La democracia en España, inventada por los dos últimos Borbones. Así de fuerte

La democracia en España, inventada por los dos últimos Borbones. Así de fuerte
Con motivo del cumplimiento de los cuarenta años de las primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977 tras el fin de la dictadura franquista, el pasado 28 de junio tuvo lugar en la sede del Congreso de los Diputados un acto al que fueron invitados los diputados elegidos en las primeras elecciones del 15 de junio de 1977 que aún viven y familiares de los ya fallecidos. No así el ex monarca Juan Carlos I que se consideró excluido provocando un inusual cruce verbal de responsabilidades entre las presidencias del Congreso y del Gobierno sin que el monarca reinante, Felipe VI, encargado de pronunciar el discurso conmemorativo del evento, deshiciera el entuerto.

Naturalmente al día siguiente no faltarían comentaristas que, al hilo del cambio protocolario introducido, interpretaron en la clave freudiana de “matar al padre” la indiferencia mostrada hacia Juan Carlos I por parte de Felipe VI. En cambio, la inmensa mayoría de los medios de comunicación relegarían a muy segundo plano el impresentable discurso leído por el monarca reinante, plagado de omisiones e inexactitudes. Sintetizamos las principales. 

Para introducir su discurso el monarca reinante recurrió al que su padre pronunció en el día de autos, del que seleccionó la frase un tanto becqueriana “la democracia ha empezado, ahora hemos de tratar de consolidarla” para, a continuación, enunciar su tesis de que para mejor comprender el origen de la democracia que ahora disfrutamos había que remontarse nada menos que a dos siglos antes. ¿Tan desmesurada perspectiva temporal acotada para sentenciar que, exceptuando la Constitución de 1812, que trajo libertad (respetando la monarquía, añado yo), y la Transición de 1978, que restauró la democracia (y también la monarquía, vuelvo a añadir yo), los 166 años restantes constituyeron solo pronunciamientos, golpes de estado, guerras civiles?

Cierto fue que en la tabla rasa que hizo del pasado nacional Felipe VI no mencionó al régimen de Franco pero, avanzado el discurso, fue el primer Borbón que se apuntó el tanto de etiquetarlo en público como dictadura. En cambio, sería menos locuaz sobre los ancestros dinásticos, omitiendo al completo los graves percances protagonizados en sus respectivos reinados a lo largo de las dos centurias que nos precedieron y él desprecia.

Cuánto mejor que, aprovechando la celebración de los 40 años de esta democracia, Felipe VI se hubiera distanciado del adanismo de su padre respecto a ella y hubiera recordado al selecto auditorio que 40 años antes de que la actual democracia comenzara hubo otra que fue republicana de pata negra. Que pereció asaltada por un ejército al que su abuelo se prestó voluntario para combatirla después de haber sustentado el régimen más reformador de los hasta ahora registrados en España. Una obra que la colocó en la vanguardia mundial de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, incluyendo el de estas a votar y el de los dos a divorciarse.

Que además de tergiversar el pasado nacional del país que ahora le privilegia como jefe del Estado de una monarquía parlamentaria, Felipe VI tampoco en su discurso prestara atención a los problemas que aquejan a la mayoría de la sociedad actual, resultó un hecho insólito: ni su padre solía cometer ese error en sus discursos navideños. Que guardara silencio sobre el desempleo, la corrupción y la desigualdad – que ya son un estruendo dentro y fuera de España – y que secundara la política del Gobierno del Partido Popular sobre la unidad territorial del Reino de España recogida en la Constitución sin siquiera mencionar expresamente a Cataluña en todo el discurso no es de recibo.

Todo un rosario de carencias, cabría decir, que solo parcialmente subsanó en el apartado final de los reconocimientos. Entre ellos el de agradecer a los medios de comunicación el respaldo que a él y a su familia le han venido prestando desde su entronización. Infortunadamente, bien saben muchos de ellos que se lo han merecido. Tampoco olvidó reconocer a las organizaciones sociales en su conjunto, aunque sin tener el detalle de distinguir a las Comisiones Obreras de España por el destacadísimo papel que desempeñaron para que se celebraran las primeras elecciones democráticas que Felipe VI conmemoraba. Y más chocante resultaría que en su despedida homenajeara en exclusiva a las victimas del terrorismo de ETA olvidando las de CCOO de 1976, las del 11M de 2004 y todas las del franquismo ¡Que ya es olvidar!

En fin, es lo que sucede cuando se organizan fastos como el del 28 de junio pasado en la sede central de las Cortes españolas en los que un rey no elegido protagoniza en exclusiva la celebración de una democracia en la que podemos votar todos menos él. Un contrasentido.


David Ruiz | Historiador. Catedrático emérito de la Universidad de Oviedo

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  • Date : 21.7.17
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