Para qué la República

Bandera republicana en Sol
Llegados al punto en que estamos, con una crisis territorial cierta y una crisis económica que no se la salta ni el más optimista, nadie debería ignorar que la Monarquía tiene los días contados. Ningún enredo, ninguna operación mediática, ninguna imposición más va a hacer que las cosas sigan como hasta ahora. Ni pacto de segunda transición ni reforma constitucional light (dicen las malas lenguas que más relacionados con la ley sálica que con otra cuestión cualquiera) que valgan ya. Ningún engaño más con lo que se ha dado en denominar proceso constituyente (un término que solo puede estar asociado a un cambio de régimen cierto y a una ruptura; anden en los asuntos que anden PP y PSOE e intervengan los fontaneros que intervengan; el barco hace aguas por todos lados). No nos van a despistar de lo importante. 







Es inevitable la República. El rey probablemente lo sepa (no lo ignore). No por casualidad es uno de los más atentos al tema desde el inicio de su reinado, inaugurado con mucho deslucimiento por cierto (como se encargó de destacar la prensa extranjera, los observadores de nuestros socios europeos que tomaron nota). Pocos seguidores, muchas censuras y mucha represión desde ese mismo instante para hacer callar la voz de la calle, del pueblo que gritaba y grita y fue apaleado y que sigue guiado por sí mismo, en ausencia de líderes políticos (que aquel día memorable por lo valleinclanesco de todo lo sucedido, y aún ahora, brillan por su ausencia). No se les escuchan mensajes claramente republicanos con vocación de acción política y programa electoral. Pero ya les digo, no por casualidad el rey no para, poco acertadamente, eso sí (por decirlo muy finamente). Nos impone su presencia en cada acto para el que ha podido buscarse un introductor o introductora, un anfitrión o anfitriona, como la alcaldesa de París, Anne Hidalgo. Me refiero a actos de Memoria a los que ha asistido como la inauguración del Jardín dedicado a La Nueve, en París, o el relativo al Holocausto en el Senado, en Madrid. 

No me extrañaría que su reinado hubiera nacido con fecha de caducidad y pleno conocimiento o, como mínimo, que le hubieran puesto ya sobre aviso de la retirada necesaria. Si tiene gente alrededor competente (que no lo dudo) deben haberlo hablado, cual Maura cuando le tocó ir a hablar con su bisabuelo Alfonso XIII. Es lo lógico. En muchos aspectos se llega ya demasiado tarde, en muchos temas capitales como el problema catalán, en el freno a la corrupción, en el paro indecente con cifras indecentes que sufrimos, en el retroceso brutal de derechos tendiendo al absolutismo como el que hemos padecido en los últimos meses coincidiendo con este reinado, segundo desde la interrupción de la democracia y la libertad que supuso el golpe de Estado, directamente nombrado por el dedazo del dictador a su padre ( hoy también rey que sumar a la carga del erario público por la gracia de la impunidad) y de éste al actual. Hay muchas razones para la República, las hay y se puede fácilmente hablar de por qué la República. Bastaría recordar la historia; por ejemplo, que la Revolución francesa fue un hecho imparable cuando alguien puso sobre el tapete la cantidad de dinero que se destinaba al clero en aquellos momentos, en plena crisis de subsistencia de tantos hombres y mujeres. Más o menos lo mismo, podríamos calcular cuánto nos cuesta la Monarquía y lo que conlleva. Podríamos hablar de cuándo comienza la corrupción (en nuestra reciente historia) y el historiador Ángel Viñas nos ilustra mucho al respecto, en estos días, con su nuevo libro " La otra cara del caudillo". 

Podríamos hablar de hasta dónde llega en la Casa Real, y apelar a los archivos y sus documentos, también a libros como "Los mitos del 18 de julio", a los papeles italianos y los planes de los monárquicos capitaneados por Calvo Sotelo, a la compra de armas de guerra para hacer eso que resultó una guerra de exterminio, un genocidio. Podríamos abordar el problema social o el tipo de democracia que nos asiste, en la que se nos deja votar pero tenemos en la cúspide de mando, como máxima cabeza, al jefe de las Fuerzas Armadas, es decir, a un militar, lo que nos sugiere alguna pregunta. Piensen. También podríamos razonar que hoy en día una intervención de la fuerza en Cataluña, pongamos por caso, sólo podría ir acompañada y seguida inmediatamente de un pronunciamiento de renuncia a la Corona para evitar la catástrofe, lo que nos sugeriría una actuación tipo 23F pero a modo de despedida airosa en una hipótesis que, ya digo, sirve solo de herramienta para la comprensión. Lo mismo podríamos visualizar si el efecto contagio desemboca en una especie de "quédate tú con el rey" porque sin un pacto federativo adecuado y, por supuesto, con República, ya me contarán ustedes que sería algún intento de café para todos, como el que representaron las autonomías en su momento. En fin, podríamos enfocar el tema desde muchos ángulos pero yo prefiero hablar del para qué, ya que llega la hora de lo concreto y lo claro y pudiera ser el único modo en que nos entiendan también los que huyen del compromiso (sabemos bien que nos movemos hoy en día rodeados de nuevos y jóvenes proyectos políticos tan pragmáticos y oportunistas como miopes que, más temprano que tarde, van a fracasar porque éste no es tiempo de ambigüedades calculadas que a nada conducen). 

-La República es imprescindible para acabar con la etapa inaugurada por el fascismo con el golpe militar, y recuperar la libertad. Solo la República es legitimidad democrática. España no fue liberada como el resto de nuestros socios europeos. El régimen actual es heredero del fascismo. 

-La República es imprescindible para recuperar la cultura y la paz en este país intervenido y sometido a peligros ciertos por su posición estratégica y la política entreguista y vende patria que inauguró la Dictadura, y que ha seguido in crescendo con la pérdida creciente de soberanía en pos del imperio dominante al que se cedió nuestra economía y nuestra Defensa. Este otoño de 2015, en octubre, en las costas de Cádiz y Almería, se realizará por tierra, mar y aire las maniobras militares imperialistas más numerosas, peligrosas y perjudiciales para nuestro porvenir de las conocidas hasta ahora. 30.000 militares podrían participar en esas maniobras en las que España es la principal anfitriona, en plena redefinición de un Tratado que se ha quedado sin papel real que jugar, y en medio de un tablero de las relaciones internacionales que también se recompone; el mayor ejército de la OTAN desde la Guerra Fría aquí, entrenándose para misiones de guerra que nos comprometen seriamente y amenazan nuestros intereses, como los de la UE en su conjunto y la paz, según han denunciado múltiples asociaciones que trabajan para parar la guerra. 

La III República española será, como ya lo fue la II República española, una República soberana y neutral. 

-La República es imprescindible para recuperar la ciudadanía y con ella, los derechos y deberes que como ciudadanos nos amparan y obligan, elevando nuestra conciencia, haciendo posible modos de vida digna, trabajo, desarrollo y autonomía económica, dentro de un marco de relaciones positivas y fructíferas con nuestros vecinos y socios, sin más esclavos, exiliados ni excluidos económicos. 

-La República es imprescindible para recuperar la justicia y cortar con la impunidad y la corrupción. 

-La República es imprescindible para recuperar los derechos de la mujer, acabar con la violencia de género, volver a respetar a los niños como a personas con plenos derechos, así como a los ancianos. 

-La República es imprescindible para recuperar derechos laborales y erradicar la esclavitud en el trabajo, la arbitrariedad y el maltrato que rige en las empresas vendidas al capital y a las multinacionales, insertas todas ellas en el neoliberalismo más cruel e inhumano, con prácticas terribles que acaban en abusos continuos, acoso, enfermedades terminales y, en no pocos casos, en suicido o depresiones severas. 

-La República es imprescindible para recuperar el respeto a todas las personas sin discriminaciones de ningún tipo, y a sus creencias o no creencias, en una sociedad laica. 

-La República es imprescindible para recuperar la sanidad pública de calidad y la escuela pública de calidad, así como la seguridad de que no se carecerá de vivienda y medios básicos de subsistencia, de trabajo y de posibilidades de crecimiento personal; de todos los medios necesarios para tener una vida digna de tal nombre y alicientes para crecer en conocimientos y pensamiento libre. En definitiva: 

-La República es imprescindible para lograr una España plural, libre de ataduras de todo tipo, trabajadora y ética; una España decente que acabe con el estado de aceptación permanente de una situación de nepotismo y psicopatía en tantos dirigentes, de una realidad que se nos impone con la administración masiva de psicofármacos y drogas (verdadera clave del funcionamiento del sistema de control con que nos arrodillan las grandes potencias que nos dominan). La República es imprescindible para acabar con la manipulación y el abatimiento, la apatía, la incredulidad y la depresión de súbditos a quienes quieren robar su tiempo presente y futuro, y han arrebatado ya el control de su propia vida. 

-La República es imprescindible para dotar de contenidos ciertos y herramientas ciertas las posibilidades de crecimiento personal económico y social, y de recuperar las riendas de nuestra existencia como ciudadanos y como país o federación de estados que se aceptan libremente. Y es imprescindible para recuperar la ilusión. Los que estamos al Servicio de la República hacemos un llamamiento a todas aquellas personas, partidos, asociaciones y otras agrupaciones de ciudadanos para que se sumen a nosotros y protagonicen el cambio cierto, claro y próximo que entre todos tenemos que ir construyendo. ¡Viva la República!

Enriqueta de la Cruz / Periodista y escritora
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