Esa gente, por Antonio Alvarez-Solís

Esa gente, por Antonio Alvarez-Solís
Antonio Alvarez-Solís, Periodista

Hablemos de parados, de salarios mínimos, de trabajadores precarios, de pensionistas extenuados, de ciudadanos sin país y de países sin ciudadanía; en fin, de «esa gente» innominada, pura materia inorgánica, escombrera de la historia, que involuntariamente o maliciosamente con sus quejas o sus comportamientos antisistema dificulta o da mala fama al capitalismo globalizante, base de todo progreso; al parecer.

Sí, al parecer. Y no se hable más, porque la teología financiera es nítida en su dogma: el capitalismo es la única energía que hace funcionar a los pueblos; quien no crea en eso sea anatema ¿Qué hacer con «esa gente» que obstaculiza tanto el progreso con sus pretensiones absurdas, con sus malevolencias, con su hambre inicuamente exhibida, con su dudosa pobreza permanentemente proclamada como si fuera necesario comer todos los días, con su enumeración de necesidades engorrosas y petición irracional de justicia? ¿Qué hacer con esos tres o cuatro mil millones de individuos que sobran en el planeta a fin de sanear el mercado?

Mas vayamos a lo nuestro: hablemos, para evitar retorcidas globalizaciones, de esa España que según Rajoy y sus incorruptos colaboradores «ha salido de la crisis» y puede ya enviar sin dificultad alguna su cuantiosa contribución a Bruselas y amamantar a los mercados al menos en tanto conserve y explote en orden sus colonias de Catalunya –«motor de España», según el Sr. Rajoy, que conserva esa joya con millares de policías y descaros judiciales– o Euskadi, vendida en un concierto con música átona dirigido por el Sr. Urkullu, con la ayuda además de «pied noirs» como el Sr. Guindos –el que ha dicho «no aumentemos los salarios porque perderemos competitividad», o sea, que el beneficio consiste en la sustracción a los salarios– o del Sr. Sánchez, el Sr. Rivera o el Sr. Albiol y feministas isabelinas avanzadas como la Sra. Díaz o la Sra. Arrimadas. Como gran luminaria de tanto progreso oigamos de nuevo la frase del gran manitú, Sr. Juncker, que es el horno conceptual del desarrollo: «Los bancos, los mercados, son sagrados». Sr. Rajoy ¿hay que creer en esas instituciones canónicas que usted salvaguarda con tanto ahínco presupuestario? Usted que sabe que las cosas son como son aclare nuestra fe. Si hay que creer en los citados ejemplares recurramos a un clamor religioso: «Vuestros son el poder y la gloria». Y a darle al pico de la miseria, que es como agua para chocolate.

Hablemos, pues, de España, ejemplo y envidia –Rajoy dixit– de una Europa estremecida ante un futuro incierto, diga lo que se diga en los medios del poder que ha elevado a la enésima potencia la desinformación verdadera. Europa estremecida, pero España es grande y libre, y anda en buena andadura camino de la riqueza ¿Mas adónde hubiera llegado España ya sin la tozuda y extendida murmuración que se hace aquí de los ricos, que viven acoquinados pese a la protección de los tribunales, al manejo de la cárcel, a la omnipotencia policial? Un dato orientativo: en el 2016 la cifra de multimillonarios españoles solo aumentó en un 10% sobre el año anterior, hasta alcanzar los 25 agraciados, lo que únicamente les permitió acumular 105.811 millones de euros, frente a los 96.053 millones del año anterior, con solo 21 creadores de riqueza. O sea, tiene razón el Sr. Rajoy: crecemos, pero aún poco. 

Comencemos ahora a desgranar otras referencias de la actual ejemplaridad de España que nos permita un correcto contraste. Primera mención: los salarios ¿Es cierto que el salario mínimo español ha aumentado de cara a el 2018? Pues es cierto. Exactamente un 4% y ya estamos en 735,9 euros al mes. Más dos pagas extraordinarias ¡Y tan extraordinarias! Una mejora de un euro diario, con algunos céntimos de añadidura. Pero hay que tener en cuenta que somos 47 millones de habitantes. Una sugestiva presentadora de la Sexta sugería ya un aumento del ahorro. Pues bien, sumemos los trabajadores que trabajan y verán que la cifra de su ingreso salarial total ha de resultar tremenda y no excesivamente lejana de lo colectado por los super millonarios. Pero dejemos sin comentar las cifras del salario mínimo propio, para no irritar a «esa gente» que consume buena parte de sus horas tomando el sol en la fachada del INEM. Como insiste el Sr. Rajoy, fomentemos la estabilidad y la concordia.

Dejemos que las cifras españolas hablen su verdad con voz tonante en relación al resto de la Europa Unida. Para valorar con certeza este dato salarial sobre la resurrección social de España, comparemos. Europa se divide en tres grupos de salario mínimo. El primero está compuesto por Montenegro (con 288 euros de salario mensual), Macedonia (con 231), Serbia (con 249), Bulgaria (con 235), Rumanía (con 320), Lituania (con 380), Hungría (con 411), República Checa (con 407), Eslovaquia (con 435), Estonia (con 470) Croacia (con 433) y Polonia (con 453)

¿Está ahí España? ¡Ni mucho menos! España está en el segundo grupo, con 825 euros. Somos cabeza de serie. Y nos acompañan Portugal (con 649), Grecia (con 683), Malta (con 735) y Eslovenia (con 805). Más aún, el Sr. Rajoy ha prometido a los dos grandes sindicatos españoles que en 2020 el salario mínimo llegará en España a escalar hasta el 10%, eso sí, porque el jefe del gobierno español no miente jamás, si se dan dos requisitos: que el PIB de la economía crezca más de un 2,5% cada año y que el aumento de la afiliación a la Seguridad Social sea superior a los 450.000 trabajadores cada año. Quizá al llegar a este punto es cuando echo de menos el brazo de Santa Teresa de Jesús ante el que Franco rezaba cuando se le caía un pantano y necesitaba un milagro.

Pero en este conmovido relato olvidaba al tercer grupo de salarios mínimos al que llegaremos también nosotros si se esmera Madrid y el cuerpo aguanta: Francia, con 1.480 euros mensuales; Alemania, con 1.498; Bélgica, con 1.531, Países Bajos, con 1.551; Reino Unido, con 1.596; Irlanda, con 1.563 y Luxemburgo, con 1.998. Esta última cifra la coloco al final porque no tengo la certeza de que ni un solo luxemburgués viva del salario.

¿Algún dato más sobre la realidad española? Leo en Agustín Millán las siguientes líneas: «La proporción de contratos indefinidos sobre el total de contratos sigue bajo mínimos; en diciembre se situó en el 7,9%». Ahora comprendo el alegre grito de mi vecina de abajo a su marido: «¡Joaquín, hoy el niño trabaja!».

Sigo con mi compañero el Sr. Millán: «El número de beneficiarios de prestaciones por desempleo se sitúa en noviembre del 2017 en 1.901.054 personas, con lo que la tasa de cobertura se sitúa en el 57,92%. Seis de cada diez prestaciones son de carácter asistencial. El gasto total del sistema de protección por desempleo ha descendido un 3,5% respecto a noviembre de 2016». Ahora comprendo el grito de mi vecina de abajo. Incluso la conclusión del mismo: «¡ Joaquín, el niño y yo nos vamos de rebajas!».

Los datos están ahí, Sr. Rajoy ¿Miente usted sobre nuestra salida de la crisis? Que cada cual lea lo trascrito y observe en su en derredor. Sí, miente usted. El problema es que un día «esa gente» desembarcará armada de las panteras o armará la fogata en su pueblo y ustedes tendrán que recurrir a esa frase tan manida desde el poder: «¡La policía y las fuerzas armadas tuvieron que intervenir para restaurar el orden de las masas turbulentas!». Porque según ustedes «esa gente» se habrá convertido en masas turbulentas y no aguantará más a la espera de las mesas sindicales ni a que el Sr. Guindos les explique la benéfica función de la Banca. La historia demuestra, Sr. Rajoy, que la injusticia se alía siempre con la muerte que destruyó, según un aragonés muy amigo, Sodoma y al de la Gorra.

Antonio Alvarez-Solís, Periodista

Fuente: www.naiz.eus
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