El Gobierno de los ricos

El Gobierno de los ricos
El autodenominado Gobierno de la Nación decidió rescatar a la banca con miles de millones de euros, al parecer sin que en ningún papel constase que ese dinero de todos debería regresar al Erario en un plazo determinado

Pedro Luis Angosto | Nueva Tribuna

Pese a la calamitosa acción de gobierno del Partido Popular, la única contestación contundente a la misma ha sido protagonizada por la fea pequeña burguesía catalana, no porque estuviesen en desacuerdo con los recortes y las privatizaciones que ellos mismos habían puesto en práctica en su territorio, no porque el Gobierno central haya endurecido de forma ostensible las leyes para poder reprimir más y mejor, tampoco como respuesta al aumento terrible de la pobreza y la explotación en casi todo el país ni por el atraco incesante a las arcas públicas, no, su protesta, su queja, su disgusto provenía de desacuerdos fiscales y competenciales que derivaron en tirar el carro por el pedregal dado que España -no el PP- era un imposible. La revuelta catalana se convirtió así en el mayor obstáculo que ha tenido el gobierno ultraderechista central, dándose la paradoja de que al mismo tiempo ha servido para fortalecerle en el poder al aprovechar para sí la indignación que la unilateralidad catalana y su desprecio hacia los demás pueblos de España habían provocado en amplios sectores del país. En ningún caso se ha tratado de un conflicto entre un gobierno de derechas y otro partidario de políticas mucho más izquierdistas, no, hemos asistido a un conflicto entre gentes de derechas, unos de un españolismo castizo, bruto y trincón, otros de un catalanismo tan aburrido y trincón como egoísta, cerril y español, en el peor sentido del término. Quitado este pequeño incidente que continuará haciendo ruido durante algún tiempo más, las tropelías cometidas por la derecha española de toda la vida desde el Gobierno del Estado, apenas si han tenido la respuesta severa y feroz que merecían ni por parte de los partidos de izquierda, ni de los sindicatos, ni de la sociedad civil, dormidos todos con un narcótico tan intenso como devastador.

El autodenominado Gobierno de la Nación decidió rescatar a la banca con miles de millones de euros, al parecer sin que en ningún papel constase que ese dinero de todos debería regresar al Erario en un plazo determinado. Mientras en otros países europeos como Holanda o Reino Unido los préstamos dados a la banca han sido devueltos al Estado o están en ello, aquí se atreven a decir que una parte sustancial del dinero entregado a quienes destrozaron el sistema financiero español para especular, no retornará nunca al Tesoro Público. Si se trataba de salvar los depósitos, bajo ningún concepto se tendría que haber inyectado un sólo euro en los bancos quebrados, sino constituir un nuevo banco público que garantizase esos depósitos y encarcelar a todos los delincuentes que decidieron convertir al sistema financiero en una finca privada dotada de un inmenso casino en el que jugarse nuestro dinero y nuestro futuro mientras engordaban sus cuentas particulares sin ningún tipo de recato. Sí, se garantizaron las cuentas hasta cien mil euros con un coste brutal para las arcas del Estado, pero también se rescató a los truhanes y sinvergüenzas que se cargaron el sistema sin que los supervisores hubiesen cumplido con su misión. 

No para ahí la cosa, el Gobierno del PP llegó al poder en plena crisis, pero se encontró con un fondo de reserva de las pensiones que llegaba casi a los 70.000 millones de euros. Como es normal, lo primero que hizo fue usarlo, pero una cosa es usarlo y otra muy diferente es gastártelo, fundírtelo, convertirlo en una parte estructural de los ingresos de la Seguridad Social para pagar las pensiones y el que venga después que arrastre. No, el Fondo no estaba para eso, estaba para cubrir necesidades ocasionales y urgentes mientras el Gobierno arbitraba otros instrumentos financieros para cubrir los déficits que se hubiesen generado. Lejos de ello, el Gobierno de los ricos, prefirió llevar las cosas al límite, acabar con la hucha de las pensiones, endeudar a la Seguridad Social y sacar a sus más conspicuos dirigentes a recomendarnos las ventajas de los planes de pensiones privados que ofrece la banca que fue rescatada con ese dinero de todos que no va a devolver. El Estado es la unión de todos los ciudadanos para sacar un proyecto de vida en común, si el Estado no puede garantizar las pensiones -que si puede-, mucho menos lo puede hacer una entidad privada, un banco o un consorcio de seguros, cuando aquí hemos visto desaparecer en treinta años a las entidades financieras más solventes.

Pero el Gobierno de los ricos no tiene límites. Siempre dispuesto a favorecer a la familia, no duda en conceder servicios de mantenimiento de hospitales, escuelas o pabellones de deportes a empresas formadas para la ocasión por amigos que siempre son agradecidos. No tiene la menor vergüenza en dar concesiones de autopistas a unos determinados señores con la intención de contribuir a su enriquecimiento personal. Como tampoco la tiene para rescatar esas autopistas y pagar una millonada a los colegas que las explotaban al comprobar que no daban los beneficios esperados. Entonces acude Papá Estado, abre la cartera y comienza a repartir billetes en vez de cerrar las autopistas por donde no quiere circular nadie y que cada cual asuma el riesgo que ha contraído. No, aquí se está para lo que sea menester, para la Planta de gases de Florentino Pérez, si hay que pagar se paga lo que sea menester, y sin rechistar, para inyectar miles de millones en los colegios de la Iglesia católica que se dedica a adoctrinar a niños y adolescentes con ideas retrógradas y cerriles o para modificar las leyes fiscales de modo y forma que posibiliten que los más ricos apenas paguen impuestos directos mientras que los asalariados cargan con la mayor parte de los mismos. La subsistencia de las Sicav, la permisividad con la transferencia de capitales a paraísos fiscales y las modificaciones del Impuesto sobre la renta para hacerlo cada vez menos progresivo y proporcional, han convertido a España en una especie de paraíso fiscal para los que más tienen, mientras los currantes han de pechar por cualquier cosa, incluso por la casa de su propiedad en la que vive.

Al Gobierno de los ricos le importa muy poco que un tercio de las familias de España vivan bajo los umbrales de la pobreza, que un porcentaje elevadísimo de niños estén malnutridos, que las generaciones más preparadas de jóvenes de nuestra historia no tengan posibilidad de trabajo en nuestro país, que regiones como Andalucía, Extremadura, Galicia o Canarias estén entre las más pobres de Europa porque nunca se llevado a cabo un plan racional de industrialización que aproveche las riquezas de esos territorios. Al Gobierno de los ricos le importa un bledo que los hospitales se caigan a pedazos, que los médicos y el personal sanitario se maten para sacar adelante su trabajo y la salud de todos nosotros, lo que de verdad importa al Gobierno de los ricos es acabar con todo lo público para entregárselo a los que sólo velan por el incremento de su cuenta corriente. Entre tanto, pese al ocultismo y la manipulación de los grandes medios, somos muchísimos los que cada día sentimos una terrible vergüenza, un tremendo dolor, una inmensa rabia al oír las palabras “Gurtel”, “Lezo”, “Púnica” y tantas otras que demuestran hasta donde ha llegado la putrefacción en las entrañas de quienes mandan y cual es su concepción de lo que debe ser un servidor público. Asco.

Fuente: Nueva Tribuna
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