Sin República no hay Democracia

Sin República no hay Democracia
Lidia Falcón O'Neill | Diario 16

El 28 de junio se celebró en el Parlamento, por iniciativa del grupo parlamentario Unidos Podemos, un breve homenaje a las víctimas del franquismo, coincidiendo con la conmemoración oficial de los 40 años de las primeras elecciones democráticas después de la Guerra Civil.

En el pequeño salón que se pudo obtener, varios de los supervivientes de las detenciones y torturas del franquismo, así como familiares de los asesinados, nos reunimos con los representantes políticos para dar memoria de aquellos terribles años. Habló Julia Hidalgo en nombre del PCE, y recordó la labor callada y heroica de tantas mujeres que lucharon contra la dictadura y que permanecen en el anonimato. La hermana de uno de los obreros asesinados en Vitoria por reunirse en una asamblea. Chato Galante, militante de Liga Revolucionaria, torturado en la DGS. Unos compañeros exhibieron la pancarta donde se habían estampado las fotos de muchos hombres víctimas de la represión franquista.

Los representantes de la coalición Unidos Podemos nos dieron la bienvenida y las gracias. Sin nosotros, coincidieron todos, que mantuvimos la resistencia contra la opresión de un régimen fascista más de cuarenta años, no hubiera sido posible la transición de la dictadura a la democracia.

Los parlamentos fueron de Ana Domínguez, de la Memoria Histórica de Podemos, Pablo Iglesias, su dirigente, Irene Montero, la portavoz, Xavier Domènech de En Común de Cataluña, el representante de En Marea de Galicia, Joan Baldoví de Compromís de Valencia, Alberto Garzón de IU, y se adhirieron el PNV con Aitor Esteban, el PDCat y Odón Elorza del PSOE.

Los que hablaron por la coalición de Unidos Podemos coincidieron en denunciar la escasa democracia que se logró a partir de la Transición, la impunidad de los asesinos del franquismo, uno de los cuales, el ex ministro Martín Villa iba a ser condecorado aquella misma mañana por el rey y la reina, con los aplausos de todas las Cortes reunidas. Otro de ellos, el sicario torturador de la Brigada Político Social, llamado Willy el Niño, procesado ya por la juez Servini en Argentina y reclamado por haber cometido delitos de lesa humanidad, permanece tranquilo, en libertad, sin que la justicia española haya atendido la orden de extradición formalizada desde Buenos Aires. La inoperancia de la Ley de la Memoria Histórica que no ha conseguido que se exhumen y den sepultura a los restos de más de 150.000 asesinados en todas las cunetas, carreteras y campos de España, con la complicidad del Poder Judicial, absolutamente sometido a los dictados del Ejecutivo.

Odón Elorza se vio obligado a defender los pactos de la Transición, que para eso su partido había sido el principal protagonista y muñidor de los mismos. Si mala fue la dictadura fue mucho mejor la transición. Y reclamó que no se hiciera tabla rasa de todo lo reclamado y obtenido.

El representante del PDCat vino a contarnos como todas las fuerzas políticas catalanas eran antifranquistas, en un relato que pretende enmascarar el enorme esfuerzo del PSUC, (Partit Socialista Unificat de Catalunya) que durante muchos años en solitario y otros en compañía de las escisiones comunistas que surgieron, así cómo CCOO y los anarquistas, fueron los protagonistas de la lucha antifranquista. De tal modo, el nacionalismo catalán pretende ser también protagonista de la gesta de la resistencia cuando se convirtió en cómplice y socio del régimen dictatorial siempre que le convino.

Alberto Garzón fue el único que puso el foco en la explotación económica de los trabajadores que lleva a cabo la oligarquía de nuestro país, cuyas familias que se perpetúan a través de más de un siglo, son los mismos que se beneficiaron en la etapa franquista y siguen siendo hoy los poseedores de los medios de producción. "Es imposible entender a Martín Villa en este Congreso –dijo- sin entender lo que fue la Transición, olvidando sus delitos y como las oligarquías de la dictadura construyeron una estructura de poder que se mantiene intacta“. Para Garzón, “no puede ser que los que se enriquecieron en la dictadura se sigan enriqueciendo sobre esa misma base”, por lo que entiende que “para ir a una democracia de verdad es necesario cuestionar la estructura de poder” que supondría cuestionar “la Transición tal y como se hizo”.

Pero ninguno, ninguno, de estos oradores, ni los de “centro” ni los de la izquierda ni aún las víctimas pronunciaron la palabra República. Ni para explicar que fue el régimen legítimo que asesinó el Ejército fascista, con la inestimable ayuda de la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini, ni para reivindicar su proclamación necesaria en estos tiempos convulsos, después de las cuatro décadas en que se han fraguado la impunidad de los asesinos fascistas, en que el Capital ha condenado a los trabajadores y a las trabajadoras a la miseria. En que la monarquía, la iglesia, la banca y el ejército siguen disponiendo de todo el poder.

Que no es posible lograr que se juzgue a los asesinos franquistas y se instaure una verdadera democracia mientras no se proclame la III República, debería haber sido el discurso principal en el homenaje de ayer.

Ya sabemos que al PNV le va bien esa alianza con el PP, y que el PDCat está inmerso en la tarea de romper con el que llama Estado español, para que la burguesía catalana pueda seguir explotando a su pueblo, sin compartir los beneficios con nadie.

Pero los otros representantes de lo que llaman “las fuerzas del cambio” podrían haber sido menos timoratos, menos posibilistas, menos insertos en el discurso oficial de aceptar la monarquía. Ellos que representan la ruptura con los pactos de la Transición, que son anticapitalistas y que tienen el empeño de asaltar los cielos, podrían haber sido un poco más humildes y limitarse a asentar sus pies en la tierra española, tan maltratada y herida y que necesita urgentemente una cura republicana.

Resultó muy decepcionante y sorprendente escuchar los discursos que homenajeaban a las víctimas del golpe de Estado del 36 que acabó con la II República, y la sangrienta dictadura que le siguió; hablar de la desmemoria de estos crímenes, condenar las medidas económicas que aplica la derecha, recordar las luchas de los trabajadores, y no pronunciar la palabra república, como el único régimen democrático que se debe reclamar.

Y digo sorprendente porque aunque esa sea la táctica adoptada por todos los partidos, que únicamente quieren atraerse el voto de la mayoría de la población, cuando se trata de fuerzas que se reclaman de izquierda resulta inadmisible. Y será un mal negocio para todos ellos, porque aunque no lo crean el pueblo español es mayoritariamente republicano. No lo manifiesta porque tampoco le dan cauces para ello.

Cuando, más tarde, en la Cámara, en la conmemoración oficial, de las bancadas populares salían continuos vivas al rey, Iglesias contestó: ¡Viva la democracia!, porque hubiera sido demasiado atrevido gritar ¡Viva la República!

Madrid, 29 de junio 2017

Fuente: Diario16.com
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