Una institución medieval ¿Monarquía en el siglo XXI?

Una institución medieval ¿Monarquía en el siglo XXI?
El debate sobre la continuidad de la monarquía en España está más caliente que nunca debido a los últimos escándalos de la Familia Real. ¿Tiene sentido mantener una institución que surge por "designación divina" en el siglo XXI? ¿El mayor cargo representativo del Estado puede ser un puesto heredado?


Marcos del Río

La monarquía española no pasa por su mejor momento. Los últimos escándalos que han salido a la luz han puesto en jaque a una institución medieval que se mantiene hasta nuestros días. La prensa, que durante años ha mantenido un pacto de silencio en torno a la figura del Rey, parece menos asustada. 

Así lo demuestra la publicación e investigación de los supuestos delitos cometidos por Iñaki Urdangarin, cuñado del rey Felipe VI, o que su padre el rey Juan Carlos I aparezca en los programas del Corazón junto a sus amigas entrañables: Corinna, Bárbara Rey o Marta Gayá, algo impensable hace un par de décadas.

El debate sobre la oportunidad o no de seguir siendo un Estado monárquico siempre ha estado en las calles, pero nunca se ha trasladado a los órganos que podrían hacer algo al respecto. 

La República Española

3.595 días. Ese es el espacio de tiempo que España ha existido bajo el régimen republicano, sin contar el gobierno de la Segunda República en el exilio hasta 1977. El 11 de febrero de 1873 y el 14 de abril de 1931 son fechas conocidas por todos, recordadas y celebradas por algunos y a las que quién sabe si en el futuro habrá que sumar un nuevo registro.

La conveniencia y factibilidad de proclamar la Tercera República en España es motivo constante de debate, si bien es cierto que el entorno político actual no parece, de momento, interesado en hacerlo.

Según Pedro Schwenzer es el presidente de la Asociación Monárquica Europea, el cambio de sistema es innecesario y poco probable en España ya que «la Monarquía tiene plena vigencia en los comienzos del siglo XXI por más que algunos se empeñen en considerarla anacrónica o caduca». «Nadie mínimamente informado consideraría a países como Noruega, Suecia, Dinamarca, Reino Unido o la propia España como países anticuados, caducos, poco democráticos o subdesarrollados social, cultural o económicamente por ser monarquías parlamentarias», destaca. 

La gran diferencia entre la monarquía española y las europeas que cita Pedro Schwenzer, es que mientras las monarquías europeas combatieron el nazi-fascismo durante la II Guerra Mundial. La monarquía española apoyó el golpe militar fascista de Francisco Franco desde el Exilio.

El profesor Pedro García Bilbao, señala que «La monarquía en España ha cometido crímenes graves contra el pueblo español, sus libertades y su soberanía nacional. Esto no es Holanda, Inglaterra o Suecia. Aquí los monárquicos conspiraron para un golpe de estado y una guerra. Los pretendientes se pusieron en manos del dictador y justificaron sus crímenes, el rey fue jefe de estado de la dictadura al menos dos años y es por tanto responsable máximo de sus crímenes contra la nación. Comparar con los escandinavos, Holanda o Reino Unido es absurdo».

Schwenzer, insiste en que la monarquía tiene algo que nunca tendrá una república: «Está por encima de los intereses y luchas políticas y partidistas y es un elemento tangible de representación y estabilidad nacional». 

Este razonamiento tampoco es correcto, ya que en la República atribuye la titularidad del poder a la ciudadanía y mediante elecciones de carácter periódico, democrático y participativo, confiere legitimidad a sus representantes. Si la Jefatura de Estado no es electa, es hereditaria y además vitalicia, no hay democracia.


Un cambio de sistema

Pero, ¿qué piensan aquellos que abogan por un cambio de sistema? ¿Lo ven más factible? 

Según Pedro Alberto García Bilbao, de Unión Republicana, es factible un cambio de régimen, «Tanto como el que logremos una democracia plena y socialmente avanzada. Lo que no va a ocurrir es que sea promovido o favorecido por el poder, la República depende exclusivamente de los que creen en ella y de su capacidad para organizar esa esperanza que, desde luego, sigue viva pese a todo».

La asociación Idea Republicana, recogen afirma que «La proclamación de una III República en España es altamente improbable en los próximos años. Y mucho menos de una República que para construirla fuera imprescindible la destrucción del Estado actual por medio de una revolución. No de la Monarquía, sino del Estado capitalista. Pretender esto es absurdo en la época actual, y más parecería una idea surgida de aquellos que quieren alejar cada vez más a nuestro país de la República, que de concienzudos comités centrales que pretenden tener en sus manos el Materialismo Histórico como herramienta de análisis». 

¿Cómo sería el cambio de sistema? ¿A qué transición nos deberíamos enfrentar? Pedro Schwenzer expone que «el cambio supondría derribar el edificio que con tanto esfuerzo hemos construido, pero que más bien que mal nos cobija a todos, aunque ahora tenga goteras y no tengamos dinero para repararlas», reconoce.

«En su lugar tendríamos que construir un edificio totalmente nuevo, del cual realmente no tenemos necesidad, ni estamos de acuerdo sobre cómo queremos que sea, ni estamos seguros que vaya a mantenerse en pie, ni siquiera que sea capaz de cobijarnos a todos los españoles como lo hace el actual. Dejémonos de experimentos, especialmente con algunos que ya sabemos por experiencia como han acabado y lo que nos han costado», apunta. 

Lo que no señala Schwenzer es que la monarquía se edificó sobre un edificio carcomido que heredó toda la estructura socio-económica y política corrupta del franquismo. Tras la Transición, los benefactores del franquismo tuvieron continuidad en el expolio de los recursos públicos y riquezas del país, así como en el reparto del poder político. Por no hablar, de que la actual monarquía jamás ha condenado el golpe militar fascista de Franco y que España sigue siendo el segundo país tras Camboya en número de desaparecidos, con 114.226 hombres y mujeres que permanecen en fosas comunes, algunas con más de mil personas dentro, sin haber sido identificados y enterrados dignamente por sus familias

Para Pedro García Bilbao, el cambio de régimen «Lo que no va a ocurrir es que sea promovida o favorecida por el poder, depende exclusivamente de los que creen en ella y de su capacidad para organizar esa esperanza que, desde luego, sigue viva pese a todo. Es preciso concretar. El cambio a un régimen plenamente democrático, comprometido estructural y constitucionalmente con los derechos sociales, las libertades públicas y la plena soberanía política, económica, monetaria y de defensa, esto es, el paso a la República, exige un plan, un objetivo, una estrategia y, sobre todo, voluntad y compromiso».

«Hay que empezar por lo obvio: que los cambios y las reformas legales que se precisan en defensa de lo público, sanidad, la educación, o de condiciones dignas de trabajo, jubilación, dependencia, etc, tienen por adversarios a los mismos que rechazan la república. Lucha social y republicana es lo mismo, ésta no es algo sectorial, es cambiar un régimen por otro que tiene en la fraternidad su razón de ser. Una estrategia de cambio debe basarse en los puntos débiles del contrario. El régimen del 78 tiene miedo a sus contradicciones derivadas de que se basa en la impunidad franquista. Nadie que se llame demócrata puede defender el mantenimiento de la impunidad en 2018», razona García Bilbao.

«No se trata de un referéndum sobre monarquía o república: eso es una trampa. Ya hubo dos organizados por el franquismo. Deben ser declarados nulos y nula por tanto la proclamación de la monarquía», apunta García Bilbao.


Historia

Schwenzer recuerda que la II República que «ahora tanto se empeñan algunos en pintar idílicamente de paz, democracia, libertad y prosperidad, fue más bien un régimen donde la libertad y la democracia brillaron por su ausencia. Y lo reconocen historiadores de izquierdas como Tuñón de Lara». «La República desembocó en una horrible guerra civil y una dictadura de casi cuarenta años que finalizó con la democracia que disfrutamos, ahora sí, y que se instauró gracias a la Monarquía Parlamentaria». 

No es que la República desembocara en un guerra civil, es que una parte del ejercito, los fascistas, terratenientes, la oligarquía industrial y financiera, así como la Iglesia Católica, no aceptaron la legalidad democrática republicana surgida en las urnas en 1931 y confabularon un golpe de Estado para derrocarla.

Para Pedro Alberto García Bilbao, la República «representó convertir en realidad la esperanza de un cambio y se la presenta como ligada a la guerra para poder ocultar la dictadura que la destruyó e impedir que rebrote a día de hoy». 

«La Tercera República es posible, pues depende exclusivamente de las personas, de su toma de conciencia y de su capacidad para actuar colectiva y democraticamente. Otro tema es que sea fácil o difícil. La mejor prueba de que es posible es el miedo que la simple palabra República despierta en el poder en España y los esfuerzos en combatir su recuerdo. Bastaría con quienes dicen ser o sentirse republicanos votasen a republicanos para que se pueda avanzar hacia ella», argumenta García Bilbao.

Eduardo Calvo (1936-2012+), autor de Pasión por la República, expone que «Es evidente la urgente necesidad de una profunda transformación del Estado. Pero esta transformación deberá ser concebida no sobre la estructura clásica y los viejos moldes de la ciudad antigua, sino en base al modelo mucho más moderno y complejo de la Nación». 

«El problema radica en que España no ha querido nunca hacer estas cosas porque son tantos los intereses particulares que intervienen en la dominación de todos los campos de actuación del Estado que si se intentaba hacer la Revolución que los españoles necesitan para redimirse a sí mismos, y ante la humanidad entera, se produciría lo de siempre: otra guerra civil. Otra guerra fratricida de las que millones de españoles no han querido prescindir durante siglos», señalaba.

Fuentes consultadas: www.gonzoo.com
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