1931-1936 República y Revolución


1931-1936 República y Revolución
Novedad bibliográfica sobre el proceso revolucionario español de 1931 a 1936, con el primer estudio sincrónico del comportamiento político de todos los partidos obreros tanto sobre las luchas obreras a través de CNT y UGT, como respecto a su referencia ideológica común: el marxismo.

Por Antonio Rubira León

RESUMEN LIBRO. 1931-1936: REPÚBLICA Y REVOLUCIÓN

El movimiento obrero y sus partidos: Teoría política aplicada

La investigación realizada constituye el análisis de una teoría política aplicada -el marxismo-, durante un período histórico concreto –la Segunda República española entre 1931 y 1936-, en el comportamiento de los partidos obreros con esa misma raíz ideológica -PSOE, PCE, OCE-ICE, BOC, POUM-, sobre los mismos parámetros de intervención -programa, tácticas y estrategias-, en su permanente vinculación con las diferentes movilizaciones de la clase trabajadora. De esta forma, el objeto de estudio conlleva la interrelación de tres procesos diferenciados: la actuación política simultánea de todos los partidos obreros; su influencia en las luchas de los trabajadores vertebradas por los grandes sindicatos -CNT y UGT-; y la relación que dicha intervención mantiene con la referencia teórica de Marx y Engels -común a todas ellas-, así como la experiencia práctica de la Revolución Rusa que defienden las organizaciones comunistas. Por lo tanto, la principal novedad de este trabajo respecto a la bibliografía sobre el tema, reside en ser el primer estudio sincrónico de la intervención política de todos los partidos obreros en su vinculación teórico-práctica, sobre los grandes acontecimientos que tienen lugar durante la Segunda República.

El motivo de llevar la investigación sobre estos parámetros convergentes y discordantes al mismo tiempo, radica en la principal hipótesis de trabajo: el comportamiento revolucionario de grandes sectores de la clase obrera a través de los sindicatos, actuando como sujeto político especialmente en 1934 y 1936, no tiene correspondencia con la intervención práctica de sus partidos. El estudio en el paralelismo que mantienen estas organizaciones con su referencia ideológica, esclarece la intervención política de todos ellos en el movimiento obrero. Se analizan simultáneamente todas las variantes marxistas en los momentos de ruptura política en el período republicano, al mismo tiempo que se investigan los programas que dan lugar a diferencias cualitativas en la intervención de cada uno de ellos.

Con objeto de realizar un examen completo y no parcial del período histórico –el comportamiento de la clase obrera y no solo el de su dirección-, se tiene en cuenta la interrelación de factores que conforman el proceder de los partidos con las luchas obreras a través de los sindicatos. Se expone la actuación de los distintos sectores de la clase trabajadora urbana y rural en sus diferentes movilizaciones económicas, políticas y revolucionarias, en paralelo con la orientación política que cada partido otorga a las mismas. De esta forma, se describen los cambios operados en el movimiento sindical desde 1931 a 1936, simultáneamente con el enfoque político en la dirección de los partidos. Por lo tanto, la relación en el análisis comparado entre la teoría política que inspira a las organizaciones marxistas y su actuación entre la clase obrera, tiene un componente bidireccional: la orientación que dan sus partidos a las movilizaciones de los trabajadores, y el comportamiento de éstos respecto de los objetivos políticos de aquellos.

Para analizar en la práctica el comportamiento político de cada organización, se muestra la realidad económica y social desde el 14 de abril de 1931, con la significación revolucionaria que supone el cambio de régimen político, hasta el golpe de Estado de 1936 que provoca la revolución obrera y el inicio de la Guerra Civil. Se estudia la composición de clase de la sociedad española y su evolución política -así como las contradicciones históricas acumuladas desde el siglo XIX-, con objeto de ubicar la correlación de fuerzas entre el proletariado urbano y rural, la pequeña burguesía, la oligarquía económica, y la estructura del Estado. Paralelamente, se tiene en cuenta la situación internacional y su repercusión e influencia en la lucha de clases que tiene lugar en el Estado español: el limitado pero importante efecto de la mayor crisis del capitalismo desde 1929 sobre la débil y atrasada economía española en 1931; el impacto del ascenso nazi en Alemania en 1933 en el comportamiento del movimiento obrero en 1933 y 1934 y su incidencia en la ruptura política respecto del primer bienio republicano-socialista; y la consolidación del estalinismo en la URSS y el Comintern en su vinculación orgánica con la dirección del PCE y su posterior influencia en el PSOE y las JJ.SS en 1935 y 1936.

No obstante, el hilo conductor que vertebra toda la investigación son las movilizaciones de la clase trabajadora al constituir el epicentro del que emanan los cambios políticos, sindicales y electorales durante la Segunda República. De esta forma, el desarrollo de la investigación en cronología ascendente desde la llegada de la Segunda República en 1931 hasta la revolución obrera de 1936, se estructura en torno a la principal fuerza social que impulsa los procesos políticos: las luchas del movimiento obrero organizado en torno a la CNT y la UGT, así como la reacción y enfrentamiento que provoca con la Patronal, el Gobierno y el Estado. Al mismo tiempo, en torno a la actuación de la clase obrera con múltiples y variadas formas de movilización laboral, social, política y militar, se analizan las diferentes propuestas de cada partido a través de sus programas, tácticas y estrategias. Para conseguir mostrar de manera diferenciada la actuación del movimiento obrero y las posiciones políticas de sus organizaciones en los mismos acontecimientos, nos basamos en los datos aportados por los órganos de prensa fundamentales de todos ellos, y los trabajos especializados de los principales historiadores sobre este período.

La reducida aportación historiográfica de un análisis de teoría política aplicado a este período histórico, ha dado lugar a una mayor cantidad de obras de interpretación y exposición de hechos, -sobre todo en lo que respecta al movimiento obrero-, que del estudio simultáneo de táctica y estrategia en relación a las luchas sindicales y políticas por parte de las diferentes concepciones marxistas en la aplicación práctica de cada una de sus expresiones organizadas. Con objeto de entender y situar cada organización, antes de abordar la actuación concreta que van a llevar a cabo, se trazan los orígenes políticos –teóricos y prácticos- de cada una de ellas (capítulo 1). De esta forma, se exponen brevemente las bases teóricas de Marx y Engels sobre la acción política, y cómo la experiencia organizada del movimiento obrero a través de la Segunda y Tercera Internacional se concreta programática y organizativamente en los diferentes partidos obreros españoles en 1931. Teniendo en cuenta el control político del estalinismo tanto en la URSS como en el Comintern a finales de los años veinte, se lleva a cabo un análisis básico del mismo hasta 1931, sin lo cual no es suficientemente perceptible la división del movimiento comunista internacional y su expresión española en tres grupos diferentes.

Se señalan los elementos fundamentales de diferenciación estalinista respecto del bolchevismo y la dirección de Lenin, pues de ellos emanan todas las interpretaciones comunistas posteriores. Tanto en lo que se refiere a las tácticas y estrategias a nivel internacional -negación del frente único en Europa y política interclasista en China-, como el papel del Partido y del Estado en la URSS, da lugar a rupturas -aunque sean minoritarias- en todos los partidos comunistas del mundo. No es posible entender el comportamiento político del PCE y del PSUC durante la Segunda República española, sin el análisis del estalinismo en la URSS y la actuación del mismo a través de la Tercera Internacional. Al mismo tiempo, es preciso señalar las diferencias teóricas y su expresión en los objetivos políticos, de otras organizaciones comunistas anti-estalinistas en 1931: sean trotskistas -OCE-ICE- o equidistantes entre ambas –BOC-POUM-. De la misma manera, se examina la referencia histórica del marxismo reformista de la Segunda Internacional en su evolución política y la configuración programática en el PSOE hasta el Pacto de San Sebastián en 1930.

De esta forma, la investigación adquiere un componente más completo que la bibliografía sobre el tema, al contrastar el programa y los objetivos de cada partido, no exclusivamente en lo que dicen y hacen respecto al gobierno, sino en la vinculación de su base teórica con su actuación práctica respecto a las luchas del movimiento obrero, que alcanza las mayores movilizaciones de la historia de España. Entendiendo que para conseguir este propósito resulta necesario vincular las raíces ideológicas con su plasmación concreta en la acción política, el nexo de unión entre una y otra solo puede proporcionarlo la realidad social sobre la que intervine. Por esta razón, antes de analizar la intervención concreta de cada partido durante la Segunda república, situamos la composición y estructura de clases de la sociedad española de 1931. De una parte, se analiza el peso específico y grado de organización del proletariado urbano y rural, de las capas medias en el campo y la pequeña burguesía liberal en las ciudades, así como el de la burguesía industrial y latifundista. Por otro lado, también se expone el nivel de implantación e influencia de los estamentos que predominan a nivel social: la Iglesia, el Ejército y la aristocracia nobiliaria (capítulo 2).

Además de abordar la situación de cada partido político, tanto en la referencia teórica como en el nivel de organización e influencia que tiene entre la clase obrera de cada uno de ellos, se constata el grado de implantación de las grandes centrales sindicales –CNT y UGT-. Aunque no es objeto de estudio específico el anarcosindicalismo por su diferente concepto de organización política –el estudio de la UGT viene acompañado por el del PSOE-, se exponen los objetivos y la actuación del mismo través de la CNT y la FAI. Además de exponer los objetivos de cada partido al inicio de la Segunda República, así como su actuación desde el 14 de abril de 1931 hasta la composición del Gobierno republicano-socialista, se estudia la correlación de fuerzas sociales que configuran el Estado español y se analiza el comportamiento político de todas las clases y estamentos organizados en la convulsión que provoca en todos ellos la irrupción del cambio de régimen tras la caída de la Monarquía.

Una vez establecida la situación organizativa y programática de cada partido en la realidad política y social española de 1931, se exponen los objetivos generales de cada uno durante el primer bienio republicano-socialista. De una parte, respecto de las luchas obreras, y por otra, su posición y actuación ante la legislación parlamentaria del Gobierno. Aquí es donde se concreta la propuesta política de cada organización sobre los temas centrales entre 1931 y 1933 en torno al concepto teórico y práctico de la revolución democrático-burguesa y su vinculación con los objetivos de la revolución socialista: las reformas laborales, la Constitución, la Reforma agraria y la Cuestión nacional (capítulo 3). A partir de este momento, después del primer bienio, la investigación avanza al ritmo que marca el proceso de movilizaciones obreras y las situaciones de ruptura política que conlleva la lucha de clases que se desprende de ella. En primer lugar, los motivos y consecuencias del proceso de diferenciación interna en el PSOE y la contradicción ascendente que sufre entre la defensa de ideas marxistas con el recrudecimiento de las luchas obreras en 1933, y su práctica política en un Gobierno liberal. La incorporación de la UGT a las grandes huelgas junto a la CNT significa un salto cualitativo sobre los dos años anteriores, y constituye la presión más fuerte para la división ideológica de la socialdemocracia. Y en segundo término, la reorganización de la burguesía en torno a la CEDA, creando su primer partido de masas que recibe el apoyo de las capas medias fundamentalmente en el medio rural. También se analiza la influencia del triunfo del fascismo en Alemania, siendo esclarecedor el análisis de las diferentes posiciones políticas expresadas en los acontecimientos que hacen de Hitler canciller, en las analogías tácticas y estratégicas de la intervención política de las organizaciones marxistas españolas y alemanas respecto al frente único (Capítulo 4). Todas las posiciones políticas de cada partido durante el primer bienio -tanto en su referencia teórica, relación con las luchas sindicales, y las posiciones ante larevolución democrático-burguesa-, constituyen el eje fundamental de sus objetivos y bases programáticas que durante 1934 y 1936 se convierten en tácticas y estrategias determinantes. De esta forma, los primeros cuatro capítulos configuran el soporte objetivo -realidad político-social- y subjetivo –posición de cada partido-, para abordar de manera simultánea el proceso revolucionario y su dirección política los dos años posteriores. A partir de enero de 1934 tras la salida del PSOE del Gobierno hasta la revolución de Asturias, el estudio en paralelo entre la actuación del movimiento obrero y la intervención táctica y estratégica de cada organización, no solo produce un salto cualitativo respecto del primer bienio en el ascenso de la lucha de clases, sino también en la bifurcación entre la orientación política desde la dirección de sus organizaciones políticas, y el comportamiento revolucionario de la militancia obrera en los sindicatos.

Se estudia cómo 1934 se convierte en el momento de mayor polarización social entre las clases desde 1931 en la expresión política y sindical de la clase trabajadora, ante la posibilidad de unificar las movilizaciones obreras y todas sus organizaciones en torno al concepto de frente único y las Alianzas Obreras. Se estudia el diferente enfoque que adquiere: tanto en su expresión anti-fascista, como en su carácter revolucionario (capítulo 5). Los movimientos tácticos y estratégicos de cada organización y su influencia, son analizados tanto en el proceso general de luchas laborales defensivas y ofensivas, como en la huelga general campesina de junio y la huelga general revolucionaria de octubre. Se estudian los motivos del por qué desde las direcciones de CNT y UGT no hay acuerdo respecto al frente único como lucha ofensiva con carácter de clase para desencadenar el movimiento revolucionario –salvo en Asturias-, mientras por el contrario se produce la unidad de acción en huelgas laborales por todo el país.

1934 también es el año decisivo en la reestructuración de las organizaciones marxistas, donde las estrategias -revolución democrático-burguesa o socialista- y tácticas -aceptación o no del frente único– marcan la nueva orientación política y organizativa de cada una de ellas. Se aborda el inicio del giro en el PCE hacia los frentes populares, rechazo de la ICE del entrismo en el PSOE, determinación revolucionaria de las Juventudes Socialistas que pretenden bolchevizar el partido con la ayuda de las organizaciones comunistas, y la ruptura política de hecho dentro del PSOE. El BOC, por su parte, cada vez más de acuerdo con Nin que rechaza los planteamientos de Trotsky, sienta las bases para la posterior creación del POUM. Tanto en la huelga campesina de junio como en la general de octubre, el comportamiento del movimiento obrero participando de las huelgas e insurrecciones es inversamente proporcional con la actuación de su dirección política. Se analiza la revolución de Asturias y las causas de su derrota, a través del grado de organización y vertebración del movimiento revolucionario por parte de cada partido tanto a nivel asturiano como estatal.

1935 constituye el reagrupamiento estratégico de los partidos marxistas y la recuperación paulatina del movimiento obrero, a pesar de la represión tras la derrota de octubre. La significación política del VII congreso de la Internacional Comunista con el giro del estalinismo hacia la confluencia estratégica con la burguesía liberal, su influencia en la socialdemocracia, y el aislamiento del comunismo anti-estalinista con la creación del POUM en Cataluña, marca el rumbo del movimiento obrero hacia el Frente Popular(capítulo 6). Se analiza el contenido de clase de la nueva orientación del estalinismo contrastándolo con los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, cuya política es la contraria. También se aborda el debate teórico y práctico de construcción de un partido revolucionario, que afecta a todas las organizaciones marxistas, con clara repercusión en el devenir de la lucha de clases durante 1936. El debate sin acuerdo entre las organizaciones comunistas anti-estalinistas con las Juventudes Socialistas -que da lugar al POUM y la unificación posterior de las JJ.SS. y la UJC-, y las diferencias políticas al respecto por parte de Trotsky, adquiere importancia teórica y práctica en la referencia revolucionaria alternativa al reformismo y al estalinismo, con incidencia directa en el devenir de las organizaciones socialdemócratas. Desde el nuevo marco organizativo del movimiento obrero la segunda mitad de 1935 con el cambio de táctica del estalinismo, la creación del POUM y la división política de la socialdemocracia, se analiza el proceso de convergencia de todos ellos junto a la pequeña burguesía hacia el Frente Popular.

Tras su victoria electoral en febrero de 1936, se analiza el proceso ambivalente de las organizaciones marxistas: combinan planteamientos revolucionarios en la propaganda que no se traslada ni táctica ni estratégicamente hacía la lucha por el poder político, al mantener su apoyo parlamentario y programático del nuevo Gobierno liberal. La contradicción en este táctica se acrecienta progresivamente de febrero a julio entre las dos fuerzas que aíslan al Gobierno en el Parlamento: mientras el movimiento obrero se lanza a un proceso huelguístico masivo de luchas ofensivas que obliga a los patronos a subir los salarios y no reducir las plantillas, la contrarrevolución capitaneada por la cúpula del Ejército intensifica la preparación de un golpe de Estado para desarticular las organizaciones obreras y derribar la República. En este contexto de polarización social más alta desde 1931, se analizan los objetivos programáticos de los partidos obreros con especial atención a su vinculación con las movilizaciones de los trabajadores en los sindicatos.

Se da cuenta de la oleada de huelgas durante la primavera y el verano de 1936, que deja al Gobierno delFrente Popular como el más debilitado y aislado socialmente de toda la República, atrapado entre dos fuegos: de una parte, la reacción fascista en la preparación del golpe de Estado estimulado desde el Parlamento por la CEDA y Renovación Española buscando el apoyo de las capas medias, y de otra, la generalización de huelgas económicas ganadas por los trabajadores a la patronal, la toma de tierras en los latifundios, y el control obrero de algunas industrias y servicios públicos. Se analiza el proceso político que convierte en situación pre-revolucionaria el comportamiento del movimiento obrero –industrial y del campo- entre febrero y julio de 1936, en contraste a la actuación política del reformismo y del estalinismo que no sobrepasa la defensa del orden republicano burgués. Todos los planteamientos teóricos sobre la revolución democrático-burguesa o socialista del primer bienio, se ponen de manifiesto en los meses anteriores al golpe de Estado del 18 de julio en la actuación política de los diferentes partidos obreros.

De esta forma, se llega al séptimo y último capítulo -la Revolución-, donde se concentra de manera exponencial todas las contradicciones políticas y sociales de la Segunda República, especial y muy significativamente, las derivadas de un proceso revolucionario previo sin dirección política. Se analiza tanto la preparación del golpe de Estado y su realización, como los motivos fundamentales de su derrota en la mitad del territorio peninsular. El carácter de clase del Gobierno liberal del Frente Popular se pone de manifiesto ante el golpe de Estado. Más preocupado por las huelgas de los trabajadores, el encarcelamiento de muchos de ellos y el cierre de sus locales, no hace nada respecto de las múltiples denuncias y síntomas de preparación del levantamiento militar. La actuación revolucionaria de la clase obrera rural y urbana a través de sus grandes centrales sindicales entre el 18 y el 20 de julio, sobrepasa la orientación política de sus partidos.

Se expone la actuación del movimiento obrero y la creación de organismos independientes de clase -las Milicias armadas y los Comités obreros- vertebrados en torno a la CNT y la UGT, al mismo tiempo que la inhibición del PSOE y el PCE para dar forma política a esas nuevas estructuras de poder alternativo. Por el contrario, se constata su defensa del debilitado y aislado Gobierno liberal y su negativa explícita a luchar por el poder político. Se estudia la situación de doble poder el verano de 1936 con preeminencia de las fuerzas proletarias en el control de la producción, distribución y lucha militar, hasta el progresivo equilibrio en favor del poder del Estado a partir de septiembre con la entrada de todos partidos obreros en los Gobiernos de la República y la Generalitat. Se muestra la ambivalente situación de los partidos obreros mayoritarios durante julio y agosto de 1936, rechazando la revolución y apoyando la recomposición del Estado burgués republicano: un Ejército regular a costa de las Milicias armadas, y el control por el Gobierno de las incautaciones económicas en las ciudades y los campos efectuados por los Comités obreros. Se estudia y compara el diferente comportamiento bolchevique en 1917 y las organizaciones marxistas españolas el verano de 1936, sobre el parámetro similar más significativo: la creación de órganos de poder obrero independientes del Estado y del Gobierno en una situación revolucionaria –Soviets/Comités Obreros-. La falta de dirección revolucionaria en el territorio republicano da lugar a la finalización del doble poder favorable a la clase obrera a partir del otoño de 1936, certificado en mayo de 1937 en Barcelona. La actuación revolucionaria del movimiento obrero durante la Segunda República, especialmente por sus capas organizadas en torno a CNT y UGT tanto en octubre de 1934 en Asturias como fundamentalmente el verano de 1936 a nivel estatal, es inversamente proporcional con el comportamiento de la dirección política de los partidos obreros.
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  • Date : 23.1.18
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