Proclamación de la Primera República Española y renuncia de Amadeo de Saboya

Amadeo de Saboya
Las Cortes Españolas recibían la carta de renuncia de Amadeo de Saboya el 11 de febrero de 1873. La oposición de carlistas, republicanos, aristócratas e Iglesia le llevaron a abdicar tan solo dos años después de aceptar la corona. Tan solo un día después era proclamada la I República.

Encontrar un rey que que aceptase la corona de un país empobrecido y convulso no fue una tarea sencilla para las Cortes españolas. Su compromiso con el liberalismo y la aceptación por parte de las principales potencias europeas validaron a Amadeo de Saboya como el perfecto candidato a ocupar la monarquía constitucional, establecida en 1869 después de que Isabel II fuera destronada.

Viajó desde su Italia natal a Cartagena ajeno a las dificultades a las que se enfrentaría en su corto reinado. Su desembarco el 30 de diciembre de 1870 se vio ensombrecido al conocerse el primer obstáculo al que tendría que hacer frente: gobernar sin el apoyo de su principal valedor, el general Prim, asesinado ese mismo día en un tiroteo.

Su presencia y sus ideas, siempre discutidas, incomodaban a la aristocracia borbónica, que le veía como un extranjero advenedizo. La Iglesia también se opuso al nuevo monarca por ser el hijo de Víctor Manuel II, rey de Italia que había clausurado los Estados Pontificios. Su dificultad para aprender el español tampoco fue bien vista por el pueblo.

Sin embargo, la principal oposición la encontró en el sector republicano y especialmente en los carlistas, que iniciarion en 1872 una nueva Guerra. El conflicto independentista en Cuba terminó por agravar la situación, dejando la continuidad de Amadeo de Saboya como rey pendiente de un hilo.

La impotencia para resolver todos los frentes de contestación abiertos en su contra y la división y enfrentamiento entre los propios españoles, para la que no halló solución dentro de la legalidad le obligaron a enviar su carta de abdicación a las Cortes. "He buscado remedio ávidamente dentro de la ley, y no lo he hallado. fuera de la ley no ha de buscarlo quien ha prometido observarla", escribía en este texto. Después de su renuncia, se marchó a Lisboa y más tarde fijo su residencia en Turín, desde donde vio cómo se proclamaba la I República en España.


Carta de despedida a las Cortes

"Grande fue la honra que merecí a la nación española eligiéndome para ocupar su trono; honra tanto más por mi apreciada, cuanto que se me ofreció rodeada de las dificultades y peligros que lleva consigo la empresa de gobernar un país tan hondamente perturbado.
Alentado, sin embargo, por la resolución propia de mi raza, que antes busca que esquiva el peligro, decidido a inspirarme únicamente en el bien del país, y a colocarme por cima de todos los partidos, resuelto a cumplir religiosamente el juramento por mí prometido a las Cortes Constituyentes, y pronto a hacer todo linaje de sacrificios por dar a este valeroso pueblo la paz que necesita, la libertad que merece y la grandeza a que su gloriosa historia y la virtud y constancia de sus hijos le dan derecho, creí que la corta experiencia de mi vida en el arte de mandar seria suplida por la lealtad de mi carácter, y que hallaría poderosa ayuda para conjurar los peligros y vencer las dificultades que no se ocultaban a mi vista, en las simpatías de todos los españoles amantes de su patria, deseosos ya de poner término a las sangrientas y estériles luchas que hace tanto tiempo desgarran sus entrañas.

Conozco que me engañó mi buen deseo. Dos años largos ha que ciño la corona de España, y la España vive en constante lucha, viendo cada más lejana la era de paz y de ventura que tan ardientemente anhelo. Si fuesen extranjeros los enemigos de su dicha, entonces, al frente de estos soldados tan valientes como sufridos, sería el primero en combatiros; pero todos los qué con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males dé la nación son españoles, todos, invocan el dulce nombre de la patria, todos pelean y se agitan por su bien; y entre el fragor del combate, entre el confuso, atronador y contradictorio clamor de los partidos, entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es imposible atinar cual es la verdadera, y más imposible todavía hallar el remedio para tamaños males.

Lo he buscado ávidamente dentro de la ley, y no lo he hallado. Fuera de la ley no ha de buscarlo quien ha prometido observarla. Nadie achacará á flaqueza de ánimo mi resolución. No había peligro que me moviera a desceñirme la corona si creyera que la llevaba en mis sienes para bien de los españoles, ni causó mella en mi ánimo el que corrió la vida de mi augusta esposa, que en este solemne momento manifiesta, como yo el vivo deseo de que en su día se indulte a los autores de aquel atentado. Pero tengo hoy la firmísima convicción de que serian estériles mis esfuerzos e irrealizables mis propósitos.

Estas son, señores diputados, las razones que me mueven á devolver á la nación; y en su nombre á vosotros, la corona que me ofrecía el voto nacional, haciendo de ella renuncia por mí, por mis hijos y sucesores.

Estad seguros de que al despedirme de la corona no me desprendo del amor a esta España tan noble como desgraciada, y de que no llevo otro pesar que el de no haberme sido posible procurarla todo el bien qué mi leal corazón para ella apetecía."

11 de febrero de 18573

Proclamación de la Primera República Española y renuncia de Amadeo de Saboya
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  • Date : 11.2.18
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