#SpanishRevolution 4.0

31 de mayo de 2011
Por: José López Sánchez

La incipiente revolución española se enfrenta a un crucial dilema: a su ser o no ser. Qué objetivos debe marcarse y de qué manera deben ser alcanzados.




El movimiento 15-M con rumbo a la democracia real acaba de arrancar. Pero corre el serio riesgo de detenerse prematuramente en el camino, de perder el Norte, de morir por sí mismo. Como era de esperar, el sistema no se queda de brazos cruzados viendo cómo miles de ciudadanos le cuestionan y se movilizan para cambiarlo. Intenta combatir este movimiento, consciente del peligro que representa, al menos potencialmente.

Combate de todas las maneras posibles: represión brutal por la fuerza física, desarme ideológico mediante los medios de comunicación que controla, practicando sus habituales métodos de desinformación, creando confusión y desunión en el interior del propio movimiento revolucionario, etc., etc., etc. Poco importa si a este movimiento del 15-M lo llamamos revolución o no, siempre que no olvidemos que en toda lucha es esencial tener claros los objetivos y las estrategias. El movimiento 15-M corre el riesgo de dejar de moverse o de moverse erráticamente, sin un claro rumbo. Sólo podremos llegar a un destino si somos capaces de marcarnos éste y la manera de alcanzarlo. Si, además, tenemos la suficiente determinación para recorrer el camino.

1 Objetivo: Regeneración democrática
A estas alturas, el movimiento aún no ha sido capaz de definir claramente, de una manera sintetizada, su objetivo. Esto juega en su contra. Si la gente no sabe muy bien qué se reivindica, no se apuntará a la causa. Debemos empezar ya a concretar los objetivos a alcanzar. En mi opinión, el objetivo básico debe ser la regeneración democrática de nuestro país. Se necesitan cambios amplios y profundos, pero al mismo tiempo muy concretos, en nuestro sistema político. Todas aquellas medidas políticas y económicas que se reivindican no serán realizables sin un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Sin la infraestructura política necesaria no será posible una salida social a la crisis, no será posible un sistema al servicio del conjunto de la sociedad, en vez de al servicio de ciertas minorías. La democracia es la base. Sin una democracia real el pueblo no podrá aspirar a gobiernos que gobiernen para el interés general.
Dicha regeneración democrática debe tener contenido, no se trata sólo de decir que se reivindica la democracia real, se trata también de explicar de manera concreta qué se entiende por democracia real y de saber cómo implementarla.
La democracia actual no es real porque el pueblo participa de manera desigual (no todos los votos valen igual), porque participa mínimamente (los ciudadanos sólo depositan una papeleta cada X años), porque participa infructuosamente (el voto no vale de nada, las cosas siguen igual, los gobiernos que se suceden aplican esencialmente las mismas políticas, sobre todo en lo económico). Una democracia es real cuando el pueblo gobierna, cuando participa suficientemente, cuando lo hace de tal manera que se cumple (por lo menos en cierto grado suficiente) el principio elemental de igualdad entre ideas, entre partidos, entre personas, cuando su participación sirve de algo, cuando no es meramente simbólica. En una democracia real hay pluralidad. En una democracia real el ciudadano puede acceder fácilmente a todo tipo de ideas y de informaciones. En una democracia real los gobernantes responden ante los gobernados, con lo que no tienen más remedio que gobernar de acuerdo con el interés general. Una democracia real no es la democracia de los cinco minutos que se tarda en depositar una papeleta en una urna. Papeleta que, en la práctica, es un cheque en blanco, que se queda en papel mojado. La democracia real es una democracia permanente donde el pueblo tiene el control de la situación en todo momento, donde los ciudadanos eligen a sus representantes, y donde, además, los controla para que cumplan con el mandato popular, para que gobiernen de acuerdo con los programas en base a los cuales han sido elegidos. En una democracia real los ciudadanos participan directamente en los asuntos que les incumben, allá donde sea posible. Una democracia real es la suma de la democracia representativa, verdaderamente representativa, en los ámbitos globales, y la democracia directa en los ámbitos más locales. En una democracia real los gobiernos toman las medidas que benefician al conjunto de la sociedad, y no al contrario, al mismo tiempo que respetando los derechos elementales de cada individuo. En una democracia real la libertad, y su inseparable hermana gemela la igualdad (pues en la vida en sociedad no hay libertad sin igualdad de oportunidades), no son sólo bellas palabras, son realidades. En una democracia real los derechos humanos no son sólo formales.

¿Cómo lograr una democracia real?
Mediante la puesta en práctica de medidas muy concretas y factibles, nada utópicas, de puro sentido común. Entre ellas, las más importantes, para empezar, serían:
  • Elegibilidad de todos los cargos públicos.
  • Revocabilidad de todos ellos (el pueblo debe poder echar a sus gobernantes sin esperar a que se acaben sus mandatos).
  • Una ley electoral donde se cumpla el elemental principio “una persona, un voto”.
  • Separación efectiva de todos los poderes (ejecutivo, legislativo, judicial, prensa, eclesiástico, sindical, y sobre todo económico).
  • Mandato imperativo (que los representantes estén obligados a cumplir con sus programas, en base a los cuales fueron elegidos).
  • Referendos vinculantes (que obliguen a los gobiernos a acatar sus resultados, ahora mismo los referendos son sólo consultivos en España).
Como explico en detalle en mi artículo La separación de poderes, no sólo es necesaria una reforma de la ley electoral o que los referendos sean vinculantes (además de ser más utilizados para las cuestiones de mayor importancia), son también imprescindibles varias medidas de cierto calado. La revocabilidad permitiría que los gobiernos no tuviesen carta blanca para hacer lo les da la gana hasta las siguientes citas en las urnas. Gracias a ella, por ejemplo, España no hubiera entrado en la guerra de Irak. Gracias a ella, por ejemplo, hubiera sido posible quitar ya al gobierno actual para que otro intente atajar la actual crisis de manera más eficiente y más ética. Cuando un gobierno actúa en contra de la opinión pública general, el pueblo puede quitarlo de en medio inmediatamente gracias a la revocabilidad. El mandato imperativo hace que los gobiernos estén obligados a aplicar las políticas prometidas en base a las cuales fueron elegidos. Si un gobierno está obligado a cumplir con su programa electoral, éste volvería a tener el protagonismo perdido, la política volvería a ser política, a tener contenido. La revocabilidad y el mandato imperativo aumentan y mejoran notablemente el control popular sobre los gobiernos. Simplemente gracias a esas dos medidas, los ciudadanos ejercerían presión, desde abajo hacia arriba. Esa presión podría ejercerse en cualquier momento. Con una presión suficiente y constante desde abajo, los políticos no tendrían más remedio que servir a la sociedad, en vez de servirse de ella.
Pero, por encima de todo, es imprescindible una eficaz separación de todos los poderes, especialmente del económico. Mientras el resto de poderes dependan, de manera más o menos directa, del poder económico, no podremos tener una democracia real, sólo tendremos una oligocracia (el poder de unos pocos), en verdad una plutocracia (el gobierno de los ricos). Es imposible que un gobierno político actúe en contra del poder económico si aquél depende de éste, si aquél es financiado por éste. Los poderes no pueden controlarse mutuamente si dependen unos de otros, de una u otra manera, directa o indirectamente. No sirve de nada unos poderes independientes unos de otros (por ejemplo el ejecutivo, el legislativo y el judicial), si todos ellos dependen de una u otra manera, directa o indirectamente, del poder económico. Hay que separar todos los poderes. Con una prensa independiente será posible una prensa libre. No hay democracia real sin una prensa libre. En el capítulo El desarrollo de la democracia de mi libro Rumbo a la democracia desarrollo todas estas ideas, a él remito para no extenderme demasiado.
Por tanto, yo creo que hay que definir un objetivo político claro del movimiento 15-M: un proceso constituyente, un referéndum para que el pueblo elija su nueva Constitución, para que elija también si desea seguir con la actual monarquía o si desea una república. La democracia debe ser construida por el propio pueblo, con su máxima participación, sin limitaciones, con debates amplios y profundos en los grandes medios donde todas las ideas tengan las mismas opciones de ser conocidas por la ciudadanía.

2 Estrategia general
Tan importante como saber el objetivo a alcanzar es saber cómo alcanzarlo. No hay posibilidad de triunfar en ninguna lucha sin la estrategia adecuada. Se necesita claridad de ideas en cuanto al objetivo y en cuanto a la estrategia a emplear. En mi humilde opinión, la estrategia del movimiento 15-M debe tener las siguientes características (muchas de ellas las tiene, pero no deben de perderse):
  • Pacifismo y comportamiento cívico ejemplar (esto es lo que más daño le está haciendo al sistema).
  • Coherencia.
  • Claridad de ideas.
  • Desvinculación total de cualquier ideología u organización política o sindical (esto le impide al sistema recurrir a los prejuicios que ha labrado en las mentes colectivas).
  • Determinación.
  • Insistencia.
  • Paciencia.
  • Iniciativa.
  • Presión sostenida y diversificada.
  • Unidad.
  • Búsqueda de mayorías sociales. Toda lucha popular es eficaz cuando abarca a grandes masas de la población.
El sistema no cederá fácilmente. Será necesaria una presión popular sostenida en el tiempo. Podrán variar las maneras de presionar. Podrá, lógicamente, fluctuar dicha presión. Pero sin una presión sostenida en el tiempo, el sistema no cederá, o en todo caso cederá mínimamente o sólo aparentemente. Remito a mi artículo Sin estrategia no hay revolución. El movimiento 15-M ha empezado con sumo éxito porque ha dado en la llaga en cuanto a las líneas generales estratégicas. Es imprescindible seguir aplicando sus líneas estratégicas maestras, pero también es imperativo mejorar la estrategia. En particular, hay que seguir ocupando las plazas céntricas y no hay que caer en la tentación de formar un partido político. Como es lógico, no podremos evitar tener ciertas dudas en cuanto a algunas tácticas puntuales a aplicar, sin embargo, no podemos tener dudas en cuanto a las líneas maestras de la estrategia a emplear. En este aspecto, en general, la reacción del sistema nos puede dar importantes pistas sobre si estamos empleando la estrategia adecuada o no. Cuanto más nervioso se ponga el sistema, mejor lo estamos haciendo. Cuanto más nos presione para hacer blanco, más debemos hacer negro.
En cuanto a lo más inmediato, si abandonar las acampadas en los centros de las ciudades o no, debemos tener en cuenta lo siguiente:
  • Las acampadas en los centros históricos de las ciudades han posibilitado que la opinión pública conozca un movimiento que reivindica una democracia real. Al haber sido una presión llamativa, original, ejemplar, persistente, y en pleno centro de las ciudades, este movimiento no ha podido ser ninguneado. Con las solas manifestaciones puntuales no se logran estos resultados, como la experiencia práctica nos ha demostrado.
  • El Estado no ha podido reprimir este movimiento por la fuerza física todo lo que hubiera deseado, al haber participado muchas personas en las acampadas y al estar éstas en pleno centro de las ciudades, en lugares muy visibles y emblemáticos. Participando en las acampadas menos personas, y en las periferias de las ciudades, el Estado lo tendrá más fácil para reprimir. Si ya lo ha intentado en pleno centro de Barcelona, para tantearnos y provocarnos, no es muy difícil imaginarnos lo que puede hacer si hay menos personas y si están en lugares menos concurridos. El Estado se ve amenazado y no va a permitir que este movimiento prospere. Debemos ponérselo difícil y no facilitárselo. Ahora no es momento de vacilar. ¿Estamos o no estamos en lucha? Esto no es un juego.
  • Las acampadas en los lugares céntricos deben ser complementadas por las acciones en los barrios, por las manifestaciones, etc., etc., etc., pero unas iniciativas no deben sustituir a otras. Hay que pedir a las personas reunidas en los barrios que colaboren en las acampadas centrales, hay mucha gente que está deseando ayudar. Además, cada cierto tiempo, hay que convocar alrededor de las acampadas concentraciones donde se mantenga el espíritu reivindicativo (tal como ocurrió el fin de semana de las elecciones municipales y autonómicas). No sólo para las asambleas sino que para hacer un poco de ruido. El espíritu del fin de semana del 20-22 de mayo de 2011 no debe morir.
  • La insistencia de los medios de desinformación y de los políticos para que se desalojen las acampadas en los centros de las ciudades demuestra, sin duda, que dichas acampadas están haciendo daño al sistema. Si tanto insisten es porque son eficaces. Hasta tal punto, que ha cundido el ejemplo en Europa. Retirarse es hacer justo lo que el sistema desea, porque él es muy consciente de la importancia de estar ejerciendo una presión sostenida en lugares céntricos de las ciudades, en lugares muy visibles, donde es más difícil hacernos invisibles.
  • Si ahora nos retiramos, el Estado impedirá que esto vuelva a ocurrir, pues ahora no estará desprevenido. Pondrá todos los medios, legales y policiales, para impedirlo. Por esto insiste en que nos retiremos y luchemos de otra manera, porque de otra manera nos costará mucho más luchar, si es que podremos, o nuestra lucha pasará desapercibida, con lo que será infructuosa. Si nos retiramos haremos justo lo que desea el sistema: silenciarnos. ¿Alguien cree que las asambleas en los barrios hubieran tenido éxito si no hubieran existido las acampadas en los centros de las ciudades? ¿Alguien cree que la Spanish Revolution se hubiera podido propagar por Europa sin la ocupación de las plazas emblemáticas de las principales ciudades del Estado español? ¿Por qué los franceses ocupan la plaza de la Bastilla en París, por qué los griegos ocupan la plaza Syntagma en Atenas, y no otros lugares? Porque la ocupación de lugares céntricos y emblemáticos da más fuerza, más visibilidad, a las protestas. Lo que desearía cualquier gobierno es que nos fuésemos a protestar al campo, donde nadie nos vea. El sistema desea aislarnos del resto de la sociedad porque sabe que podemos contagiarla de ideas peligrosas (para el sistema). Si unos lugares son más eficaces que otros, debemos usar los más eficaces. ¡Ya tendremos demasiados obstáculos como para no intentar maximizar nuestra eficacia!
  • Al retirarnos y dispersarnos, los medios de desinformación lo tendrán más fácil para ningunear este movimiento y entonces éste se desinflará. Seremos más fuertes si no cedemos ante las presiones, si nos mantenemos unidos en ciertos lugares emblemáticos, lo cual no impide la descentralización, la generalización, del movimiento. Pero una cosa es la descentralización y otra la retirada de las plazas fuertes. La revolución no debe desplazarse de unos lugares a otros, debe expandirse desde los cuarteles generales. No se trata de plazas centrales O barrios, sino de plazas centrales Y barrios. Las plazas centrales deben ayudar a los barrios y viceversa.
Evidentemente, las acampadas no pueden durar eternamente, pero hay que consolidar el movimiento, que aún no lo está suficientemente. Al retirarnos de las plazas centrales ahora se lo ponemos muy fácil al sistema para desactivarnos, casi nos desactivamos nosotros mismos. Por supuesto, yo creo que quienes deben decidir si seguir acampados o no son los propios acampados, quienes asumen más riesgos. Pero, precisamente, por ello mismo, los propios acampados deben preguntarse si acampar en otros lugares es más arriesgado o no, es más eficaz para la lucha o no. Yo creo que al acampar en otros lugares la lucha será menos eficaz, corre incluso el serio riesgo de extinguirse, yo creo que al acampar en lugares menos visibles por la ciudadanía, los acampados corren más riesgo de sufrir la violencia brutal del Estado. ¿En qué me baso para decir esto? En el sentido común y en la experiencia práctica, en que ya ha sido así. Allá donde ha habido acampadas más pequeñas los policías las han podido dispersar mejor. Cualquiera sabe que la unidad de las masas es su fuerza. Es más eficaz una gran acampada (siempre que no imposibilite el normal funcionamiento de sus alrededores) que muchas pequeñas. Debemos aspirar a muchas grandes. Pero esto sólo podrá lograrse con el tiempo. No se trata de que quienes están en los centros de las ciudades se desplacen a los barrios, sino de que en los barrios surjan nuevas acampadas. No se trata de que dejemos de acampar para hacer asambleas en los barrios, sino de que sigamos acampados y además hagamos asambleas en los barrios, tal como se ha hecho recientemente. Independientemente de cuándo se desmonten las actuales acampadas, por ahora, hay que resolver sus problemas y deben establecerse rotaciones para que el cansancio no vaya a más, como ya dije en anteriores artículos míos (disponibles todos ellos, junto con el resto de mis escritos, en mi blog http://joselopezsanchez.wordpress.com/).
¿Nos vamos a conformar sólo con reformar la ley electoral? ¿No es esto claramente insuficiente? ¿Tanto rollo sólo para UNA simple reforma? Nuestra reivindicación debería resumirse en tres palabras: democracia real ya. Pero debe tener un contenido concreto y suficiente. Por esto es por lo que, a mi parecer, debería lucharse. En las acampadas se deberían recoger firmas para exigir mediante iniciativa legislativa popular un referéndum para elegir una nueva constitución. La democracia real necesitará una nueva constitución, que reaproveche lo bueno de la actual y que tire a la basura lo que no sirva. Esto le daría más seriedad al movimiento. El sistema es muy consciente de esta amenaza, por eso desea que nos retiremos cuanto antes de donde estamos. Porque si desde las plazas centrales reivindicamos cambios del régimen político, las acampadas se pueden convertir en un serio peligro para el actual régimen. Existe un movimiento republicano desde hace muchos años y no ha logrado resultados prácticos (en todo caso ha ido plantando la semilla que ahora ha empezado a germinar, lo cual en verdad ya es mucho, pero no ha logrado los resultados del presente movimiento 15-M). Ahora sí es posible lograr resultados concretos importantes, y esto es así por la estrategia empleada, totalmente acertada en sus líneas maestras. El sistema desea fervientemente que renunciemos a dicha estrategia. Desea que cunda el cansancio físico y mental entre nosotros, que cunda el derrotismo, el desánimo, la confusión. El sistema, repito, no se queda de brazos cruzados, lucha de mil maneras para evitar cambios importantes. No debemos infravalorar al enemigo, pero tampoco a nosotros mismos.
Estamos en un momento crítico: o avanzamos decididamente, resistimos obstinadamente, logramos concretar claramente los objetivos, o dejamos de ser, corremos el riesgo de morir prematuramente en el intento. Es muy difícil que la gente se rebele y propugne cambios de sistema. Ésta es una oportunidad histórica única que no debemos dejar pasar. Debemos tener mucho cuidado con no dar ningún mal paso. Cualquier error, por pequeño que sea, puede ser mortal. Si tenemos claro hacia dónde debemos dirigirnos (la democracia real), si tenemos clara la estrategia a emplear (en sus líneas generales), y si nunca olvidamos que estamos en guerra (en una guerra pacífica, pero en una guerra) contra el sistema, que hará todo lo posible para que el movimiento 15-M no logre nada importante, entonces la probabilidad de lograr verdaderos cambios se disparan, entonces nuestra lucha servirá para algo, podrá dar sus frutos, tendremos alguna opción de ganar. Ahora depende sobre todo de nosotros, de la fe que tengamos en nuestras propias posibilidades, de nuestra fuerza de voluntad, de cómo nos organicemos, de nuestro grado de conciencia en cuanto a lo que estamos haciendo y a qué nos enfrentamos. El ejemplo que estamos dando al resto de Europa, tarde o pronto, nos beneficiará. A medida que las protestas se propaguen por el resto de Europa, esto nos dará fuerzas. Unas revoluciones realimentarán a otras. Si la Puerta del Sol y el resto de plazas son desmanteladas por nosotros mismos, esto significará un signo de debilidad, la posible revolución democrática europea se desinflará. Sonará a rendición. ¡No lo consintamos! No olvidemos que el movimiento 15-M es ante todo una lucha contra el actual sistema. En toda lucha cualquier retirada juega a favor del enemigo, más todavía si es una retirada de plazas centrales donde nos hemos hecho fuertes, de aquellos lugares donde nuestra lucha tiene alguna opción seria de ser conocida por la ciudadanía. Acudamos también a los barrios, pero no abandonemos los centros emblemáticos de las ciudades. En toda guerra cuando un ejército se dispersa o se retira, cava su propia tumba. Un ejército se hace fuerte si se mantiene unido y si defiende las posiciones tomadas, sobre todo cuando éstas son las más importantes. Al retirarnos de las plazas tomadas corremos el serio riesgo de que la lucha por la democracia real desaparezca. Como mínimo, de que la opinión pública pierda el contacto con ella. Debemos evaluar con mucho cuidado las ventajas e inconvenientes de cada una de las opciones que se nos presentan antes de tomar las decisiones correspondientes. ¡Nos jugamos mucho!
José López Sánchez

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