Madrieños en el infierno nazi

Españoles en Mathausen

Juan Pedro Rodríguez Hernández

Este año se han cumplido 72 años de la liberación del campo de concentración de Mauthausen. Un nombre, un lugar, que muchos hemos escuchado alguna vez porque allí es donde fueron prisioneros la mayor parte de españoles, dejándose la mayor parte allí la vida. Una realidad que no es tan lejana, ya que buena parte de ellos son madrileños, es más, de muchos de los municipios de la Comunidad de Madrid, cosa que intento analizar en este pequeño artículo.

La cuantificación del número de madrileños, ojo, y madrileñas, se puede realizar a través del apartado de deportados del Ministerio de Cultura. Ahora bien, está muy desfasado, ya que se hizo bajo los auspicios de la Ley de Memoria Histórica gobernando el PSOE, y con el cambio de gobierno ha quedado muy paralizado. Los datos tienen procedencia diversa como documentos de Francia, de los propios campos de concentración, de dossiers de resistentes (miembros de la Resistencia en Francia), de partes de defunción y, sobre todo, de la Federación de Deportados e Internados Políticos Víctimas del Fasciscmo (FEDIP). Dichos datos se volcaron en un libro “Memorial” de Benito Bermejo y Sandra Checa. Ahora bien, y no es culpa de Bermejo y Checa, hay muchas erratas en los nombres, porque muchos de los documentos los redactaron franceses o alemanes y escribían los nombres, fechas… con algunos errores. También las fichas se han realizado con los documentos que tenían delante, que son aproximadamente de 10000 españoles y españoles. Pero a día de hoy los investigadores siguen encontrando nuevos documentos y, por tanto, “nuevos” deportados; hace años se cifraron en 7000. En el caso de Madrid Comunidad yo estimo aproximadamente una cifra por encima de los 500 deportados.

Analizados los datos del “Memorial” y también los partes de defunción, así como de documentos oficiales de prisioneros he sacado estos datos que expongo en el artículo, datos referidos a municipios de la Comunidad de Madrid, excluyendo la capital. Así también este artículo es una manera de aportar pistas a los historiadores de los municipios para que investiguen los deportados, para los alcaldes y concejales para que se interesen por los mismos y, sobre todo, una para reivindicar un homenaje, una placa o una declaración de hijos predilectos de personas que vivieron un infierno en vida.

99 deportados en Madrid

El total de deportados que he encontrado de los municipios de Madrid es de 99, si bien como he comentado seguramente hay bastantes más o incluso, es mi opinión, muchos de los deportados de municipios en las fichas pueden aparecer solo como de Madrid ciudad, cuando en realidad son de municipios. Eso sin tener en cuenta que los Carabancheles, Barajas, Vallecas… que en tiempos de la deportación eran municipios, pero en el “Memorial” quedan adscritos al municipio de Madrid. En los documentos personalizados de fallecidos, sí suelen aparecer estos antiguos municipios, ahora distritos de la capital. De esos 99, solo 32 sobrevivieron. Baste ese dato para que el lector tenga conocimiento de la terrible desgracia y dramática realidad de la que estamos hablando, y que las películas durísimas que vemos no están lejos de la realidad. Posiblemente ese alto porcentaje de mortandad, de 2/3 sobre el total, también tenga relación con los campos de concentración de destino y los años de procedencia de captura y deportación. Me refiero a que de “nuestros” madrileños solo he contabilizado de ellos 10 que no fueran prisioneros en Mauthausen y Gusen, siendo estos dos los campos de mayor exterminio, lugares mortíferos. 

Otro dato relacionado directamente con el aspecto mortandad, es que la mayor parte de los 99 deportados, fueron capturados en los años 1940 y 1941, trabajando en las Compañías de Trabajadores Extranjeros para Francia, en los años más duros de la deportación, siendo llevados a Mauthausen y Gusen. Por el contrario hay mayor porcentaje de supervivencia en los otros campos de concentración, más vinculados al trabajo “esclavo” y en los cuales muchos grupos de presos (kommandos, normalmente de subcampos territoriales) eran llevados a fábricas o a trabajar a infraestructuras, como en el caso de mi tío abuelo. Estos estaban más vinculados a detenciones y deportaciones de 1943 y 1944, personas ya coordinados con la resistencia francesa. En el caso de Madrid capital he podido localizar varias personas reconocidas como Resistentes, pero no he localizado ninguno de los otros municipios; he localizado una persona de Colmenar Viejo con el reconocimiento de miembro de Resistentes, y hay muchos más, pero en el caso de esta persona no llegó a ser capturado y deportado. El reconocimiento de Resistente no era sencillo, había que acreditar acciones contra los alemanes o sus aliados e incluso aportar testimonios o documentos. De hecho los documentos o dossiers de deportados suelen estar en un archivo en Caen y los de resistentes tienen un segundo dossier en Vincennes, ambos del Servicio Histórico de la Defensa de Francia (SHD). 

Para que entienda el lector, los deportados tienen una pensión que costean los alemanes en compensación; los resistentes que fueron deportados, tienen una segunda del gobierno francés. Los deportados que he encontrado que no fueron destinados a Mauthausen o Gusen fueron: en Buchenwald, Manuel Vacas de Alcalá de Henares, Félix Campos de Fuenlabrada, Dionisio del Pozo de Horcajo de la Sierra, Manuel Castro de San Martín de Valdeiglesias, Miguel Marian de Torrejón de Ardoz y Félix López de Torrelodones; en Dachau de Alcalá de Henares, Ángel Curto, de Manzanares el Real, Francisco Blasco y Francisco Manrique; y en Neuengamme de Villavieja del Lozoya Vicente Mayordomo. En Mauthausen y Gusen hubo prisioneros de estos municipios, que no repito en el listado, y de casi toda la geografía madrileña, que suman el total de 99: Ajalvir, Alameda del Valle, Algete, Alpedrete, Aranjuez, Batres, Boadilla, Brea, Brunete, Buitrago, Cabanillas de la Sierra, Camarma de Esteruelas, Campo Real, Canencia, Carabaña, Cenicientos, Cercedilla, Chinchón, Ciempozuelos, Collado Villalba, Fresnedillas de la Oliva, Fuentiduña del Tajo, Getafe, Guadalix de la sierra, Guadarrama, Leganés, Berzosa, Majadahonda, Moralzarzal, Morata de Tajuña, Móstoles, Navalagamella, Navalcarnero, Parla, Pinto, Cinco Villas, Robledo de Chavela, San Martín de la Vega, Santorcaz, Torrelodones, Valdeavero, Valdemorillo, Villa del Prado y Villavieja del Lozoya. En algunos casos eran miembros de una misma familia, como los hermanos Montalbán Morchón de Valdeavero, que perdieron la vida en Buchenwald. Mujeres no he podido localizar ninguna, siendo el campo de destino normal de las mujeres Ravensbrück, si bien estoy seguro de que en posteriores investigaciones localizarán mujeres de esos municipios. Sirva de ejemplo la madrileña Constanza Martínez, de la capital. Mujeres sometidas a torturas, violaciones, trabajo esclavo y al asesinato de ellas y de sus hijos al nacer.

De todos los municipios me llama la atención el caso de Aranjuez con 13 deportados y Cenicientos o Manzanares el Real, ambos con 4, por el alto número de deportados sobre la cifra de población de debían tener. Puede estar vinculado a que pu

Cuando alguien escribe sobre este tema, tiene que ser muy cuidadoso con los términos y palabras que usa, es una de las premisas que he aprendido de Concha Díaz Berzosa, la delegada de Madrid de la Amical de Mauthausen y otros campos de concentración. También, siendo familiar de un deportado como es mí caso, yo mismo siempre hago hincapié en ese aspecto. Por ello prefiero siempre referirme a los campos de concentración como campos no de la Alemania, sino del Reich, por estar muchos de ellos fuera del ámbito territorial de Alemania, que no del ámbito de control del Reich como tal, como la República Checa o Polonia. También porque al referirse a los fallecidos chirría decir muerto o incluso fallecido, ya que, sobre todo el término muerto, eso es algo pasivo. Y la realidad de los campos está llena de “acciones”; los presos son capturados, deportados y en su mayor parte, de una u otra manera, asesinados, de múltiples formas y también una de ellas es el hambre como método activo, “matar de hambre”. Sin olvidar cámara de gas, experimentos médicos y un repertorio de todo tipo de asesinatos, que no explicaré porque se salen del objetivo marcado en este artículo. Es decir, usar el vago término morir, es como si no hubiese asesinatos ni culpables, ignorando el sufrimiento de aquellos hijos del triángulo azul, señal de identificación de los españoles en los campos de concentración.

Hay deportados muy bien documentados, ya sea porque ellos reunieron la documentación o fueron entrevistados, o bien porque sus descendientes han mantenido su memoria, como el alcalaíno Ángel Álvarez Curto. Pero en su mayoría son mártires y a la vez héroes “anónimos”, tanto que incluso sus familias no llegaron a tener conocimiento en su momento o en día de hoy desconocen ese paradero. Ese es el sentido de este artículo, reivindicar a esas personas, para que en los municipios tengan conocimiento. Las personas que viven en esos municipios, sus niños y niñas, no necesitan ir al extranjero o visionar una película para saber de la existencia de los campos de concentración; basta con un lugar para el recuerdo, no en un cementerio, sino en un parque o en una plaza, para saber que vecinos suyos de carne y hueso vivieron un infierno en vida. Eso, y la declaración de hijos predilectos, para que vivan vacunados contra la intolerancia, intolerancia que a veces se repite, como la estética o dialéctica nazi de algunos individuos o el propio machismo o el racismo, o la intolerancia religiosa, ya que todo ellos responde a una misma cosa, la Historia de la Intolerancia, siendo la cuestión de los deportados una de las páginas más amargas. Eso implica un fuerte sentido didáctico, cuestión muy importante para las entidades que trabajan cuestiones de memoria histórica como la Amical de Mauthausen, para trabajar el tema con centros de enseñanza y asociaciones culturales.

Repasando los municipios, hay lugares para el recuerdo en municipios como Getafe, Leganés y Aranjuez, donde la alcaldesa Cristina Moreno hace meses inauguró una placa en recuerdo a los “trece de Mauthausen” (arriba, en la imagen), y seguramente en otros municipios también los hay. También en Móstoles se les recuerda junto a otros represaliados y víctimas de la guerra civil en el paseo de la Memoria que inauguró el alcalde David Lucas hace varias semanas y en Velilla de San Antonio, a pesar de no haber deportados de este municipio, cuentan con el parque del triángulo azul. Pero son minoría, y no podemos dejar huérfanos y perdidos en el olvido a tantas personas. Ahora que además la voz de los últimos deportados españoles se acaba. Hay muchas maneras de impulsar la Memoria Histórica, siendo cuestión de importancia capital el tema de deportados, ya sea desde el estado central (Ley de Memoria Histórica, y sobre todo su aplicación), Comunidades Autónomas (leyes territoriales que refuercen la ley de Memoria Histórica) y los municipios, como he comentado antes. No solo lograr declaraciones institucionales, sino sitios para el recuerdo, que visibilicen no solo la aplicación de la memoria Historia, sino que refuercen la democracia y sobre todo nos devuelvan la dignidad y recuerdo de muchas personas. Como no puede ser menos, no solo de deportados, sino de represaliados, asesinados… como siempre me gusta decir, arañar al olvido a estas personas. Una misión que asumimos con fuerza y compromiso quienes en nuestra búsqueda logramos encontrar a nuestros familiares, sobre todo cuando los encontramos vivos o que sobrevivieron a los campos de concentración; una solidaridad para ayudar a quienes no tuvieron mi suerte, y buscan a familiares que perdieron la vida o están a día de hoy en paradero desconocido. Sobre todo aquellos que la perdieron y no cuentan con familiares que les puedan recordar y homenajear, y es ahí donde entran en juego las asociaciones, municipios, comunidades autónomas, estado y, lo más importante, la solidaridad, la responsabilidad y el sentido común de las personas.

Fuente: Nueva Tribuna




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