Hacia la República

Salva Artacho
Bueno parece que los monárquicos andan seriamente preocupados, pues, tras la crisis política, social y económica que padecemos la mayoría de los españoles, somos cada vez más los que pensamos que el sistema monárquico tiene una parte importante de culpa de la actual situación. Los monárquicos muestran su preocupación porque su rey se les hace viejo, su imagen se deteriora porque su clara apuesta por la democracia ha quedado últimamente en entredicho por los documentos secretos que se van conociendo, su príncipe no cuenta con las simpatías que creía contar para suceder a su papá, y encima se complican con los escándalos de los duques advenizos aprovechados de su “escala social y familiar” para medrar... 

La monarquía restaurada por la voluntad del mayor dictador de la historia de España ya no parece un valor seguro y sin embargo los beneficiados del sistema la necesitan, no se pueden permitir perderla. Por ello, primero la prensa “progre”, EL PAÍS, sale en un editorial en su defensa y justificación. ¡Asombro, estupor y sonrojo! Yo he sido un lector de ese periódico pero desde que murió el abuelo, al que Aznar quitó el pasaporte y pretendió enrejar, ha dado un giro hacia una forma de prensa que pretende más que informar guiar, en clara competencia con la prensa tradicional de derechas, la acción del gobierno de turno. Lo intentó con Zp hasta que lo vio perdido y hundido y apostó con el mayor descaro por Rajoy, del que pretende ser su gurú. Lo que no nos sorprende y era cuestión de tiempo, es que un periódico ultraconservador como ABC saliera también en defensa de la monarquía. Esta claro que la prensa de derechas no podía dejar de salir como contrapartida en defensa del rey y del sistema de desigualdad que conlleva. Picados entre ellos por el papel de defensa de la monarquía y por la influencia en el gobierno de turno. Eso explica esas las dos editoriales en tan poco tiempo...

Ante el fracaso del sistema político actual para sacarnos de la crisis somos muchos los que pensamos todos los días que la salida pasa por un cambio político del sistema, por una administración más reducida, por un control de esas partidas millonarias que se llevan y gastan las jerarquías del estado: la monarquía. ¿Que justifica que una familia ostente la titularidad del estado, con esos gastos escandalosos, cuando cada día más ciudadanos engrosan el paro o se ven desahuciados del hogar que estaban pagando con tanto sacrificio?

De un tiempo a esta parte, cada vez más, bastantes ciudadanos venimos utilizando expresiones como “salud y república”, “viva la república”, “no hay dos sin tres, a por la III República”... o sacamos la tricolor a las manifestaciones de cualquier índole política, sindical, humanitaria, o la colgamos en nuestras fachadas y balcones, o nos la colocamos en camisas y cazadoras en la forma de un pink, de un llavero.... La república como forma de estado distinta a la que tenemos es una idea política que se va abriendo paso día a día, pese a la oposición de los dos partidos mayoritarios en en todo lo relacionado con ella (es difícil de olvidar la furia descargada por el Sr. Bono con aquel viejo republicano que se “atrevió” a sacar nuestra bandera en sede parlamentaria), hay que ver con que gusto inclinan la cabeza ante los señores borbones “ellos”, o como doblan ligeramente la rodilla “ellas” ante los más genuinos representantes del sistema feudal en los inicios del siglo XXI. Y es que el trío “Monarquía-Bipartidismo Político-Especuladores” es hoy el mayor adversario al progreso que representa la República para todos los ciudadanos.

No hay nada más incompatible y opuesto con los principios de libertad, fraternidad y legalidad que la monarquía, por mucha envoltura y verborrea que se aplique en hacernos creer lo contrario. Quien no lo quiera ver es que se enriquece actualmente de forma dudosa o su incultura política le proporciona el placer por su papel de vasallo. Papel opuesto al de ciudadano que arranca con la gran revolución francesa, antes con la revolución norteamericana y después con el movimiento liberador de los libertadores en toda América Central y del Sur.
Aquí, en nuestra España, nos quedamos anclados en el pasado, nuestra burguesía nacional no tuvo valor para romper con el viejo orden, renunció al liberalismo, para mezclarse y emparentar con la aristocracia, para no molestar al Iglesia católica Romana, la fiel guardiana de las esencias más reaccionarias y conservadoras de la historia. Sólo el pueblo llano y trabajador, con un puñado de intelectuales desclasados tuvo el valor de enfrentarse a tanta ignominia y así vino la Iª República, y la IIª República, ambas sofocadas por la fuerza bruta de la reacción, de los eternos conservadores del estatus de la desigualdad. 

Por eso cuando pensamos y reclamamos nuestra República nos sentimos inclinados a pensar en una República federal, progresista y en dirección al socialismo, con una democracia económica real. Es cierto que desde la propia derecha también empieza a surgir una idea de república aséptica, de libertades meramente formales, es decir de lo mismo que tenemos pero sin el borbón.

Trabajar por la República, incrementar la militancia por la república, recuperar su memoria como el estado legal del que se dotó el pueblo soberano y al que se puso fin de forma violenta, ese es nuestro objetivo, el de los militantes republicanos, los que trabajamos por recuperar la memoria histórica de nuestro sufrido pueblo. Ojalá las diversas fuerzas republicanas emergentes y lo poco de la Izquierda que queda, hagamos lo nuestro y coincidamos en que la República vale la pena, nos exijamos los mayores esfuerzos para conseguir la mayor democracia ciudadana posible a través del ejercicio de la libertad sin restricciones, de la extensión de la educación gratuita, pública y laica, por la cultura en toda su extensión y vigor, por el acceso a la ciencia y a la investigación al servicio de todos, por la justicia social, por reparto del trabajo y de sus beneficios,... En definitiva por el bienestar social de todos los ciudadanos. Sólo la República de los trabajadores de todas las clases nos puede ir acercando a ese mundo más armonioso y justo.

Salva Artacho

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