Aprender del pasado

Se define a la memoria histórica como el esfuerzo consciente de los grupos humanos por encontrar su pasado tratándolo con especial respeto. Este concepto no debería ser manoseado con tildes partidistas. Por ello es reconfortante saber que en Santa Cruz de Moya, anualmente, La Gavilla Verde recuerda a los guerrilleros que lucharon por la democracia y en sus conmemoraciones evitan que los políticos monopolicen los actos.

Cuando estalló la guerra civil española, Juan Zamora, un joven guardia civil que contaba con 26 años tuvo que marchar a la Guerra y nunca más se supo de él. Se trataba de un chico alegre, simpático y muy cariñoso. Los avatares del destino lo llevaron a verse implicado en una contienda fratricida entre españoles. Juanito, nombre con el que era llamado en su casa, según informaciones jamás confirmadas, probablemente murió en una emboscada. 70 años después de la Guerra, su hermana Tadea seguía recordándolo con emoción y hasta los últimos momentos de su vida, a pesar de su grave deterioro cognitivo, anhelaba saber dónde se encontraban los restos de su hermano. Como él, todavía existen 114.000 desaparecidos de la Guerra Civil. Según Jueces para la Democracia, España es el segundo país del mundo tras Camboya con el mayor número de personas víctimas de desapariciones forzosas cuyos restos no han sido recuperados o identificados. Nunca he podido comprender que exista gente a la que le pueda molestar que haya colectivos o personas que luchen por recuperar los restos de sus seres queridos que fueron mal enterrados en fosas comunes y cunetas. A quienes les incomoda conocer lo que ocurrió en la Guerra Civil es posible que también les importune estudiar las causas de la Segunda Guerra Mundial o incluso saber que Jaime I fundara un Reino de Valencia mestizo.

Sería bueno imitar a países como Francia, que tienen por costumbre honrar la memoria de personas que lucharon por la libertad. A finales de agosto, en París, con presencia de una pequeña delegación valenciana, se homenajeó a José Barón Carreño, almeriense que murió enfrentándose a agentes de la Gestapo en el Boulevard Saint Michel en 1944. Comandó grupos de guerrilleros españoles que ayudaron a liberar la capital gala. Los valencianos nos deberíamos sentir muy orgullosos del burrianense Amado Granell, teniente de la Segunda División Blindada de la Francia Libre, que ayudó heroicamente a la resistencia francesa. Fue de los primeros en entrar en París en agosto de 1944. Años después, intentó mediar entre monárquicos y socialistas para devolver la democracia a España.

Poder recordar sin miedos a nuestros familiares fallecidos en la guerra o a aquellos que lucharon por la democracia es un derecho innegociable. España no ha sabido gestionar humanamente las secuelas de la guerra civil. Estudios recientes concluyen que hubo alrededor de 600.000 muertos por causa de la contienda. Demasiados hombres y mujeres vieron truncadas sus vidas, les fue imposible contar su historia, se quedaron sin voz, sin futuro y no pudieron experimentar una vida normal. Durante demasiado tiempo hubo silencio y nada más.

En estos tiempos en los que en España estamos viviendo enfrentamientos y confrontaciones deberíamos realizar un esfuerzo de madurez como pueblo para aprender de los errores del pasado y progresar como país. Sería muy positivo agradecer a los que lucharon para que nosotros hayamos podido tener una vida mucho más cómoda. La sociedad española hará muy bien en no olvidar para que no se repitan viejos conflictos. Es preciso perdonar y recordar sin rencor. Ya lo decía Azaña: paz, piedad y perdón.

Vicente Gorgues

Fuente: Levante EMV
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