de Ermua con la misma fuerza y tesón que emplean para condenar al ostracismo a las miles de víctimas de las cunetas. Los mismos que solicitan carteles en los ayuntamientos en memoria de un joven ejecutado por ETA y que se jactan a su vez de «no haber gastado ni un céntimo en la ley de Memoria Histórica». Estos sectores de la derecha más rancia apelan al perdón y al olvido. Entretanto, sus correligionarios no dejan de protagonizar anécdotas que demuestran con creces que las recomendaciones que hacen para las víctimas de la dictadura, no se las aplican ellos.

Señores del PP, hagan un esfuerzo y sean sinceros patriotas. Empiecen a gobernar para todos los ciudadanos de una vez. Conviertan ese gran espíritu de Ermua que conmocionó al país y que provocó la movilización de miles de demócratas con un clamoroso «¡Basta ya!», en un rechazo general por todos los tiros en la nuca de España. Y a usted le pido, como vecina del pueblo, respeto. Las historias de fachillas y rojillos hace tiempo que pasaron. Abra su mente, que el mundo es maravilloso.

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